sábado, 1 de octubre de 2016

Allá por 1966

Portada Estar nº 300
El nº 1 de la revista Estar apareció en mayo de 1966, escrita a máquina y con 17 páginas, tamaño folio en horizontal. Se abre la revista con un original editorial, JUSTIFICACIÓN:
Un título siempre es algo importante. A no ser que se enganche frívolamente la primera palabra que viene a la cabeza, el título de una obra, de una revista, de un libro, siempre da mucho que pensar. Se trata de sintetizar en una o dos palabras todo el espíritu que anima a todos los colaboradores. Una palabra que dé la tónica a todo lo que se publicará en el futuro, algo así como la nota inicial de una melodía que obliga a los demás a relacionarse con ella.
Y continúa, durante dos páginas, dando razones de por qué se escogió ese nombre; acaba la Justificación diciendo: Por eso el Estar de María nos ha parecido el lema idóneo de nuestra revista. Un lema que hay que realizar, que supone una tensión continua para permanecer en él.
Esa tensión ha estado presente en todos los cambios y modificaciones que, inevitablemente, tienen lugar en un vivir de cincuenta años, y, aunque sea a riesgo de simplificar mucho, podríamos decir que, en las páginas de Estar, se reflejan las notas educativas de la Cruzada-Milicia: mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión y educación de la constancia.
Leyendo las experiencias narradas en la larga vida de la revista, encontramos, entre otras cosas, reflejos del brioso carácter del fundador de la Cruzada-Milicia, P. Tomás Morales, en las anécdotas narradas hablando de la exigencia, la autoexigencia, el compromiso.
Cuando uno ojea esos relatos se acuerda de Antoine de Saint-Exupéry: una civilización se apoya en lo que exige a sus gentes, no en lo que les proporciona.
Se ve cómo a lo largo de los años, Estar propone razones a los padres para que eduquen a sus hijos en la generosidad y el desprendimiento, porque el joven que no aprende a dar, pronto se convierte en exigente defensor de sus caprichos.
Se ve también cómo a través del tiempo, la revista sigue animando a ser almas de grandes deseos, que decía santa Teresa, porque un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto de partida desde el que el soñador (educador) debe lanzarse.
La revista comenzó siendo una recopilación de testimonios y vivencias apostólicas; pasó por varias etapas y, actualmente, mantiene ese tono vivencial además de atender al aspecto formativo que nos ilumina para dar razones de nuestra fe.

Hace ya cincuenta años. Y se han publicado 300 ejemplares de la revista Estar. No es ni mucho ni poco tiempo, no es inmovilismo ni revolución esnobista, es una ilusión hecha realidad que comenzó hace ya cincuenta años, allá por 1966.

Un toque de atención a nuestras conciencias con ocasión de los 500 años de la muerte de El Bosco

Uno se puede preguntar: ¿cómo es posible que pueda resultar bello algo que, en su apariencia externa, está construido con imágenes desagradables o incluso grotescas? No nos cansaremos de repetir que la belleza es el esplendor de la verdad. Que es la verdad el aval de la belleza. Y que, en ocasiones, al artista no le queda otro camino para llevarnos al asombro que romper los estereotipos, para que comprendamos la monstruosidad existencial o moral a la que nos hemos, rutina tras rutina, acostumbrado y así dejar de ver como natural lo aberrante.
Voy a intentar explicarlo comentando la obra Cristo con la Cruz a cuestas, una de las 65 expuestas en el Museo del Prado.
La obra nos presenta un abigarrado conjunto de rostros, separados por el travesaño de la Cruz, en el que se apoya la cabeza de Cristo. Vemos a una muchedumbre de seres grotescos que van junto a Cristo, la mayoría sin enterarse, y siguen la misma dirección, no el mismo camino. También ellos van hacia la muerte.
Cristo con la Cruz a cuestas (El Bosco)
Museo de Bellas Artes de Gante, (Bélgica)
La dulzura del rostro de Cristo, y su silencio y concentración en su interior, contrasta con el bullicio de los personajes que le rodean, rostros deformes de miradas crispadas y bocas entreabiertas, desdentadas, repulsivas y violentas, o encendidas en sensualidad y orgullo. Embrutecidos, han convertido en norma de sus vidas el ejercicio de todas las pasiones.
Como en El retrato de Dorian Grey, no se refleja la edad o, de manera realista, sus facciones. Se nos hace evidente el horror de unas almas pervertidas. Vemos los estragos del pecado, la corrupción del hombre y las consecuencias de su alejamiento de la senda del bien. No hay perspectiva ni planos que organicen la escena. Son cabezas yuxtapuestas y superpuestas que caminan junto a la cruz, pero sin enterarse de nada y, lo que es peor, sin aprovechar los frutos que la muerte de Cristo traía a la humanidad. Pasan junto a Cristo, pero espiritualmente van en dirección opuesta. Son causa de su muerte y van hacia la muerte, pero ajenos al milagro maravilloso de la redención.
Sus rostros se han convertido en muecas deformes, llenas de ira, maldad, rabia, y hasta desesperación. Sus caricaturas son verosímiles, pero no por su realidad corporal, sino por el verdadero estado de sus almas. El pintor las ha despojado del velo de las apariencias y, como en el cuento del rey desnudo, nos permite contemplar la verdad de sus almas.
Un rostro distinto confirma la interpretación. En la esquina inferior izquierda, una joven de rostro afable y recogido, sale del atropello de la escena encendida de paz, lleva en sus manos el paño en que ha quedado grabado el rostro de Cristo. Es la Verónica, en ella se confirma que solo en Cristo se explica el misterio del hombre. No sigue la marcha ciega del tropel. Se aleja de Cristo y, sin embargo, es la única que sigue a Cristo.

A primera vista el cuadro puede parecernos desagradable. Cuando descubres que el pintor lo que pretende es zarandearnos para que nuestro rostro refleje que podemos ser imagen de Dios, entonces el cuadro me emociona. Lo feo se ha transformado en hermosura.

