martes, 1 de agosto de 2017

La belleza: destello de la Verdad

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Según Platón, la función esencial de la belleza es provocar en el hombre una saludable sacudida que le haga salir de sí mismo, lo arranque de la resignación, de la comodidad, de lo cotidiano; abriéndole los ojos del corazón y de la mente, y empujándolo hacia lo alto.
Antonio Gaudí (1852-1926) define la belleza como un destello de la Verdad que seduce a todo el mundo, por eso es universal, y asegura que cuando se pierde ese poder de seducción que tiene la belleza, entonces no hay obra de arte.
Su contemporáneo, el pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) define la belleza como luz, resplandor: Cuanta más luz hay en los cuadros, más verdad, más belleza y más vida hay.
Todas las artes han embellecido y enriquecido durante siglos la vida de la humanidad haciéndola más atractiva; pero desde hace algún tiempo se intenta manipular la belleza dándole connotaciones nuevas, más vanguardistas: la innovación, la modernidad, etc., y se crea un clima en el que el alma no descansa, no se agita por la emoción, sino que provoca confusión, rechazo y cierta indignación. Entonces estamos cayendo en la degeneración de la belleza.
En esta degeneración de la belleza, muy presente actualmente, se subraya la extravagancia frente a ese poder de seducción del que nos hablaba Gaudí.
Y en este triunfo de lo grotesco frente a lo bello, hemos llegado hasta tal punto, que hoy en día hay que educar a los niños a distinguir qué es bello y qué no lo es; pues algunos de sus juguetes, con aspectos horribles, van familiarizándolos en la normalización del mal gusto. Y, se presente como se presente, no hay que olvidar que la fealdad no viene de Dios, sino del padre de la mentira y príncipe de este mundo: el demonio.
La belleza es un camino decisivo para la educación. Y hoy debemos redescubrirlo para la educación en la fe, que tiene su propia belleza. Descubrirlo en la contemplación del mundo creado, tanto en las criaturas inanimadas como en los seres vivos, con sus múltiples variedades, gamas y coloridos. Descubrirlo en todas las artes: literatura, pintura, arquitectura…
Hacer de la contemplación ese camino de la belleza que es uno de los posibles itinerarios, quizás el más atrayente y fascinante, para comprender y alcanzar a Dios (Benedicto XVI, Mensaje a las Pontificias Academias 25-XI-2008).
Es bueno tener en cuenta esto hoy, también ante las nuevas tecnologías que, con su prodigiosa creatividad, pueden ser positivas o no. ¿Cómo saberlo? Teniendo como referencia la belleza: destello de la Verdad.