lunes, 1 de agosto de 2016

Diez consejos del P. Tomás Morales para la movilización del laicado

Extraídos de Hora de los laicos

La experiencia cosechada en más de cuarenta años tratando de movilizar laicos me brinda la oportunidad, y me impone el deber, de ofrecer unos consejos a seglares y eclesiásticos.
1.       Cristo-Iglesia pretende hoy la movilización total de los seglares para que el Reino de Dios se extienda por todo el mundo. Quiere realizar un inmenso esfuerzo para despertar y aunar fuerzas aún latentes, para explotar un manantial de energía en gran parte baldío. En cada cristiano hay una potencia «cristífica» durmiente. Hay que despertarla, dilatarla, brindarle una oportunidad.
2.       La movilización de los laicos comienza por mí. Si yo le «acojo», muchos, siguiendo mi ejemplo, despertarán.
3.       El único camino para frenar la paganización creciente de la sociedad es la movilización en amplitud y profundidad de los seglares bautizados. Deben caer en la cuenta de que «cuando un católico toma conciencia de su fe, se hace misionero» (Juan Pablo II).
4.       La movilización de los laicos se enfrenta siempre con un doble y permanente enemigo. El primer enemigo ofusca nuestra inteligencia. La entenebrece envolviéndola en espesa niebla de ideas confusas. El segundo atenaza nuestra voluntad agarrotándola para que no actúe. Es miedo a sacrificar nuestro egoísmo, siempre ávido de comodidades, de no complicarse la vida, del deseo de agradar a todos. Está empeñado en alcanzar éxitos tangibles, inmediatos, y es reacio a aceptar fracasos, a no cansarse nunca de estar empezando siempre.
5.       La movilización de los laicos sin triunfalismos espectaculares se ha dado ya en la historia. Los cristianos de la Iglesia primitiva fueron sus primeros protagonistas. No podían dejar de serlo, pues el apostolado es un deber inherente al Bautismo.
6.       La «civilización del amor» amanecería en el mundo si nos persuadimos de que es posible hoy la movilización total del laicado como lo fue en los primeros siglos. Los seglares, enquistados en todas las realidades temporales y vivificándolas, en contacto íntimo con la jerarquía, anticiparán ese día en que el Evangelio cristifique, consagrándola, la era de la técnica y del progreso en que vivimos.
7.       Una palabra antievangélica tenemos que arrancar del diccionario. Hasta que no desaparezca de nuestro léxico, nada eficaz y duradero haremos para movilizar laicos ni para hacer algo que valga en el mundo. Esta palabra es: «imposible».
8.       «Es más fácil trabajar como diez que hacer trabajar a diez», me decía un compañero de Universidad. Dar órdenes es mucho más fácil que suscitar la colaboración entusiasta. Mucho más sencillo es hacer algo por los demás que hacerlo con los demás. Difícil hacer-hacer a unos pocos. Más aún lanzar a la acción a todos los bautizados, que sucumben con facilidad ante el hedonismo consumista o el materialismo ateo. Es, sin embargo, lo que eclesiásticos y seglares deben proponerse para conseguir la total movilización de los laicos.
9.       La puesta en marcha de los seglares será realidad el día que, entre los laicos movilizados, surjan muchas almas contemplativas. Almas que pueblen monasterios ofreciéndose para que todos los bautizados abandonen su inercia y se pongan en estado de misión.
10.    La movilización de los laicos se realizará si muchos cristianos permanecen fieles a su bautismo. Lo conseguiréis si en obediencia de fe a Cristo Señor, tomáis a María como Madre. Con María lo podré todo sin yo poder nada, me decía un convertido. ¡Qué verdad tan grande y tan consoladora! Vívela y te convencerás.