La sala de Estar

Por José Luis Acebes

Estamos de enhorabuena ¡Trescientos números y cincuenta años de vida de la revista! Es un buen momento para echar la vista atrás. Son decenas de miles los lectores que se han venido beneficiando de esta aventura: los testimonios y los mensajes de Estar han sido para muchos faro en momentos de perplejidad cultural, roca en el oleaje del vaivén de las modas, porción de cielo azul en la niebla ambiental educativa, horizonte que se abre al infinito, cuando todo invita a mirarse el ombligo, y camino original de santidad —laical, familiar, contemplativa en la acción, cristocéntrica y mariana— siguiendo las huellas del siervo de Dios, P. Tomás Morales, y de Abelardo de Armas.
¡Cuánta vida ha transfundido Estar en estos 300 números! Basta considerar Génesis y desenvolvimiento de un gran ideal, la serie de artículos en los que el P. Morales abrió su alma para comunicarnos sus vivencias del nacimiento de los Cruzados de Santa María; o las páginas escritas por el P. Eduardo Laforet y por el P. Segundo Llorente; o la sección Agua viva, en la que Abelardo fue roturando número a número un fértil campo de santidad para los laicos, del cual estamos cosechando ya los frutos…
Y hablando de cosecha, las bodas de oro de la revista son también una ocasión propicia para fijar la mirada en el presente. Estar es ya más que una revista: es una familia. El papa Francisco ha definido recientemente la Iglesia como una familia de familias (La alegría del amor, n. 87), y Estar, a escala microscópica, también es familia de familias.
Estar nos hace familia: los lectores sentimos que nos comunicamos aun sin vernos; cada número va llenando de calor humano nuestras relaciones, notamos que nos une estrechamente cuanto leemos: compartimos nuestras emociones, ideales y criterios.
Estar se vuelve un miembro más de la familia: la acogemos con cariño cada vez que llega al buzón puntualmente, la leemos con alegría y sorpresa… Y comentamos sus novedades con los más cercanos.
Estar es “un poco” como la Virgen: se va colando en nuestras vidas como de rondón, sin apenas hacerse notar; pero poco a poco nos va poniendo con su Hijo, como hizo María con los servidores en Caná (y con tantos santos, empezando por san Ignacio). Nos va llevando a cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas, como Ella, en un Hágase veinte siglos prolongado. Nos va impulsando a caminar en actitud de servicio, como hizo la Virgen montañera al visitar a Isabel. Nos va animando, como hizo con los discípulos reunidos en el Cenáculo, a dar testimonio valiente y a no cansarnos nunca de estar empezando siempre. Y por último, Estar nos enseña a Estar como la Virgen: nos comunica su estilo de Estar en la familia, en la Iglesia, en el mundo…
Por eso, podemos decir que donde leemos la revista se convierte en la sala de Estar, el centro de la casa, el lugar de reunión de la familia; una sala que se abre para unirse a otras familias, en familia de familias.
Para acabar, el 50 aniversario de la revista es una ocasión de oro para poner los ojos en el futuro. La revista, al colarse en nuestra sala de Estar, no quiere quedarse allí: como la Virgen busca ponerse en camino y llegar a todos los rincones.

Estar quiere seguir cumpliendo hoy la profecía pronunciada por la humilde esclava del Señor: Todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Pero no tiene otros ojos, ni otros pies, ni otra boca que los tuyos… ¿Te atreves a hacer de tu corazón, de tu casa, de tu familia, la sala de Estar?

300, la épica de anunciar a Cristo en medio de un mundo que no cree en Él

50 años repartiendo esperanza


Por Javier del Hoyo

Si yo le preguntara a usted —de improviso— qué le sugiere el número trescientos, probablemente me diría que le recuerda a un grupo de valientes y aguerridos hombres que defendieron una posición estratégica en la Grecia antigua, evocando así a los 300 espartanos de Leónidas y a la película del mismo título (300, de Zack Snyder, 2006); o bien algo muy insistente, porque dentro de la magia de los números el trescientos ha quedado como paradigma de persistencia; así, la madre le repite al hijo: “Te lo he dicho trescientas veces, y no me haces ni caso”. Hay, pues, en ese número encerrados algo de espíritu aguerrido, de valentía, de tenacidad… Pues bien, con este ejemplar de septiembre de 2016 se cumplen dos efemérides redondas: trescientos números de la revista Estar y 50 años, ya que el primer número salió a la calle en 1966.
¿Por qué Estar?
La revista nació del deseo de dar a conocer al público anécdotas de actuación apostólica en que los militantes y Cruzados de Santa María aplicaban todo su espíritu, tanto en actuaciones de apostolado organizado como en otras más personales, que llaman de alma a alma, uno a uno; tanto en actividades programadas y que podríamos calificar ‘oficiales’ de la institución, como pueden ser la Campaña de la Inmaculada o la Campaña del mes de mayo en honor de la Virgen, como en las esporádicas, actuaciones allí donde salta la liebre: una conversación, la defensa de los valores humanos y cristianos en un aula, en la calle, en la familia, en el metro, etc. Por lo tanto, la revista quiso hacer público, desde un primer momento, lo que en los Círculos de Estudio de los sábados por la tarde, aquellos cristianos comprometidos ponían en común. La revista venía a ser la puesta de largo del cuaderno personal que en la época del Hogar del Empleado todos los militantes tenían, y que iban completando y llevaban a las Jornadas de Oración y Estudio de Semana Santa, para en cualquier momento de las asambleas abrir el cuaderno y hablar. Conservamos aún el cuaderno de anécdotas de Abelardo, en cuartillas reaprovechadas escritas a máquina por una cara, y luego cosidas artesanalmente por él mismo. Continuaba de este modo Estar la línea de la revista Aún, que publicaba El Hogar del Empleado, en la que algunos de estos Cruzados habían escrito hasta junio de 1960.
A esas anécdotas que narraban de forma muy sencilla pequeñas actuaciones, pero no por ello menos significativas, integradas en una sección que llevaba por título “Mosaico”, y a otras más elaboradas y maduras que pretendían demostrar al mundo que anunciar a Cristo es posible, que ante el mal que nos envuelve “más vale encender una cerilla que maldecir la oscuridad”, y que querían alentar a otros cristianos a dar testimonio de su fe, se le fueron añadiendo algunas secciones de contenido doctrinal. De este modo la revista no solo informaba, sino que pretendía formar. No era esta la finalidad última de la revista, ya que publicaciones teóricas de carácter doctrinal había muchas, mientras que las de sentido práctico se contaban con los dedos de la mano.
