martes, 1 de diciembre de 2015

El inicio de los sacerdotes cruzados

Por Javier del Hoyo
Publicamos en este número una carta circular del P. Tomás Morales dirigida a los cruzados de Santa María, que vivían en Madrid. Es la circular más antigua de las conservadas, sin que podamos asegurar que fuera la primera. Este modo de comunicarse surge al estar fuera de Madrid durante siete meses. Está escrita en Comillas (Santander) en 1959, en pleno cursillo de formación de militantes. El tema central es comunicar a los cruzados la decisión, tomada unos días antes, de que habrá sacerdotes dentro del movimiento laical iniciado y de que comenzarán ya los dos primeros los correspondientes estudios sacerdotales en la Universidad Pontificia de Comillas.
Se percibe en sus líneas el entusiasmo por algo nuevo que comienza; es un recodo del camino. Ha sido una decisión que ha tardado mucho en madurar. Según narró él mismo en un escrito que tituló Génesis y desenvolvimiento: “Recuerdo todavía aquel momento. Llevábamos una hora de charla (él y un monje cisterciense de Cóbreces que conocía la obra del P. Morales). Serían las seis de la tarde… Mil veces otros sacerdotes y aun laicos, veteranos ya en la lucha de la vida me habían dado los mismos argumentos. Yo mismo los había pensado y repensado y, sin embargo, cuando oí al monje, me parecía escuchar una voz interior: Es evidente. No lo dudes más”… Acabamos la conversación. Me fui a la iglesia… Permanecí en oración desde entonces suplicando continuamente a María… Cuando en la mañana del 23 abandonaba el monasterio… la decisión estaba ya tomada: En la Cruzada… habría sacerdotes propios”.
Se trata de una carta mecanografiada en tres cuartillas sin membrete. Las dos primeras van escritas por las dos caras. El lugar y la fecha figuran al final. Va sin firma, pero tiene algunas tachaduras y numerosas correcciones autógrafas, a pluma, hechas por el P. Morales. Aun así, las prisas por enviarla dejaron el escrito sembrado de erratas. Hemos actualizado y normalizado la ortografía y la puntuación de la carta.
* * *
Comillas, en la fiesta del Santísimo Nombre de María, 12 sept. 1959
En estos momentos —quizá, y sin quizá los más íntimos que ha vivido la Cruzada desde su nacimiento— quisiera estar con todos y cada uno de vosotros para compartir emociones y sentimientos que han de ser imborrables para todos: los que os reunís ahí en este día de los Dolores de Ntra. Sra., los que desde aquí se unen, Pablo y Rafael, los que como Juanito desde África1 —la Cruzada que se mueve ya en otros Continentes— o como Carlos, al servicio de la Iglesia en su más alta representación diplomática2, os contemplan en este atardecer del 153 septiembre 1959, año que por tantas razones será transcendental en la historia de vuestro movimiento, que coincide con la del Cristianismo en el mundo.
No esperéis un largo “rollete”. No quiero deciros más que unas cosas muy sencillas para ayudaros a lo que todos estáis anhelando: vivir a la altura exigida por el momento presente mirando a la buenísima Madre que ha inspirado la Cruzada y sigue regalándola con caricias tan tiernas como la que hoy nos reúne a todos.
Dos de vosotros han sido los elegidos4, mejor, los privilegiados. Os he dicho alguna vez que aquellos que Dios segrega para comenzar una Obra en su Iglesia, no solo son elegidos —eso, exclusivamente, serán los que se reenganchen en lo sucesivo tomando el convoy en marcha— sino que son también privilegiados, destinados a ser pioneros de un movimiento que no para hasta la Eternidad, llamado a durar lo que la Iglesia misma: perpetuamente. Eso mismo podríamos aplicar hoy a Bernardo y Juanjo. Los que vengan detrás —y quiera Dios que sean muchos al multiplicarse las necesidades de la Cruzada— solo serán elegidos para integrar la rama sacerdotal de la Institución. Ellos son, además, privilegiados, elegidos entre los elegidos.
