viernes, 1 de abril de 2016

Ven a buscarlas

Por Antonio Rojas
El futuro tiene muchos nombres.
Para los débiles es lo inalcanzable.
Para los temerosos, lo desconocido.
Para los valientes es la oportunidad.
—Victor Hugo—
 En vísperas de la decisiva batalla de las Termópilas, un centinela griego dio la voz de alarma gritando:
Tenemos ya encima a los persas.
Leónidas I de Esparta le corrigió y dio:
No los tenemos encima, sino debajo.
Señor, encima o debajo —replicó el soldado es tal el número de sus arqueros que con sus flechas oscurecerán el sol.
Leónidas, que en todo tiempo trató de infundir ánimo a sus soldados, comentó:
Mejor; así lucharemos a la sombra.
Leónidas I de Esparta se convirtió en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable. En la actualidad hay dos monumentos conmemorativos en las Termópilas. En el moderno, llamado el monumento a Leónidas, está grabada su respuesta a la petición de Jerjes de que los espartanos depusieran las armas.
La respuesta constó de tres palabras: Ven a buscarlas.
Hoy que los enemigos de la civilización cristiana están llenos de audacia, no podemos defender nuestras convicciones con enfoques timoratos que “prudentemente” rehúyen el debate y entregan el campo al enemigo. Está actitud apocada impropia de un portador de la Verdad, está condenada al fracaso.
Siempre que me encuentro personas negativas y con una visión deprimente de la vida, pienso que, aunque sean creyentes, no han conocido el amor porque el amor siempre está creando nuevas oportunidades de mejora puesto que su motor es la ilusión. Lo dice muy bellamente William George Ward: El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
Donde el timorato ve dificultades, el valiente ve oportunidades. La realidad objetiva es la misma para ambos. Lo que cambia es la actitud de cada uno. Y según esa actitud variará también el resultado.
Hacen falta valientes, soñadores, personas que arriesguen lo mucho o poco que tienen. Pero que se jueguen eso. Que no se guarden nada. Que no entierren el talento que se les confió. Sólo alguien que no tiene sueños no puede alcanzar ni siquiera una estrella.
Arriesgarse una vez más, intentarlo otra vez, sabiendo que es probable el riesgo de volver a caer. Y habrá que levantarse. Y habrá que construir todo desde cero, desde el primer ladrillo, con las manos vacías. Hay que buscar, aunque al principio no encontremos, tenemos que avanzar aunque nos perdamos, aunque nos toque llorar. Y, si necesario fuese, encarar el desgarrante sentimiento de la frustración que nos escocerá como una llaga. Pero venceremos. A la historia me remito.
Aquellos primeros discípulos necios, timoratos, pusilánimes e impotentes fueron transformados por la gracia de Dios en apóstoles santos, fuertes y valientes.

Y a los que ilusionados por nuestra forma consecuente de vivir nos pidan las razones de nuestro entusiasmo creativo, responderemos con toda convicción: Ven conmigo a buscarlas.