El nombre
El nombre completo con que se bautizó la revista fue Hágase Estar, recogiendo en dos palabras las dos actitudes esenciales de María en el evangelio: Hágase en la Encarnación, y Estar al pie de la Cruz. Dos actitudes del cristiano militante ante el mundo. Las dos palabras invitan a la aceptación de la voluntad de Dios en cada momento, y a estar al pie del cañón allí donde Cristo, por medio de la jerarquía, nos necesite. Estar, simplemente estar, es más importante de lo que parece en una sociedad en que muchos desertan. En el primer número de la revista se citaba al legionario romano a quien la lava del Vesubio sepultó en Pompeya firme en su puesto, mientras las gentes huían despavoridas ante el río hirviente que los amenazaba. Cuando diecisiete siglos más tarde los arqueólogos descubrieron la ciudad romana, el soldado stabat en el lugar que se le había ordenado custodiar.
Estar en medio del mundo, estar sin ser. El español es casi el único idioma del mundo en que estos dos verbos se distinguen y podemos decir que el cristiano, como los tres jóvenes en el horno de Babilonia, está en medio del mundo sin quemarse (o debería estar, vaya), está sin pertenecer, está sin ser, está como la levadura dentro de la masa, que no se la ve, pero la hace fermentar. Estar, no es poco…
Las distintas fases
La revista ha ido evolucionando en estos cincuenta años, por supuesto. A una primera fase más modesta (1966-1973), trimestral, elaborada casi artesanalmente, a ciclostil y con una tirada mínima, casi para repartir en mano a los amigos, le siguió una segunda en que ya la revista salía de imprenta, con cubiertas en color, y artículos más elaborados y mejor redactados. Esta segunda fase duró de 1973 a 2003. A finales de 2003 asume la dirección de la revista Andrés Jiménez, que da un giro a su orientación. Esta se convierte en mensual, aumenta su tamaño, el número de sus páginas, y se convierte en un órgano de difusión católica, donde las anécdotas de vida pierden protagonismo y lo adquieren los artículos de fondo. Se inició un apartado para niños y una sección educativa titulada “Escuela de padres”.
Finalmente, en 2013 comienza una nueva etapa, donde la publicación vuelve a ser bimestral, aumenta de 36 a 52 el número de sus páginas y adquiere una maquetación y presentación más cuidadas. Pretende entonces ser la revista del Movimiento de Santa María, dando cabida a anécdotas y puntos de vista en los que colaboran todos los grupos vinculados al carisma de los Cruzados de Santa María. Hay, por lo tanto, una mayor universalización de la revista. En 2015 la revista comienza a publicarse en color, también en el interior.
Los contenidos
La revista ha propagado durante estos años el carisma propio de la institución. Abelardo de Armas firmó durante casi treinta años (junio de 1974 – diciembre de 2002) la sección “Agua viva”, breves meditaciones en torno a un punto del evangelio en las que fue anunciando su forma concreta de entender la santidad laical. A partir de 1980, en que recibió la gracia de “las manos vacías”, fue escribiendo lo que el Espíritu le sugería a este respecto. Un total de ciento sesenta y nueve colaboraciones. Fruto de aquella sección, que aparecía en la tercera de cubierta, fue el libro Agua viva (Madrid 2005), que recopiló ciento treinta y siete, agrupadas por temas.
Los editoriales han basculado siempre en torno a temas del momento, predominando la orientación laical y las coyunturas propias del mes en que salía la revista.
La más genuina, si no la más interesante, ha sido la sección anecdótica: vital, escrita desde las posibilidades y los zapatos de cada protagonista: chiquillos, jóvenes, padres de familia, profesores de Universidad, trabajadores de empresa o de banca… Desde el realismo, porque la vida real supera a la ficción, presentando a veces fracasos, otras veces logros, y siempre un espíritu combativo propio. Lo más importante, demostrar que el amor no se queda quieto.
Una sección no fija ha abordado temas relacionados con el carisma de la institución, como el estudio de diversas facetas del fundador, P. Tomás Morales SJ, o del estilo educativo, campamental, donde han ido desfilando temas propios de la pedagogía de los Cruzados de Santa María.
Ha habido secciones firmadas por plumas que han imprimido un ritmo distinto a la revista. Pienso ahora en la sección que Santiago Arellano, catedrático de Lengua y Literatura Española, cubre desde hace trece años en “Saber mirar”, publicada en segunda de cubierta, una breve reflexión a raíz de una obra de arte, un cuadro pictórico fundamental aunque no exclusivamente; y van nada menos que ciento veinticinco miradas al arte para aprender algo para nuestra vida.
Otra sección de gran calado ha sido la de temas educativos, “Escuela de padres”, donde ha colaborado Abilio de Gregorio, catedrático de Lengua y Literatura Española. En ella que se han publicado diversas conferencias suyas. Fruto de ello ha sido el libro recientemente publicado, Cuatro miradas Horizonte de esperanza (Burgos, 2016), que reúne setenta y cuatro artículos suyos.
El futuro
¿Qué futuro le espera a una revista católica, sostenida por un puñadito de suscriptores, que no se vende en quioscos o en los canales habituales de difusión de rotativos? ¿Una revista que no tiene publicidad ni aparece en la publicidad? ¿Una revista que va contracorriente de los valores (o ideas, o quizás contravalores) de un mundo que se enorgullece de la increencia? El futuro es incierto y apasionante, por supuesto; se trata de un verdadero reto, pero por ello mismo intentarlo es más atractivo, casi se puede decir que tiene un poco de morbo. ¡Ah! Hubo una vez 300 que se enfrentaron a un ejército increíblemente más numeroso, de unos 250.000 se dice hoy, corrigiendo los números de Heródoto, más abultados; fue en agosto del año 480 a.C. y, si no hubiera sido por una traición interna, hubieran vencido.
Seguirá la revista en papel, a la que se añadirá la revista online, la que aparece en la red y puede ser consultada desde cualquier punto del planeta. Se incluirán algunos de sus artículos en redes sociales como Facebook o Twitter, donde uno o 300 “me gusta” difundirán el artículo. Se mejorará el papel y la maquetación, pero lo más importante es que siga habiendo cristianos que asuman el reto de presentar a Cristo con toda naturalidad en un mundo que no cree en Él, o que cree pero vive como si no existiera o nada le importara.

