lunes, 1 de febrero de 2016

En cada confesión Él echa sobre mis miserias indignas el rico manto de sus misericordias (1)

Tres Anécdotas del P. Morales sobre la confesión

1. ¿No hay otro remedio?
Recuerdo una de las cosas que más me impresionó recién ordenado sacerdote: me mandaron a confesar a una residencia de cierta ciudad de España y se me presentó allí una mujer de treinta y dos años que acababa de enviudar y se había quedado con cinco o seis hijos y era muy pobre, y esta pobre señora de gran fe me decía después de contarme sus cuitas en la confesión: Padre, ¿pero es que no hay otro remedio para ir al cielo que sufrir? Y a mí no se me ocurrió decirle nada, sino simplemente: ése fue el camino que siguió Jesús. Y parece que se quedó muy conforme 2.
2. Una molécula de Dios
Salí un día de la casa de ejercicios de Chamartín y me meto por Arturo Soria. Me meto en una bocacalle y siento que viene siguiéndome los pasos una persona. Y digo: bueno, vete tú a saber quién es. Y resulta que esta persona, que era un barbudo con gafas, un intelectual o qué se yo, me dice que quiere confesarse. Esto es histórico. Se confiesa allí (no había mucha gente en la calle) y luego me dice:
Padre, usted es una molécula de Dios.
—¿Por qué dice usted eso?
—Porque es usted sacerdote.
—Pues usted también es sacerdote por el Bautismo.
Se me quedó mirando y me dijo:
—Entonces yo seré un átomo de Dios.
—No es que será, es que es. Acuérdese de san Pedro en la primera carta: bautizado, raza real. Cuando vaya usted a su casa, como tendrá Nuevo Testamento, relea esto. Y así como nos hemos encontrado por chiripa aquí en la tierra, que nos encontremos en el cielo 3.
3. La paciencia del confesor

Por la oración de presencia vives con una vida —no es la tuya claro, sino la de Él en ti— que a ti mismo te llena de admiración. Lo que le pasaba a una que se admiraba de que tuviese mucha paciencia un confesor con ella: Pero qué paciencia tiene usted, que siempre vengo con las mismas y siempre está usted tan tranquilo. Y entonces el otro le dice: Más bien qué paciencia tiene Él en mí. Claro, aquí está la unión amorosa con Jesús 4.


Los laicos y la confesión
En la confesión Dios tiene una alegría tan grande en perdonarte, tú te quedas tan maravillosamente satisfecho, que ardes en deseos de que todos lleguen a confesarse. Porque ¿de qué sirve que estén todos los sacerdotes del mundo metidos en su confesonario si no hay laicos que comunican a los demás uno a uno la alegría de la reconciliación con Cristo?

Notas:

1 Ejercicios Espirituales a los Cruzados de Santa María (EEC), 1975, Santibáñez de Porma (León).
2 EEC, 1968, Ejercicios de mes.
3 EEC, 1988 (Javier del Hoyo, Profeta de Nuestro Tiempo, 2ª ed., p. 464).
4 EEC, 1980, Santibáñez de Porma.