miércoles, 1 de junio de 2016

El recuerdo de las Navidades en familia

Por Javier del Hoyo
Dentro de esta galería de escritos desconocidos o inéditos del P. Tomás Morales traemos hoy a colación la felicitación que envía a la familia por la Navidad de 1937 y Año nuevo del año 1938, teniendo como telón de fondo de toda la argumentación la figura paterna. La carta es un maravilloso ejercicio nostálgico de las navidades pasadas en familia en los años veinte, en su niñez y adolescencia. Ante la posibilidad de que realmente sea la última Navidad de su padre, como realmente lo fue, va extrayendo del arcón de la memoria los preparativos que hacía para que todos vivieran una Navidad distinta; el personal de servicio, etc.
Todos aquellos desvelos para hacer disfrutar de la Navidad a los suyos han de ser ahora motivos que el Señor tendrá muy en cuenta. Don Antonio no había practicado nunca la religión, aunque fue respetuoso con la vocación de su hijo. En esta última enfermedad, sin embargo, el sufrimiento le sirvió de acicate para acercarle a la fe y a los sacramentos. Tomás, estudiante de filosofía en la Compañía, le da consejos concretos para recibir los sacramentos en determinadas festividades del año.
La carta es manuscrita, con buena caligrafía, en dos cuartillas con membrete del Collège Pignatelli de Les Avins-en-Condroz, escritas totalmente por los dos lados. En Les Avins-en-Condroz había un château muy elegante, que había pertenecido a la familia del jesuita Cornelio Alápide. Estaba situado a treinta kilómetros de Lieja, y allí pasó Tomás el curso 1936-37 con otros ochenta y tres jesuitas y, a juzgar por los membretes de sus cartas, permaneció hasta fines de enero de 1938. También es posible que conservara en Chevetogne algunas cuartillas con membrete de Les Avins, pero era costumbre en este caso sobremontar el domicilio actualizado sobre el anterior, como vemos en la que escribe a su madre el 28 de enero de 1938, ya desde Chevetogne.
Estos cambios se debieron a una redistribución de casas motivada por la repatriación de bastantes jesuitas que habían regresado a España para alistarse en el bando nacional en posiciones de retaguardia; las distintas casas habían quedado medio vacías. Tomás, debido a su deficiente vista, había quedado exento de cumplir este servicio militar y siguió estudiando la filosofía.
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J.H.S.
Les Avins-en-Condroz, 21 diciembre 1937
Inolvidables padres y muy queridos hermanos:
Desde hace días estoy esperando carta de uds. para seguir al corriente del estado de salud de papá. Hasta ahora no la he recibido, y por eso, dada la poca distancia que nos separa del gran día de Navidad, me he decidido a ponerles estas líneas para abrazarles a todos en ese día de tanta alegría en que conmemoramos la venida de Jesucristo al mundo.
Una íntima alegría nos debe invadir en esa noche del 24 tan preñada de inefables encantos, tan llena de recuerdos de familia. ¡Cuántos años celebramos juntos todos en Madrid el día 25 y con él, y con la noche de Pascua, recordábamos el Nacimiento del Señor! En cambio, ahora estamos muy distanciados: unos en Alemania1, otros en Canarias…, el pobre papá sufriendo resignadamente esa enfermedad con que el Señor le está purificando, ¡él, a quien tanto le gustaba celebrar aquel día de Navidad! ¡Cuántas veces le acompañé a las “históricas” compras el día anterior! ¡Con qué gusto y amor lo preparaba todo, desde la expulsión de las moscas del comedor, servilleta en mano, hasta la excursión vespertina a la sierra en el “abierto”2 con merienda en El Escorial!... Quizá sin saberlo preparaba con todo eso nuestros espíritus para la celebración del gran día en que el Señor se hizo hombre por nuestro amor. Yo estoy seguro que el Niño Jesús contemplaba con singular amor todos esos preparativos, todas esas alegrías con que festejábamos al recordar su venida al mundo para salvar a los hombres.
¡Cómo ha cambiado el panorama en pocos años! De aquella casa, de aquella “Villa Margarita” que presenció los “apartaditos” del “pedido” para Rafaelita, doña Emilia, Cecilia, Florencia, aquellos “apartaditos” efectuados con singular cuidado por la bondad proverbial de “la Señora”; de aquella casa,… quizá ya no quedan ni los escombros3. Sin embargo, sepamos bendecir los designios de ese Divino Niño que nace en Belén en la pobreza de una gruta abandonada. Él es Dios y vino a enseñarnos a nosotros, los pobres hombres, el camino del Cielo y por eso nace en el abandono más absoluto, para mostrarnos ese desprendimiento absoluto de todas las riquezas y bienestar del mundo que debemos tener para entrar en su Reino.
Y ahora, después de tantos años, yo le pido a ese Nuestro Dios que al conmemorar su nacimiento en Belén nos bendiga con esas manecitas divinas de un Dios hecho niño por amor nuestro. Y le pido, por intercesión de esa bendita Madre, la Virgen que está a su lado contemplándolo con indecible amor, que bendiga en primer lugar a papá, que lo contemple en medio de los dolores y sufrimientos que Él, para purificarle y para prepararle para llevarlo al cielo, le ha enviado. Y para obtener esa bendición para papá le recordaré todos aquellos preparativos, todas aquellas fiestas de Navidad celebradas desde hace tantos años por nosotros, y no dudo que ese Jesús, que es todo amor, sabrá consolar, alentar, alegrar los sufrimientos de papá y sabrá también confortarnos a todos, a uds. y a mí, para que sepamos verle sufrir con una resignación cristiana de quien sabe que es el Señor quien dispone los acontecimientos siempre para nuestro bien, aunque a nosotros nos parezca otra cosa.
Y en ese día 25 que no deje de recibir al Señor en la Comunión, con todo el afecto que pueda. Esto se me pasó decírselo cuando estuve ahí. Además de los padrenuestros al uso podría comulgar en días de fiesta tan grandes como este 25 de diciembre, la Inmaculada, Jueves Santo, Sagrado Corazón, Corpus…
Un abrazo muy fuerte para todos presentes y ausentes unido a mi felicitación del 1938. ¡Que en el Nuevo Año el Señor nos conceda ver el final de una guerra que será el comienzo de una España reciamente cristiana, paladín ardiente del Corazón de Cristo; que el Señor nos conceda la salud para papá, si esto es lo que más le conviene para su alma.
Tomás SJ.
 Notas
1D. Antonio había enviado desde niños a sus hijos a Alemania y Suiza para estudiar. En esos momentos, 1937, dos hermanas (Aida y Catalina) se habían casado con alemanes y vivían allí. Su hermana Olga vivía en La Palma desde 1921, donde también se había casado; y allí iba también su hermano Álvaro Antonio con mucha frecuencia. Nostalgia por una unidad física difícil de restaurar.
2D. Antonio Morales era el representante de la firma de coches Packard en España. Tenían tres coches, uno de ellos era descapotable, al que en casa llamaban familiarmente “el abierto”.

3En efecto, Villa Margarita, el chalé donde había vivido la familia desde 1914, situado en Fernández de los Ríos 19, fue destruido completamente en la guerra civil.