lunes, 1 de agosto de 2016

El eleoceno, la era de la Misericordia

Por José Luis Acebes

Imaginemos que nos subimos a una máquina del tiempo. Realizaremos un viaje fascinante que nos llevará a tres momentos clave de la historia del planeta y de la humanidad.

Primera parada

El 16 de julio de 1945 en Alamogordo, Nuevo México, tuvo lugar el primer ensayo de bomba atómica, y menos de un mes después estallaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces, como consecuencia, aparecen radioisótopos de origen humano, fácilmente identificables en el registro estratigráfico (en los sedimentos de esa edad) por todo el mundo. Dicho de otro modo, esas detonaciones nucleares han marcado una profunda huella no solo en la historia de la humanidad, sino también en el planeta. Algunos científicos han propuesto que con esa fecha (1945) dé comienzo una nueva época geológica, la actual, llamada antropoceno (de antropos, hombre y cenos, reciente).

Segunda parada

Retrocedemos un poco en el tiempo. Hace dos mil años se produjo un hecho mucho más central y relevante para la historia del cosmos, del planeta y de la humanidad; un acontecimiento fácilmente identificable, que marcó un antes y un después: el estallido de la misericordia. Con Jesucristo aparece en la Tierra la encarnación de la misericordia de Dios. Con Él termina la era de la Ley y comienza la era de la Misericordia. Con Jesucristo la época de la justicia da paso al tiempo de la misericordia.
Se ha dicho que el Evangelio entero es la historia de las misericordias de Dios a favor de los hombres. Cuando los discípulos de Juan Bautista preguntan a Jesús si es el Mesías esperado, contesta: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados (Mt 11, 4-5). Así que Jesús no les responde con ideas, sino con hechos, con lo que están viendo y oyendo. Y lo que perciben como signo para reconocerlo son sus obras de misericordia. Con Jesús ha comenzado un tiempo nuevo, que podemos llamar el eleoceno, la era de la Misericordia (del griego eleos, misericordia y cenos, reciente). ¿Qué sería de la humanidad si, de un plumazo, borráramos todos los actos de misericordia realizados en nombre de Jesucristo en estos dos milenios? Sería irreconocible.

Tercera parada

Agosto de 2016. Vivimos un momento crucial en la historia de la humanidad (y del planeta). También hoy el Señor, vivo en sus miembros, seguirá siendo reconocible mediante el estallido de la misericordia que brilla en las obras de los suyos a favor de los necesitados. Más reconocible que la señal de radioisótopos del antropoceno, más profunda que la huella geológica, y mucho más necesaria para la humanidad, tiene que ser nuestra acción misericordiosa. Si un viajero del tiempo llegara a nuestra época debería reconocer la era en la que nos encontramos al experimentar la huella de nuestras obras de misericordia.
Ese es nuestro reto: la era de la Misericordia, el eleoceno, será reconocible si se ha hecho vida en nosotros, en multitud de hombres y mujeres anónimos. La misericordia es un estilo de vida, ha dicho recientemente el papa Francisco. Nuestros ojos, oídos, manos, pies y corazón son misericordiosos cuando miramos, escuchamos, tocamos, caminamos y amamos con misericordia a los demás.
El eleoceno, la era de la Misericor-dia, no se reconoce detectando radioisótopos, como ocurre con el antropoceno, sino constatando las obras de misericordia que brotan de nuestros corazones transformados por la misericordia de Dios.

Santa María de la Visitación, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, transforma nuestros ojos, oídos, manos, pies y corazón, e introdúcenos en la auténtica nueva era, ¡la era de la Misericordia!