Que lo hagan presente y que lo escriban, para que todos los lectores lo conozcamos.

50 años con raíces de amistad

Unas bodas de oro... sin oro y sin boda


Por Ángel Gómez

Sal de tu casa, de la casa paterna…
30 de septiembre de 1966. Un joven de diecisiete años, mochila a la espalda, deja Salamanca con dirección a Madrid haciendo dedo (auto-stop), muy frecuente entonces por falta de medios económicos. Iba a Madrid, sí, pero ¿a qué? A realizar mi primera tanda de Ejercicios Espirituales con el P. Tomás Morales en Chamartín. Y llegué. El último tramo, en el último coche, fue de Villalba a Cuatro Caminos ¡en menos de media hora! Era la primera vez que pisaba Madrid. Me dirigí a la c/ Raimundo Fernández Villaverde nº 48. Me estaba esperando un grupo de jóvenes. Creo que iba algo preparado después de mi primer campamento en Gredos con la Milicia de Santa María, en julio de ese año.
Fue el inicio de un encuentro. Me encontré con el Señor, me estaba esperando en esa tanda de Ejercicios Espirituales. Me llegó al corazón, dio en la diana la palabra incisiva del P. Morales y la lectura del Evangelio, la llamada a Mateo: “Ven, sígueme”.
Lo seguí. Y aquí estoy. A veces he pensado qué sería de mi vida, si no hubiera seguido este camino que iniciaba en esa tanda de Ejercicios. Ni siquiera intuía lo que tendría que recorrer hasta hoy. Ahora que han pasado ya 50 años… En esta tarde de sábado me siento a recordar algunos acontecimientos, como hacen los abuelos cuando cuentan su pasado a los nietos.
¿Qué ha sido de los amigos que conocí en Salamanca por aquellos años 60? No he seguido de cerca sus vidas, pero puedo referirme a Julián, que estudió conmigo Formación Profesional. Se colocó en una buena empresa. Llegó a ser un buen profesional. Se casó con una chica de Guijuelo. Siguió ascendiendo en la empresa...
Yo, al finalizar 2º grado de Formación Profesional traté de hacer Ingeniería Técnica en Béjar y después en Madrid. No logré terminarla, pero pasé una temporada en Madrid, ya como miembro de los Cruzados dando clases de prácticas eléctricas en una Escuela Oficial de Formación Profesional, en el barrio de Tetuán (Madrid). Fueron unos años fenomenales. Aprendí mucho. Tenía alguna experiencia de trabajar en este campo todos los veranos en Salamanca. Casi todos los alumnos eran mayores que yo. Todavía me veo con alguno de ellos en Madrid. Sí, ya está jubilado, como yo.
Después tuve que hacer el Servicio Militar, que duró año y medio. Se me hizo largo, muy largo. Pasé por El Ferral (León), Salamanca y Zamora. Cuando terminé, todavía me despertaba algunos días con la pesadilla de que tenía que repetirla. Y eso que lo pasé fenomenal, con cierta edad…
Del compañero de Salamanca poco más puedo decir. Tuvo varios hijos y le perdí la pista, pues yo apenas volví a Salamanca. Lo hacía de vez en cuando para ver a mi familia. Había un entendimiento cordial y cercano con mis padres y mis seis hermanos.
Vocación universal a la amistad
El que di en mi primera tanda de EE ha hecho que mis amigos y amistades se hayan multiplicado. Vivir “expatriado”, como decíamos entonces, desprendido, te hace crecer. Tienes la posibilidad de conocer a muchas personas y muy buenas, fantásticas. Podría contar amistades que perduran después de 35 años. Casi todos los años nos vemos en algún momento. Aunque sea a últimos de septiembre, en el momento de recoger los 500 kilos de manzanas que me regala cada año uno de ellos en un pueblo de Zaragoza.
Todavía me recuerdan mis hermanas que siempre que venía a Salamanca a ver a mi familia, una visita muy breve, me veían de nuevo marchar con la bolsa de viaje camino de la estación para volver a Zamora, donde estuve en dos ocasiones, a Logroño, donde pasé catorce años, estudiando Magisterio y después once años de profesor, a la vez responsable del Hogar que teníamos entonces en Logroño.
Vueltas y revueltas. Otra temporada en Burgos dando clases en un Colegio del Círculo Católico. Vuelta a Madrid en el crítico año de 1991. Algunos lo recordarán bien. En esta etapa en Madrid además de ocuparme de la casa del Hogar de Écija en el ámbito material, mantenimiento, obras y contratos… y de los miembros más jóvenes de la Institución como Responsable de Formación Inicial, pude estudiar por las tardes Historia Contemporánea en la Universidad Complutense.
Algún año más tarde hice unos cursillos para director de Ejercicios Espirituales en la Escuela de EE en Salamanca, y en 1995 comencé Teología en la Universidad de Comillas en Madrid. ¡Qué bien me vinieron para mi formación estos estudios! Pero a la vez se fueron entrelazando amistades por todos los lugares por donde iba pasando.
A medida que seguía caminando se fueron multiplicando los amigos. En 1998 recalé en Pamplona un curso, y otro más en Zaragoza en el Hogar correspondiente que tenía allí la Cruzada. Y otra etapa en Madrid, y más tarde en Getafe como secretario y profesor en el Centro Diocesano de Teología de la diócesis que se acababa de crear.
Seguimos a Cristo crucificado
Pero el Amigo que nunca falla se iba metiendo más en mi vida, casi sin yo darme cuenta. Bueno, su presencia también entraña dolor. Seguimos a Cristo crucificado, “obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz”. He ido descubriendo que la obediencia que se nos exige a los laicos consagrados se hace cada vez más sutil y a la vez más difícil. Pero el Señor, por medio de María, ha ido suavizando todos estos desprendimientos que suponen volar de un lugar a otro. A veces notas que se te va quedando el corazón a jirones porque, aunque fuera poco el tiempo que estaba en cada sitio, trataba de entregarme sin poner límites.
Y el Señor siempre a mi lado recordándome la llamada, y haciéndola más suave y a la vez más exigente. El “ven, sígueme” se ha ido transformando en “si quieres, ven conmigo”. “¿Señor, adónde iré? Solo tú tienes palabras de vida eterna”. Eres el amigo que nunca falla. Y tengo amigos que nunca me han fallado.
Como en las diferentes provincias por las que he pasado tuve el papel de ser responsable del Hogar, a todos los chicos que participaban en las actividades de la Milicia, les ponía como condición que vinieran sus padres a conocernos y a que vieran el Hogar. Después, seguiría todo lo demás. Son infinidad de detalles de ánimo, de comprensión, de ayuda material… los que recibimos de las familias.
Entregado a la evangelización de la familia
También en Getafe y ahora en Madrid, donde estoy de nuevo destinado, no puedo olvidar a tantas personas a las que siento como hermanas y hermanos. Alguna vez me llaman por teléfono al Hogar de Écija. Si ven alguna demora dicen al recepcionista: “que le llama la hermana de Logroño, de Burgos, Pamplona…” Y de nuevo vuelves a vivir en primera persona aquello de que “el que deja padre o madre, hermanos, posesiones… recibirá cien veces más, con persecuciones, y después la vida eterna”.
Siento que estos cincuenta años que han pasado son una muestra de vivir junto al Señor, tratando de hacer su voluntad por medio de las personas a las que debo obedecer en la Institución, y me siento feliz y contento. Pero no todo es idílico, hay que contar con las limitaciones que se viven cuando uno ha cumplido ya varias veces los 15 años.
No se puede olvidar que los cruzados somos hermanos y amigos entre nosotros. De alguna manera cada una de las familias de cada cruzado es mi familia. Lo mismo se entiende en la medida que se puede con todos los miembros del Movimiento de Santa María. Lo he experimentado muchas veces. Y si queremos mantener esta amistad, hay que cultivarla. Saber perder tiempo para acompañar, para escuchar, para conocer a la familia del otro cruzado. Liberarte de tu horario demasiado personal y marchar en algún momento a dar un paseo largo, sin prisas, o a ver un museo, a un concierto… En el Hogar de Écija tenemos conciertos con frecuencia y son fenomenales para invitar a otros amigos.
Me vais a permitir que os diga una confidencia. Ya hace unos años cuando terminé el curso de EE me animó un cruzado sacerdote a que diera alguna tanda de Ejercicios y le acompañara. Me encantó. Poco a poco me di cuenta de que como laico, como ha hecho a lo largo de su vida Abelardo, podía dar EE a mi estilo, siguiendo siempre el método ignaciano. Y ya he dado dieciocho tandas, que suelo adaptar para personas adultas. En general son cortas, de fin de semana, otras de 3 o 4 días. El número de personas que asiste a cada tanda es de unas doce. Y muchos van repitiendo cada año.
Como el método ignaciano es muy flexible, hice hace unos años un recorrido de los Ejercicios en la Vida Diaria. En este recorrido me acompañó un padre de familia, con cuatro hijos, arquitecto. Este recorrido duró dos años y medio. Como consecuencia lógica yo me puse a acompañar a otras personas. Os puedo decir que es fenomenal. El ritmo lo impone el ejercitante. Me dejo asesorar por una asociación que se dedica exclusivamente al acompañamiento de los EE en la vida diaria. Si tienes deseo y te sientes preparado para ello, aunque hayas hecho ya muchos EE de 8 días, con seguridad te vendrán muy bien. Para aquellos que quieran vivir a fondo esta llamada a la nueva evangelización, es un método muy eficaz con un seguimiento personal. Si falta, no hay evangelización profunda.
Recordemos esta frase en el evangelio de san Juan: “El que viene a Mí, no tendrá más hambre, y el que cree en Mí no tendrá más sed”. Sí, todos tenemos hambre y sed. Y el corazón nunca pasa hambre. Tanto en el matrimonio, como en el sacerdocio o en la vida consagrada, tenemos necesidad de amar y de dejarnos amar, con naturalidad, imitando a Jesús y a la familia de Nazaret. La amistad, el servicio y la entrega a cambio de nada, hará de nosotros unos jóvenes (yo ya he cumplido 67 años), que podremos vivir entregándonos con generosidad para que el corazón nunca pase hambre ni se acartone.
Que sean estas últimas palabras de agradecimiento por tantos bienes recibidos y, a su vez, de perdón, por la falta de correspondencia y omisiones a lo largo de estos 50 años.

