martes, 1 de diciembre de 2015

La misericordia: el más bello nombre

Portada Estar 295
En su Diario del alma, Juan XXIII, el papa buono, como cariñosamente lo llaman los italianos, escribe: la misericordia es el más bello nombre de Dios, la manera más hermosa de dirigirnos a Él.
En el discurso de apertura del concilio Vaticano II (11 octubre 1962) dijo que la doctrina de la Iglesia es conocida y está ya fijada. Que la Iglesia tiene un cuerpo de doctrina con el que ha resistido los errores de todas las épocas y a menudo también los ha condenado, en ocasiones con gran severidad. Hoy, en cambio, la esposa de Jesucristo prefiere emplear la medicina de la misericordia antes que levantar el arma de la severidad.
San Juan Pablo II desarrolló y profundizó lo sugerido por Juan XXIII. Este papa conoció en su propia carne la historia de sufrimiento de su/nuestra época. Su inconmensurable actividad estuvo valorada por el testimonio de su sufrimiento personal, el más elocuente documento que nos dejó.
En Dives in misericordia (1980), Juan Pablo II se ocupó del tema de la misericordia a la que caracterizó como el mayor y más elevado atributo de Dios y la define como la perfección divina por antonomasia.
Para el actual pontífice, papa Francisco, la misericordia es como la “viga maestra” de la iglesia. Y, quizás por eso, decide convocar el Año Santo de la Misericordia desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.
Al convocar este Año Santo nos dice: La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.
Y nosotros, concretando esa fe responsable que nos inculcó el P. Morales, ¿qué podemos hacer por/para/ en el año de la misericordia? Acogernos a la Madre.
Como dice el cardenal Walter Kasper: María refleja el encanto de la misericordia divina y muestra el resplandor y la belleza que, proyectándose sobre el mundo desde la graciosa misericordia de Dios, todo lo transforma (La misericordia. Ed. Sal Terrae. Santander 2015. Pág. 210).
Así, aportando nuestro punto de luz misericordioso, podemos calentar este mundo nuestro, a menudo oscuro y frío, en algo más acogedor, algo más luminoso, algo más entrañable, como corresponde a quien tiene una madre, María, que es espejo concreto y realización especial de la misericordia divina.
Comienza el Año Santo de la Misericordia. Bajo el manto de María y cogidos de la mano del Papa, aportemos nuestro granito de arena predicando con nuestras vidas que la misericordia es el más bello nombre de Dios y la viga maestra de la Iglesia