viernes, 1 de abril de 2016

El campo de batalla para un laico es evangelizar la cultura


Extracto de Hora de los laicos, 2ª ed. (2003). Ed. Encuentro, pp. 306-327)
La cultura es la expresión del hombre integral. Es una síntesis de ideas, sentimientos, acciones, por las que «el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre». Vivimos una vida verdaderamente humana gracias a la cultura. Nos beneficiamos de ella, somos sus tributarios, pues nos permite desarrollar plenamente nuestras potencialidades humanas, pero también somos sus servidores. Debemos enriquecerla con personales aportaciones.
El campo de batalla para un laico es evangelizar una cultura que ha olvidado haber nacido de la Sangre de Cristo (Alexis Carrel). Esa es la meta que se propone un cristiano que vive su Bautismo sin alejarse del mundo, para iluminarlo mejor desde dentro. Irradia amor en la cultura hoy.
La cultura popular es un conjunto de principios y valores que forman el ethos de un pueblo. Es la fuerza que lo unifica en profundidad y lo hace madurar a lo largo de su historia.
Ciencia y sabiduría
Ciencia, técnica, investigación, son ingredientes indispensables de una civilización, pero no constituyen su alma. El alma es la cultura, es la sabiduría del espíritu que unifica, armoniza y regula inventos científicos o adelantos técnicos.
La energía nuclear, encauzada por el espíritu, es prodigiosa; pero si la sabiduría no la regula, se hace catastrófica. Luis de Broglie, asustado, se llevaba las manos a la cabeza al enterarse de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima. Se aterroriza al pensar que, en un instante, la Tierra puede convertirse en un desierto si la ética no controla el avance impresionante de las ciencias de la materia. A nadie se le ocurre poner en manos de un niño un potente artefacto explosivo. Ese niño es el hombre moderno sin la sabiduría libertadora de sus pasiones y equilibradora del progreso exclusivamente material que le esclaviza.
Síntesis cultura-fe
La ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda, el drama de nuestro tiempo, decía Pablo VI. Lamentar este divorcio a nada conduce. Es preferible que el bautizado ponga manos a la obra, haciéndose cargo de la gran responsabilidad del laico con relación al Evangelio y lo mucho que puede contribuir a su difusión.
La contradicción no existe hablando de ciencia. La verdadera ciencia, conforme avanza, va descubriendo a Dios con más claridad, como si Él estuviese alerta esperando detrás de cada puerta que la ciencia abre.
Auténticos científicos que se confiesan convencidos creyentes demuestran, con evidencia, la compatibilidad de ciencia y fe.
Recíproca exigencia
El laico vive su Bautismo trabajando con ilusión por amalgamar fe y cultura en síntesis armoniosa y complementaria. Está persuadido de que esta síntesis es al mismo tiempo una exigencia de la cultura y una exigencia de la fe.
La evangelización de la cultura tiene que realizarse sobre todo en profundidad. Se exige al laico la competencia profesional. Esto supone largos años de lenta preparación. El laico en el mundo de la cultura tiene que encarnar, viviendo primero en su persona, la alianza de fe y ciencia, e irradiarla a los demás.