No me puedo olvidar de la Virgen Madre. Muchas veces comienzo el día y lo termino con algo esencial en la vida de cada cruzado y en las personas que beben hasta saciarse de nuestro carisma. “Madre, Hágase. Madre, Estar”.

¿Hay motivos para preocuparse de la educación?

Por Juan Antonio Gómez Trinidad
Si alguien observara desde fuera a los españoles, podría llegar a la conclusión de que todos sabemos de futbol, de política y de educación. Respecto de esta última, al menos estamos de acuerdo en tres cosas: que la educación no funciona, que todo se soluciona con la educación, y que la culpa de la educación la tienen siempre otros.
Lo que ya no parece tan claro es qué entendemos por educación ni cómo podemos solucionarla, aunque no será por falta de propuestas. A pesar de todo, estamos convencidos, y con razón, de la importancia de la educación para el desarrollo social y personal.
¿Existen motivos para la preocupación?
Con relativa frecuencia aparecen en los medios de comunicación datos que sitúan la educación en España en puestos que no se corresponde con su lugar en el mundo. Así lo corroboran los datos y cifras del propio Ministerio, del Informe PISA, etc. Es lo que se denomina fracaso escolar.
En segundo lugar, también existe un fracaso formativo. Un tercio de nuestros jóvenes no poseen un título de Bachillerato o de Formación Profesional. Se encuentran en lo que en Europa se denomina “situación de riesgo social”, jóvenes sin ninguna cualificación profesional. Si hoy hubiera pleno empleo, un 15% de nuestros jóvenes no podría acceder a ello por falta de cualificación.
En tercer lugar —y esto es lo más preocupante— nos encontramos ante una crisis educativa que viene a añadirse al fracaso escolar y formativo señalados anteriormente. Podría consolarnos si nuestros jóvenes salieran sin título académico ni profesional, pero con una ilusión, una capacidad de trabajo en común, una resistencia al fracaso, una creatividad, un espíritu emprendedor y la conciencia de participar en un proyecto común. Como cualquiera puede percibir, lamentablemente no es así y esto se constata en cualquier debate o conversación informal en el que se aborde la situación educativa, no ya la escolar de nuestros jóvenes. Si miramos la mochila de valores que llevan nuestros escolares, constataremos el gran vacío que existe en muchos de ellos.
A título de ejemplo vemos cómo han desaparecido del vocabulario de nuestros jóvenes palabras tales como perdón, por favor y gracias. Tres palabras que expresan una actitud ante la vida: saber que no somos únicos, que necesitamos la ayuda de los demás, que podemos equivocarnos y, por tanto, que no somos creadores de las normas y valores morales.
Por el contrario, la educación actual, asentada en la filosofía de “su majestad el niño”, parece que ha inculcado en la sociedad la mentalidad de que el joven tiene todos los derechos y escasos deberes de los cuales, en cualquier caso, nunca debe rendir cuentas. Una educación así, asentada exclusivamente en el principio del placer, está asentando el fracaso de una vida personal y de cualquier proyecto de convivencia, ya sea en pareja, en grupo o en sociedad. La falsa felicidad que hoy creemos darle se convierte en garantía de sufrimientos personales y sociales en el futuro.
Inmediatamente debo señalar que la crisis no es tanto de jóvenes cuanto de educadores. Es cierto que los niños y jóvenes son más víctimas que responsables de esa educación, una sociedad adolescente que sobreprotege y que es incapaz de asumir responsabilidades. Tengo la impresión de que millones de adolescentes son educados por… millones de adolescentes, decía Mercedes Ruiz. Yo tengo la impresión de que actualmente la adolescencia es un periodo de la vida que empieza con la pubertad y termina… con la vejez.
Ilustración: José Miguel de la Peña

Crisis de educadores, empezando por la familia, que unas veces por ignorancia, otras por incapacidad no educan a sus hijos. “No sabemos cómo educar”, es la queja más frecuente de los padres conscientes de sus obligaciones. Otros, sencillamente son inconscientes, juegan a ser colegas, privando así del insustituible padre y madre que todo niño necesita. La mayoría dice no tener tiempo, privando así del mayor legado e instrumento de educación a su alcance.
Padres permisivos que no valoran ni asumen la responsabilidad de ser padres y, en consecuencia, tampoco exigen responsabilidad a sus hijos. Esta actitud suele generar adultos irresponsables y con escaso autocontrol. Por un lado, colegas no le van a faltar; por otro, si el padre no ejerce como tal, otros ocuparán el papel vacante, con los peligros que conlleva.
Por todo ello, cabría pensar que en la últimas décadas nos hemos vuelto especialmente inútiles en la tarea de educar, a pesar de que nunca se ha hablado tanto de educación ni se han invertido más recursos.
Aunque eso fuera cierto —tal vez lo sea—, sin embargo, basta con profundizar un poco para darse cuenta de que la educación es un problema inherente a la condición humana. Como dice un novelista contemporáneo: La vida humana es el mayor derroche económico de la naturaleza: cuando parece que podrías empezar a sacarle provecho a lo que sabes, te mueres, y los que vienen detrás vuelven a empezar de cero. Otra vez enseñarle al niño a andar, llevarlo a la escuela y que distinga una circunferencia de un cuadrado, el amarillo del rojo, lo sólido de lo líquido, lo duro de lo blando…
Además, es una conquista que debe someterse a permanente revisión y actualización: quien no aspira a ser más de lo que es, acaba siendo menos de lo que era. Esto es un axioma válido tanto a nivel personal como social ya que el logro de éxitos por parte de una generación, no garantiza la posesión y perfeccionamiento para la siguiente.
La crisis de la educación es tan vieja como la propia humanidad. Nunca educar fue fácil, porque es una lucha contra la inercia, contra la ley de la gravedad, contra la vida cómoda. Pero hoy es más difícil que en otras épocas porque confluyen, además de las dificultades intrínsecas a la naturaleza humana —tanto del educador como del educando, las dificultades estructurales propias de una época de crisis profunda. Estamos en un recodo de la historia, creemos que el pasado no nos sirve y no sabemos muy bien qué queda por delante.
En resumen: si la educación es siempre un problema, la educación actual lo es mucho más. La crisis es más profunda porque aunque tenemos más información y recursos que nunca, no sabemos muy bien cuál es el lugar que ocupa cada elemento.
¿Existen motivos para la esperanza? Por supuesto, pero lo primero es ser conscientes de la enfermedad, del diagnóstico. En segundo lugar saber que esto tiene solución. Se necesitan educadores, y educadores somos todos, dispuestos a hacer algo más que quejarnos, asumir nuestra responsabilidad, para poder decir a nuestros nietos: Yo hice lo que pude. Por mí no quedó.