Ellos han sido elegidos, pero vosotros, sin quizá daros cuenta, habéis contribuido a su elección. Sí, también vosotros los habéis designado. En los primeros tiempos del Cristianismo la vox populi elegía por aclamación sus Obispos y sacerdotes. Así san Ambrosio, y tantos otros. Dios, que se ha empeñado en troquelar nuestra Cruzada en el molde del primitivo Catolicismo, ha querido haceros intervenir sin que lo sepáis. Sé que en estos días decisivos, sobre todo desde la transcendental convivencia del 1 septiembre, habéis pedido mucho por mí. Vuestras oraciones, y también el consejo de algunos de vosotros, han hecho recaer en Bernardo y Juanjo, al mismo tiempo, la elección y el privilegio.
Así, sin duda alguna, vosotros habéis empezado a hacer vuestros futuros sacerdotes. Ahora tenéis que seguir contribuyendo a su formación. ¿Por qué no hace curas entre nosotros?, me preguntaba un ilustre en tierras comillesas no mucho. Creo que le contesté bromeando: “Yo no; no puedo. Será el Obispo, único que puede ordenar”. Pero ahora caigo en la cuenta de que vosotros sí que los podéis hacer. Desde ahora Bernardo y Juanjo —más vuestros que antes— se formarán para acercarse un día al Altar, si vosotros les ayudáis. Serán santos, santos sacerdotes, los que la Cruzada necesita, si vosotros —no os voy a decir nada nuevo— ESTÁIS cada uno en su sitio y todos dentro del Corazón de la Virgen, viviendo el espíritu y las reglas de nuestro Instituto.
Juanjo y Bernardo lo esperan, necesitan mucho de vuestras oraciones. Después de una vida apostólica activa, soterrarse durante diez o doce años es un sacrificio que solo una fe, iluminada por las oraciones de los hermanos, puede realizar. Alternar con críos en el régimen, en parte infantil, de un Seminario después de haber vivido en la disciplina viril del Hogar, no es cosa fácil5. Pensad además, que el “Enemigo de natura humana” tratará de hacer abortar la naciente rama sacerdotal de la Cruzada y que les atacará por todas partes. Necesitan, sí, necesitan, que miréis a la Inmaculada pensando en ellos, para que triunfe también en sus almas de todos los enredos en que el mal Caudillo les meterá durante estos años.
Os debéis pues llenar de una inmensa alegría pensando que en adelante vuestra vida gozosamente sacrificada, aprovechará, no solo como hasta ahora para salvar las almas da la juventud trabajadora y suscitar nuevos llamamientos para la Iglesia en la Cruzada, sino principalmente para forjar la santidad sacerdotal —cuyos primeros beneficiarios vais a ser vosotros mismos y los muchísimos que vendrán— en estos dos pioneros, a quienes sueño ya, seguidos de un nutrido escuadrón sacerdotal al servicio de la Cruzada dilatándose por todo el mundo.
Dos hermanos vuestros se separan hoy de vosotros, pero se separan para unirse más fuertemente. Esa diferencia hay entre las despedidas de los hombres y las de Dios. En las primeras los hombres se dicen adiós, quizá para siempre. En las de Dios se dicen “hasta mañana, en que viviremos nuestra unión al ofrecer al Padre el Sacrificio de nuestro Hermano mayor”. Y esta es una despedida de Dios en que Juanjo y Bernardo, separados materialmente de vosotros, compenetrarán más sus vidas con las vuestras, ayudándoos a ser santos, para la salvación de vuestros hermanos, cumpliendo con la regla 1ª de vuestra Cruzada.
Vosotros y yo soñamos con la primera binca de cruzados saliendo hacia Barcelona o Bilbao o zarpando rumbo a Méjico o Venezuela. Cuando en alas de la fantasía llena de celo de las almas, pensábamos así, ¿a que no se nos pasó por la imaginación que el Corazón de Cristo iba a cumplir nuestros anhelos de una forma mucho más fecunda haciendo que la primera binca que abandona a los hermanos lo hiciese para forjarse en ella sacerdotes suyos?
¡Qué inmensamente bueno es Dios! Por eso, en medio de las melancolías que tientan todas las despedidas y separaciones de seres queridos, en esta sobrenada el amor agradecido al buen Dios y a la cariñosísima Madre que “hace cada cacho cosa”, como dice algún cursillista 1959... Ese amor agradecido es el que hace cicatrizar la desgarradura doble que se produce en mi corazón, y en el vuestro, al ver partir la binca Bernardo - Juanjo.
