sábado, 1 de agosto de 2015

Cristo, única luz para el misterio del hombre

Por Santiago Arellano
El símbolo de la luz ha sido utilizado por todas las culturas para representar la divinidad. El sol, por su poder benefactor, es comprensible que fuera considerado como el más poderoso aliado de los hombres. La contraposición luz-tinieblas, vida-muerte, cielo-tierra, necesitan de una Luz que supere las contradicciones. El sol que cada mañana surge resplandeciente por oriente daba claves de esperanza a la existencia de los desconcertados seres humanos.
En el Himno a Atón, el bellísimo poema religioso egipcio, podemos encontrar, en la contraposición del día y de la noche una dualidad entre los poderes del bien y del mal, eternamente en lucha, y en cuyo combate los hombres solo pueden, pasivamente, gozar con la luz y sufrir con las tinieblas. Os reproduzco los versos iniciales:
Bello es tu aparecer en el horizonte del cielo¡Oh, Atón vivo, principio de la vida!Cuando tú te alzas por el oriente lejano,llenas todos los países con tu belleza.Grande y brillante te ven todos en las alturas;tus rayos abarcan toda tu creación,porque eres Rey; por ello lo alcanzas todo,y dominas todas las tierras para tu amado hijo.Aunque estás lejano, tus rayos llegan a la tierra;aunque bañas los rostros, nadie conoce tus designios.Cuando te ocultas por el horizonte occidental,la Tierra se oscurece, como si muriese.(El Himno a Atón. Alabanzas de Akhenatón al creador)

Los sacerdotes egipcios del reinado de Akenatón adora­ban al astro sol como a Dios. Antítesis del consolador y esperanzado sol de Cristo, libertador de todas las tinieblas que envuelven al ser humano. La luz de Cristo es sol hermoso que orienta la existencia del hombre y de la creación y da respuesta a los anhelos más profundos de los hombres de todos los tiempos. La herencia judeo-cristiana ve en el sol no a Dios, sino a un símbolo de Dios, un símbolo cristológico que se quedó en la Eucaristía hasta el final de los tiempos.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,nos visitará el sol que nace de lo alto,para iluminar a los que viven en tinieblasy en sombra de muerte,para guiar nuestros pasospor el camino de la paz.

Es muy significativo que para expresar la rebeldía del hombre frente a Dios, también se elija el símbolo de la luz, pero intencionadamente en plural “Las luces”, el Siglo de las Luces, el hombre no necesita más ayuda que las luces que encuentra en la Razón. En consecuencia la cultura se ha quedado a oscuras y el hombre, como ciego, a tientas.
George La Tour, “La Magdalena penitente”
(h. 1640, Metropolitan Museum of Art, Nueva York)
Leed la Oda a la Ascensión de Fray Luis. Bien sabía, como creyente y como teólogo, de los bienes que la Ascensión de Cristo  va a suponer para la Humanidad. Pero Fray Luis compone de hecho una elegía a las consecuencias del alejamiento de Cristo en la vida cotidiana. Desorientación y oscuridad “¿Qué mirarán los ojos que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos? Quien oyó tu dulzura, ¿qué no tendrá por sordo y desventura?” La cultura de los sentidos nunca podrá encontrar nada igual a la hermosura de Cristo. Fray Luis concluye: “¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!” ¡Diana! ¿En medio de las luces de tanto saber actual, no estamos ciegos?

George La Tour supo expresar que la conversión de María Magdalena surgía de la contemplación de la Luz de Cristo