La educación hoy es un problema. La educación hoy es la solución y depende de nosotros. Veremos cómo en los siguientes números de Estar.

Abelardo de Armas, apóstol de la misericordia (V)

Por Bienvenido Gazapo
En homenaje al hombre que subió bajando

SANTIDAD EDUCADORA

En números anteriores se ofrecían a nuestros lectores los dos grandes ejes que fundamentan la espiritualidad de Abelardo: el contemplativo y el educativo. Las “manos vacías” y el “Aula magna”, dos símbolos de un estilo de vida, indisolublemente unidos en aparente contradicción, que él resolvió mediante una frase que dio título a una de sus canciones: “La cumbre está más abajo”.
Pero esta realidad desborda la personalidad de Abelardo y se hace estilo de vida para los Cruzados de Santa María y sus Colaboradores, convirtiéndose en humilde aportación a la Iglesia y al mundo.
Un estilo de vida que supone aspirar a la más alta santidad y realizarla bajando al detalle más pequeño. Subir bajando. Arrebatar el amor de Dios por la miseria aceptada y la negligencia combatida. No cansarse nunca de estar empezando siempre. Este ha de ser nuestro estilo de vida. El que la Virgen quiere de sus cruzados y militantes para que lleven la vida divina sobreabundante a los hombres de todo el mundo1.
Es lo que en nuestro patrimonio espiritual se denomina “Santidad educadora”, “un método de educación que es al mismo tiempo una espiritualidad”2. Es decir, buscar la santidad por el camino ordinario de la educación de nosotros mismos, potenciando virtudes y corrigiendo defectos; cultivar la excelencia a través de los pequeños detalles, con la mirada puesta en forjar hombres y mujeres no sólo cristianos consecuentes, sino guías de otros. El P. Morales la denominó “mística campamental”, dos palabras que tienen un profundo sentido: no renunciar a las “cumbres”, pero bajando a la humildad; expropiados siempre de nosotros mismos, sin concesiones a la autorreferencialidad, como diría el papa Francisco.
Hágase–Estar
Esta escuela de formación no se improvisa. Se concreta en los pequeños detalles de cada día, que constituyen, en lo humano (por lo que tienen de lucha ascética para saber estar y aceptar los acontecimientos como venidos de la mano de Dios) las mimbres que van formando el cestillo sobre el que Dios hará el milagro de nuestra santificación. Dos actitudes que nos reclama permanentemente la vida diaria. Escribe Abelardo:
La mística campamental nació para colocarnos en nuestro sitio. Para enseñarnos a estar... donde Dios quiere y como Dios quiere. Estar y aceptar: Hágase. Qué difícil, pero qué maravilloso. Saber estar en las asambleas… en los actos litúrgicos… (en la) reunión de acampados, deportes, convivencia con la escuadra… en la marcha, baño, comidas, fuegos de campamento… oraciones, servicios humildes de limpieza o cocina, descanso de la noche y aseo de la mañana; en la ascensión costosa y en la bajada alegre. En el detalle pequeño del sombrajo que construyes… o la ropa que lavas. Saber estar siempre, en todo y con todos.
Y saber aceptar: los cambios bruscos de temperatura… los insectos y sus picaduras molestas, el dormir incómodo, una lesión fortuita, posibles quemaduras solares… la linterna que no funciona o el calzado húmedo por el relente de la noche. ¡Cuántas circunstancias y cosas, menudas o grandes, ejercitándonos en la paciencia! Dios utiliza todo para construir su santo3.
“¡Dios utiliza todo para construir su santo!”. Se respira en esta afirmación el aroma de la “Contemplación para alcanzar Amor”, que pone san Ignacio al final de sus Ejercicios: “Considerar cómo Dios trabaja y labora por mí en todas las cosas criadas sobre la haz de la tierra” (EE, 236).
Si el hombre acierta a responder a ese trabajo de Dios mediante esas dos actitudes de autodominio que describe Abelardo (estar y aceptar), las consecuencias para su vida espiritual serán importantes:
Si sabemos estar y aceptar nos haremos esos contemplativos enamorados de Dios que pide Juan Pablo II... Contemplativos enamorados de Él en sus criaturas. Sabiendo hacer de ellas recto uso; dominándolas y no dejando que nos dominen. Saber estar con las criaturas supone gozar de ellas por la contemplación y el recto uso; pero también dominarlas por la moderación y la abstención. ¿Nos damos cuenta de todo lo que aquí hay encerrado?4.
“Recto uso”, “moderación”, “abstención”. Volvemos a percibir las resonancias del “Principio y Fundamento” de los Ejercicios de san Ignacio: Saber usar de las cosas “en tanto en cuanto” nos aproximan a Dios, “y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado” (EE, 23).
El fantasma del egoísmo
Ciertamente el autodominio sobre nosotros mismos puede facilitar la tarea de hacernos contemplativos de Dios, pero también existe el riesgo gravísimo de construir personalidades autosuficientes, insolidarias, dominantes. Desde luego nunca santos, es decir sencillos de corazón que gastan su vida al servicio de los demás. Abelardo reflexionó sobre este riesgo sutil y nos alertó:
¿La mística campamental, forja santos, líderes o divos? Evidentemente puede formar cualquiera de los tres tipos enunciados. Y es muy importante descubrirlo…
El santo siempre es un líder, pero jamás un divo. El líder puede no ser santo, y tiene mucho peligro de convertirse en divo. El divo jamás será santo…
El santo no busca gobernar y menos dominar…
En la Cruzada-Milicia todos estamos llamados a ser santos, actualizando nuestro bautismo. En consecuencia estamos llamados a ser líderes. Unos, aun visiblemente, otros pasando desapercibidos. Líderes, hombres reflexivos, responsables y constantes. A lo que no está llamado ninguno es a ser divo. Una institución en la que todos sus miembros hayan de disponer de su obra personal para satisfacer su liderazgo, acabaría proporcionando a sus miembros un “divismo” autodestructor que la llevaría a la ruina más absoluta5.
Es, de nuevo, la “autorreferencialidad” denunciada por el papa Francisco. ¡Cuántos ejemplos de este pecado entre los católicos a lo largo de nuestra historia! Como grupos: creernos los mejores, los imprescindibles, los salvadores del mundo, adulterando la sabiduría de la Cruz (que es la del grano de trigo que cae, se pudre y muere) mostrando exceso de confianza en la eficacia humana (métodos, estrategias, influencia, poder). Y como individuos: convertirnos en consumidores permanentes de autoafirmación (que me valoren, que me aplaudan, que cuenten conmigo). De ahí la necesidad de estar, como educadores, en alerta permanente, fomentando el trabajo en grupo, la solidaridad, la entrega al bien común, evitando caudillismos.
La cumbre está más abajo
La reacción de Abelardo ante esta amenaza, es la de siempre: encuentra la solución justamente donde acecha el peligro de caer, porque nuestro estilo educativo constituye precisamente un permanente “correctivo” de nuestra vanidad, al enfrentarnos ante la realidad de nuestra mediocridad a la hora de vivirlo:
Parece que así tenemos el peligro de formar hombres voluntaristas, pero no es cierto: la lucha, el esfuerzo constante y diario en el dominio de nosotros mismos, tropiezan con el rechazo a esa forma de vivir dentro y fuera de nosotros mismos…, y las adversidades… nos hacen sentir la impotencia más total para esta gran empresa... Es entonces cuando acude en nuestra ayuda la llamada “mística de las miserias”. Por ella, esa voluntad fuerte que deseamos formar, se hace al tiempo dócil y humilde, comprensiva con todos y con uno mismo. Entonces se nos ilumina la entraña del Evangelio, el seguimiento de Cristo crucificado, la ciencia del grano de trigo que fructifica cuando muere (cf. Jn 12,24)6.
¡Cristo crucificado es la solución! De nuevo Abelardo contemplativo.
Mirando hacia el interior de su corazón, el santo es aquel hombre o mujer que a imitación del grano de trigo, sabe morir en el surco para dar vida:
Todo este bellísimo estilo de vida quedaría incompleto si no se enseñara, junto a la pedagogía de cumbres, la de los abismos. La pedagogía de la humillación, del saber subir bajando. Alcanzar la cumbre de la humildad que está en Cristo crucificado. Y con san Pablo, superabundar de gozo en medio de las tribulaciones (cf. 2Co 7, 4)… Ésta es la única forma de salvar al mundo7.
Pero la muerte más fecunda no es la del que cae agotado por el trabajo apostólico. Es la del que sabe desaparecer a sí mismo en silencio, aceptando con amor, sin sublevarse, su nada y pobreza “así actual como espiritual” (S. Ignacio). Estas son palabras mayores. Pura mística:
Conocer mi propia miseria no es humildad. Humildad es amar mi miseria porque eso ya es humillación. Y Él escogió y vivió la humillación. Esa humillación de Él es la que yo he de amar8.
Mirando hacia fuera, el santo es siempre un testigo del amor misericordioso de Dios para con él, y desde él a los demás:
“Dios es caridad” (1 Jn 4, 16). El amor es su esencia. Y es su amor en nosotros el que nos ha de distinguir. Viviremos cuanto señala san Pablo en su primera carta a los Corintios: “La caridad es paciente, servicial, no es envidiosa, no se engríe. La caridad no ofende, no busca el propio interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal. La caridad no se alegra de las injusticias, pero se alegra de la verdad. Todo lo excusa. Lo cree todo. Todo lo espera. Todo lo soporta” (13, 4-7)9.
* * *
Estos sentimientos de Abelardo alimentaron el sueño de su vida sobre los jóvenes. Así los veía:
Profetas de tiempos nuevos mostrarán obras nuevas: un estilo de vida austero, fuerte, exigente, pero envuelto en sencillez, alegría, pequeñez, humildad, pobreza espiritual. Siempre en actitud de quien sirve, a imitación de su Maestro que vino a servir y no a ser servido. Es decir, la alegría de las Bienaventuranzas hechas vida... El estilo de vida alegre que la Virgen muestra en su cántico de la Visitación, el Magnificat10.
Un sueño que se va haciendo realidad, gracias a María, la Flor escondida en el corazón granítico de Gredos. Ella pone el toque de ternura maternal a este estilo de vida. De ella escribiremos en la siguiente ocasión.
Notas
1 ABELARDO DE ARMAS. “Gredos, Aula Magna” (Impresiones de la marcha a Santiago de Aravalle, 1-2.06.1985), en Santidad educadora, p. 139.
2 Expresión del papa Francisco al Rector Mayor de los Salesianos, con motivo del bicentenario del nacimiento de san Juan Bosco (carta del 24.06.2015).
3 “Mística campamental” (Impresiones publicadas en el número 72 de la revista Estar, 21-22.06.1986); o.c., p. 169.
4 Id.
5 Id., “¿Divos, líderes o santos?” (Impresiones de la marcha al Bosque Boca de Asno, 14-15.06.1986); o.c., p. 165.
6 Id., “Vino nuevo” (Impresiones de la marcha al Alto de los Leones, 4-5.06.1988); o.c., pp. 193-194.
7 Id., “Santuario y desierto” (Impresiones de la marcha al Puerto de los Cotos, 9-10.06.1990); o.c., p. 231.
8 Id., “Canciones de esperanza” (Impresiones de la marcha al Puerto de los Cotos, 18-19. 06.1983); o.c., p. 115.
9 Id., “Saber aceptarse” (Impresiones de la marcha a la Pradera de San Rafael, 18-19.06.1988); o.c., p. 204.
10 Id., “Vino nuevo” (Impresiones de la marcha al Alto de los Leones, 4-5.06.1988); o.c., p. 196.



