miércoles, 1 de junio de 2016

¿Amigos?

Por Antonio Rojas
Cada nuevo amigo es un pedazo reconquistado
de nosotros mismos.
—Christian F. Hebbel—


Dos amigos atravesaban un bosque cuando apareció un oso. El más rápido de los dos huyó sin preocuparse del otro, que, para salvarse, se tiró por tierra, como muerto.
El oso, creyéndolo muerto, lo olió y se fue. Parecía como si le hubiese dicho algo.
—¿Qué te ha dicho? Preguntó el huidizo.
—Sólo me ha dicho que no me fie de los amigos como tú.
El amigo que no es capaz de arriesgar su vida por el amigo, no es amigo. No podemos resolver todos los problemas o dificultades de nuestros amigos, pero debemos poner en juego todas nuestras facultades.
Si vemos en un amigo un fallo y no lo corregimos, por el miedo a que le parezca mal o no nos haga caso, en esa situación damos más importancia al quedar bien que a la amistad.
El verdadero amigo piensa antes en el bien de su amigo que en el suyo propio; por eso decía Aristóteles que la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas.
En este sentido hay investigaciones que afirman que las buenas amistades nos hacen vivir más tiempo. Y nos señalan algunos detalles:
Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros; un mundo que tal vez no habría nacido, si no lo hubiéramos conocido.
Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece, más aún por lo que de nosotros mismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da.
Quien tiene un verdadero amigo sabrá que, cuando sus pasos sean herrados, su amigo le dará un buen consejo lleno de amor, no con tono juzgador, más bien con ese sentimiento de desear lo mejor para él. El mejor amigo es el que enmienda nuestros errores o reprueba nuestros desaciertos.
La amistad no es una empresa fácil de tomar. Y por esa razón, si no estamos preparados para dar recíprocamente de nosotros mismos, debemos prepararnos y, cuando estemos listos, volver a retomar el camino a la amistad. Hoy puede ser un buen día para analizar ¿cuántos amigos tengo? El número no es importante, pero sí es importante cuán significativos sean para nosotros.
Y una vez que nos interroguemos sobre cuántos amigos tenemos, deberíamos pensar por un momento: ¿qué clase de amigo soy yo?

Dice un refrán: Manos que no dais, ¿qué esperáis? Desde este punto de vista, ¿qué clase de amigo soy? Porque de eso dependerá, normalmente, la clase de amigos que merezco.