miércoles, 1 de febrero de 2017

Un poco de perspectiva ante las tecnologías y ante todo

El bufón el primo.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Museo del Prado (Madrid)
Voy a intentar explicar mi reflexión partiendo del cuadro de Diego Velázquez al que más tiempo he dedicado a la contemplación: «El bufón don Sebastián de Morra». Se trata del hombre en un grado muy elevado de desvalimiento y de impotencia. Sus manos se han reducido a muñones y sus pies a inutilidad para caminar. Suprimid las manos y los pies como potencialidad asombrosa y como don del hombre, y lo veréis rumiando alrededor de la caverna. Las manos y los pies pusieron en marcha el dinamismo de la historia. Para las manos buscó multiplicar sus fuerzas y para los pies buscó modos para salir, ampliar y retornar a su hábitat, y de esta manera conocer y dominar las tierras. ¿Qué son si no el sílex y la rueda?
Pero las manos que pueden acariciar, reproducir en las paredes los animales y a los hombres, cultivar la tierra y cuidar de los rebaños, y esos pies dispuestos a ir adonde sea, siempre plus ultra, pueden matar, pueden usar el hueso, que ayuda a remover la tierra, en la mandíbula que mata al hermano; y lo mismo el sílex, el hierro y los metales que la prodigiosa rueda, o que la fusión del átomo que posibilita energías increíbles que pueden curar o exterminar.
Volvamos al cuadro de Velázquez. ¡Los ojos! Sí, pero no porque nos ven, sino porque en ellos vemos el entendimiento, eso que hoy enorgullece y llena de soberbia al hombre de nuestros días. El prodigio del cerebro. Es verdad: ni las manos sabrían escribir, ni los pies volar por los cielos sin el engranaje del cerebro. Ello solo debería ponernos de rodillas. ¿Cómo que el azar, cómo que una evolución indeterminada y sin dueño hizo aparecer como por casualidad un mecanismo físico tan descomunal?
Y, sin embargo, en los ojos de Sebastián vemos más, mucho más, se trasluce el alma delicada y melancólica de un ser humano. Sebastián tiene en su mirada un interior que nos habla del misterio del hombre, ese misterio en el que se forja el amor y en el que se fabrica el odio. Ese interior, sima misteriosa, de donde salen las órdenes que ponen en marcha las manos y los pies para construir un mundo mejor o destruir el mundo y la tierra.

Las nuevas tecnologías, como todo lo demás, no son más que el sílex, la rueda, el arado, el carro, la tracción animal, la máquina de vapor, la pluma, la máquina de escribir o el ordenador. Solo son medios para crecer, multiplicarnos y dominar la tierra. La raíz de su funcionamiento se llama alma, y la voz del alma que guía la Historia para bien y para mal, se llama conciencia. Al enano Sebastián le negaron todo menos su nostalgia infinita de bien y su conciencia. Él también podía odiar y amar. Tú que lo tienes todo, haz de todo una opción de libertad y una ocasión para el bien.