Manteniendo amistades

Por Javier del Hoyo
Los siete años de internado en el Colegio de los jesuitas de Chamartín (1917-1924) proporcionaron a Tomás Morales un buen número de amistades. Hasta ahí nada hay de extraordinario. La vivencia en un espacio ajeno a la familia y, por lo tanto, donde se añoran las comodidades y los aspectos propios del entorno familiar, obligan a la persona a buscar en los más próximos apoyos firmes que le sostengan y le hagan sentirse a gusto. Por otro lado, las experiencias vitales a esas edades de niñez y adolescencia quedan marcadas para siempre.
Hacer amistades no es extraordinario, no, lo que resulta ya más difícil es mantenerlas a lo largo del tiempo, durante toda la vida. Federico García Solís fue compañero suyo en Chamartín y mantuvo con él correspondencia hasta su muerte. Conservamos cartas de Tomás Morales a él, que van desde 1945 hasta 1978. En ellas hay siempre un tono cálido, muy cercano, y están escritas desde el afecto. En la última, de 4 de mayo de 1978, escrita con motivo de la muerte de un hijo de Federico, le dice: “No sabes cuánto me gustaría poder charlar contigo, despacio, de esta gran lección que nos va dando la vida a lo largo de los años. Siento no ir ahora por Badajoz, y te agradeceré mucho que si alguna vez tienes ocasión de venir a Madrid, no dejes de avisarme”.
En la carta que publicamos ahora le informa de la muerte de un jesuita que fue profesor suyo en los años veinte. Era un extremeño que entró como profesor de literatura, materia en la que había publicado interesantes antologías como la que tituló Lyra hispana (1919). Por otro lado, aunque la carta sea breve, hay interesantes referencias autobiográficas a su actividad y al colegio de Chamartín.
Se trata de una cuartilla con membrete de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús (c/ Maldonado 1), donde estaba destinado en ese momento. Está escrita a máquina con celeridad, de donde sus muchos errores. Hemos actualizado su grafía.
* * *
17 marzo 1965
Sr. Dn. Federico García Solís
Torrelavega
Mi querido Federico:
Hace un par de días murió en Villafranca, mejor, empezó a vivir para siempre, nuestro buen Padre Vicente Gómez-Bravo, tan recordado por todos los que le conocimos en aquellos días inolvidables de Chamartín.
No he querido dejarte de comunicar la noticia, que ya lo tenemos en el cielo, pidiendo por nosotros para que con él nos vayamos reuniendo cuantos le conocimos entonces. Él nos enseñó, ¿te acuerdas? a amar a esa Virgen que nos ha de salvar. A ti te quería mucho, y como sé que tú también le apreciabas, te digo todo esto para que te animes a mirar con más frecuencia arriba, pues ya estamos cuarenta y tantos años más cerca que cuando nos conocimos.
Acabo de dar ejercicios en nuestra Casa que está en el antiguo Pinar, a la derecha de donde estaba aquella torre del guarda Mateo, en el sitio en donde comíamos cuando teníamos campo allí. ¡Si vieses cómo ha cambiado todo! Como los chicos a quienes daba Ejercicios tenían unos 16 o 17 años, me acordaba sin querer de cómo veíamos a esa edad nosotros con ojos ilusionados entonces una vida, en la que conforme vamos avanzando, nos parece cada día más un poquito de humo que se esfuma dejándonos ver que la verdadera vida es otra que no se ve con los ojos, pero es más cierta y eterna: Dios.
Sigo pidiendo mucho por ti, tu mujer, tus hijos. Esa Virgencita del Recuerdo les ayudará a todos a ir contigo al cielo, meta hacia la que vamos. Con el afecto de siempre te saluda,