Llenos de gratitud vivamos estos días al ver cómo la Cruzada se consolida. Fue el 22 agosto en Cóbreces cuando el Corazón Inmaculado de María empezó a descubrir un panorama que se abre tan fecundo a la esperanza. Disponeos todos a emprender la vida de familia que se iniciará en los primeros días de octubre al regresar vuestros hermanos 1959, y sigamos dando gracias a Dios porque todo esto, y lo demás que contribuirá a la estabilización de la Cruzada, haya podido realizarse. En parte lo atribuyo todo al fervor con que vuestros hermanos de este Cursillo vivieron el mes de C. de Jesús, en el que lograron traer nuevos sacerdotes al Hogar con sus oraciones y sacrificios, que pudieron más que la decisión ya tomada por un P. Provincial.
Y llenémonos también de esperanza. Preveo el desencadenamiento de divinos llamamientos a la Cruzada, frenado hasta ahora. Hemos estado “como si nos asentásemos” en muchos aspectos. Ahora, con cruzados futuros sacerdotes, con vida de familia, con dirección espiritual estabilizada, la Cruzada será lo que su Reina quiere, suscitará irresistibles envidias y arrastrará a lo mejor de nuestra juventud, si cada uno sabéis ESTAR a imitación de la Madre.
Si os puede ayudar en algo, os diré que vuestros hermanos de este Cursillo6 piden rabiosamente a la Virgen un Cursillo 1960 con 40 como minimun; que si Dios quiere —y querrá si cada uno ESTÁIS junto a Ella— al acabar el Cursillo, comenzará a edificarse ampliando Albergue con vistas a algo definitivo7. Y aunque el Cursillo tenga que seguir siendo la Escuela Superior de Formación de Militantes del Hogar, no olvidemos que de hecho también seguirá siendo durante muchos años el pre-noviciado —(el Noviciado son los primeros años de Gran Cursillo)— de la Cruzada de Santa María.
Se me olvidaba. Para que se reúnan esos 40, uniros vosotros, aunque ya me imagino que lo hacéis, a los de aquí, pidiendo rabiosamente por la tanda del 12, que comenzando el día de la Reina de la Hispanidad suscitará cruzadetes que en su día surquen los mares rumbo América.
 Notas
1Está tachado por el P. Morales con tinta ‘símbolo de la catolicidad de nuestro movimiento, os contemplan’.
2 Se refiere al chófer del Nuncio en España, que desde que acabó el primer cursillo, 1956, era un cruzado de Santa María.
3 Parece que está pensando al escribir esta fecha en el día en que se leerá en Madrid. Es solo un aparente error.
4 Elegidos para formar parte de la rama sacerdotal de la Cruzada, realidad que fue gestándose lentamente en el corazón del P. Morales que, pese a los consejos de personas experimentadas, no terminaba de decidirse. Tuvieron que pasar muchos años hasta el 22 de agosto de 1959 en que se determinó a ello.
5 Irían a estudiar a Comillas (Santander), sede entonces de la Universidad Pontificia dirigida por la Compañía de Jesús. En una finca cercana al pueblo, Rovacías, es donde se celebraban desde el año 1956 los Cursillos de formación de los primeros cruzados.
6 Se refiere a los Cursillos de Comillas, una experiencia única en la historia del Instituto, en la que se aprecia la creatividad del P. Morales. Era necesario poner en marcha un “noviciado” para estos laicos inmersos en la actividad profesional en las empresas. Ideó retirarlos del mundo durante siete meses, comenzando el 1 de marzo con el mes de ejercicios ignaciano, seguido de un mes de formación teológica adaptada e ellos, otro de trabajos humildes (limpieza, cocinas en la Universidad, etc.), otro de atención a los ancianos del asilo del pueblo, otro, quizá el más costoso, la marcha evangélica por los pueblos, mendigando su sustento, pero a la vez  ayudando en los trabajos a los campesinos y conectando a ser posible con los jóvenes; la experiencia terminaba con dos meses de formación espiritual, lectura, estudio, salidas de excursión.

7 Es interesante ver las miras siempre crecientes del fundador y cómo Dios pone en su puesto al hombre. Aunque no lo sabe nunca habría Cursillo 1960 ni ampliación de albergue ni otros de los muchos proyectos que tenía. El 16 de octubre de 1960 será separado del Hogar del Empleado por su Provincial, y todo este plan quedará en mero proyecto.