miércoles, 1 de abril de 2015

Teresa con Teresa

Por Ana Miral

Nos vamos de boda. Maribel y Emilio, padres de Teresa de la Inmaculada y de la Santa Faz, nos invitaban un mes antes a esta celebración tan especial.

En Tricio (La Rioja), 8 de febrero, cuatro y media de la tarde. Teresa, junto a sus catorce hermanas, entran en procesión con candelas encendidas cantando suavemente. Al otro lado de la clausura, Maribel y Emilio, cada uno, a izquierda y derecha de la reja, once sacerdotes y 200 fieles esperamos el inicio de la celebración. Domingo frío en el que las montañas de alrededor y los campos están cubiertos de nieve, pero en ese pequeño convento, quince corazones llenos de fuego por amor al Señor encienden el hogar y dan calor a la Iglesia, esposa del Señor.

El párroco de Tricio hace de maestro de ceremonias, mientras el padre Santiago Arellano celebra la Eucaristía. Con palabras sencillas va explicando todos los momentos de la celebración. Cómo Teresa se desposa con el Señor y se apodera de todos sus méritos.

Se hacen las lecturas: “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”. Llega el momento del desposorio. Maribel y Emilio acompañan llenos de emoción a Teresa entregándosela al Señor para salvar almas. Se le pregunta si viene libremente y si quiere ser la esposa. Un sí alto y claro resuena en toda la capilla. Le ponen en la cabeza la corona de flores y recibe la regla del Carmelo. En ese momento me acuerdo de que Emilio, cuando iba a trabajar, le pedía al Señor: “Conquista el corazón de mis hijos”.

El P. Santiago Arellano, nos dice que Teresa vive en Nazaret, con la familia íntima del Señor. Como María, siendo la esclava de Dios y guardando todo en su corazón bajo la protección de José, imitando su silencio y obediencia, y como Jesús, que en la clausura del Sagrario vive desde hace más de veinte siglos, todos juntos alabando a Dios.

Me acuerdo de cómo conocí a Teresa en el campamento de 2011, celebrando el 50 aniversario de la Milicia. Me llamó la atención su forma de mirar el Sagrario. En el viaje de vuelta, estuvo pendiente de saludar a María con el ángelus y de rezar el rosario. Volvimos a vernos en la JMJ, donde me contó su encuentro con una monja que sería importante en su vocación. Unos meses después, en unas convivencias con esa hermana, que llevaba rezando por ella desde que se conocieron, Teresa le pide al Señor que le diga dónde la quiere. Ese día la canción empieza: “descálzate, descálzate”. Teresa ya sabe dónde la quiere el Señor. Cuando se da a conocer que se va monja de clausura, da su primer fruto visible: otra amiga que llevaba algún tiempo luchando para dar ese sí, se decide y unos meses más tarde ingresa en otro convento.

Uno de los muchos momentos emocionantes de la ceremonia es la coronación. La corona es la alianza entre Dios y la carmelita. La corona del día de su profesión la utilizan en los momentos señalados de su vida y se entierran con ella para simbolizar la unión que ya no tendrá fin.

Terminada la ceremonia, Teresa se postra y las hermanas le echan pétalos de rosas sepultándola para el mundo.

Volvemos rezando el rosario por ella, la Comunidad y sus padres.


Gracias, Teresa, por tu sí. Sé fiel y feliz