Tomás Morales SJ

Jóvenes de zapatillas

Crónica JMJ Cracovia


Por Juan Luis Vela y Alberto de la Peña
Militantes de Santa María (Madrid)

Menudo mensaje nos envió el Papa en aquel discurso lleno de vida y de intensidad. Cualquiera habría adjudicado el mérito de este a un hombre de 80 años. Pero sí, y de esto precisamente se trata la JMJ, de peregrinar, junto a toda la Iglesia joven, a Cracovia para encontrarse con Cristo, que nos habla a través de su representante en la tierra, el papa Francisco.


El viaje atravesando Europa
Llegar hasta Cracovia no fue tarea fácil: nos llevó seis días de viaje en autobús. Partimos desde Madrid y ese mismo día por la tarde ya estábamos en Barcelona. En la Ciudad Condal fue nuestro primer encuentro con el resto de jóvenes de la Diócesis de Getafe con los que compartimos ruta y muchos momentos a lo largo de estos quince días. Tuvimos una misa en la basílica de la Sagrada Familia y allí fue cuando realmente nos dimos cuenta de que éramos simplemente un grupo más; el bus 6, de entre 11 autocares, seiscientos jóvenes de Getafe a los que nos unimos en peregrinación. Era nuestra primera experiencia de Iglesia. Íbamos como Milicia de Santa María, pero nos uníamos a una diócesis, Getafe, y así, como iglesia diocesana caminábamos al encuentro de la Iglesia universal.
Aunque cueste creerlo las horas en el autobús se pasaban volando. Pese a que cada jornada realizábamos fácilmente unas ocho horas de viaje, siempre había algo que hacer: juego, cantos, ratos de oración y tertulias para reflexionar juntos sobre lo que estábamos viviendo.
La siguiente etapa fue Turín. Tuvimos un día completo para disfrutar de la ciudad italiana, jornada que comenzaba siguiendo las huellas de Don Bosco realizando el camino que él hacía desde su casa hasta el colegio llegando hasta un santuario dedicado a él. Por la tarde visitamos el centro de Turín. Todos los jóvenes de la diócesis terminamos el día con una hora Santa en la basílica de María Auxiliadora. San Juan Bosco y su discípulo, Domingo Savio, nos contagiaron la pasión que ellos tenían porque todos los jóvenes se acercasen a Cristo.
Poco a poco íbamos acercándonos a nuestro destino final que era llegar a Polonia. Llegamos a Wyry una pequeña localidad al sur de Polonia donde también nos acogieron con mucha amabilidad e incluso vino a visitarnos la alcaldesa de la ciudad para dirigirnos unas palabras. La verdad es que todo el viaje fue comprobar la acogida de los cristianos de cada lugar que pasábamos.
En Polonia, la patria de san Juan Pablo II
Los días se iban sucediendo a una velocidad de vértigo y casi sin darnos cuenta estábamos ya en la festividad de Santiago apóstol, patrón de España, y no podía haber mejor manera de celebrar una fecha tan especial que reuniendo a todos los españoles en el santuario de la Virgen de Czestochowa. Allí, ante la Virgen Negra, vivimos un momento muy especial, pues los militantes dirigimos el rosario, y rezamos las letanías que habíamos hecho en el verano a nuestra Madre, la Virgen de Gredos. Ahora estábamos allí, viviendo en la peregrinación nuestra mística campamental. Y rezando con todos los jóvenes de Getafe a nuestra Virgencita de la gruta.
Antes de que comenzaran los días fuertes de la JMJ visitamos Wadowice, que es el pueblo natal de san Juan Pablo II. Ese mismo día tuvimos uno de los momentos más duros para muchos de nosotros ya que visitamos el campo de concentración de Auschwitz. Se respiraba una atmósfera de silencio y de respeto total al millón de personas que allí perdieron su vida. De vuelta en el autobús una pregunta resonó en nuestros corazones y compartimos en la asamblea, ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo construir una sociedad sobre el amor y no sobre el odio?
El encuentro con el Papa
Los días de la JMJ se iban sucediendo. Recuerdo con especial cariño una asamblea que tuvimos los militantes con el grupo universitario Juan Pablo II (que también peregrinaba con nosotros) en la que pudimos escuchar diversos testimonios y de poner experiencias en común entre todos.
Y llegamos así al día más importante de la JMJ: la jornada en el campo de la misericordia. Llegó la noche de la Vigilia que fue uno de los momentos más bonitos e intensos de la JMJ. Solo el hecho de ver a tantísima gente cada uno con su vela encendida nos cautivó y nos llenó de emoción. Fueron largos ratos en silencio en los que el Señor nos habló a todos y cada uno de los que estábamos allí.
Allí el Papa nos lanzó el reto de dejar nuestro sillón cómodo, y de ponernos las zapatillas. Teníamos que salir al encuentro de los demás y de Dios. Sí, todos queríamos ser jóvenes con zapatillas puestas, no ‘jubilados’ antes de tiempo.
A la mañana siguiente se inició el regreso. Entre nosotros había un ambiente de nostalgia, pero muchas ganas de volver al hogar y transmitir esa alegría y el buen ambiente que habíamos vivido esas jornadas.
Esa noche dormiríamos en Praga, pero por el camino repasábamos, en la tertulia de aquel día, lo más importante para cada uno de nosotros. Hubo una idea que se repetía: no estábamos solos; porque a veces parece que somos los únicos cristianos en nuestros ambientes, pero después de ver aquellos dos millones de personas allí reunidas, todos nos llenamos de fuerzas renovadas.
Una última etapa importante nos esperaba en nuestro viaje: Lourdes y nuestra Madre. El día que pasamos allí fue increíble. Dedicamos la mañana a poner todo lo que había sido la peregrinación en manos de Dios y pedirle gracia para entender el mensaje que había querido transmitirnos a cada uno de nosotros.
Y así llegamos ya al final de nuestra travesía: la de continuar nuestra vida cotidiana viviendo todo lo que habíamos aprendido y a lo que nos había enviado el Papa: a ser testigos y evangelizadores de la misericordia de Dios.

Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.