miércoles, 1 de abril de 2015

Teresa, alma de fuego

Por José Luis Acebes

El 28 de marzo hemos conmemorado el V centenario del nacimiento de santa Teresa. Exposiciones, itinerarios culturales, conciertos, veladas de oración, y muchas otras actividades jalonan nuestra geografía a lo largo de este año teresiano.

¿Qué tiene Teresa, que sigue encandilando hoy a cuantos se acercan a ella?

Antonio Machado lo expresa con lenguaje poético:
“¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!”
            (Proverbios y cantares, XX)

Y es que Teresa es un foco de luz que resplandece en un mundo surcado por las sombras. Es calor vital que se propaga en esta sociedad en la que hay mucho frío. Es en definitiva espíritu de llama: fuego interior, contagioso, expansivo, que incendia a quien se acerca a ella.

Estáse ardiendo el mundo fue el título del V encuentro Laicos en Marcha, que acabamos de celebrar. De él hemos salido con el corazón en ascuas. Hemos comprendido que solo un fuego mayor es capaz de combatir la descristianización y la deshumanización que se propagan incendiariamente en nuestros días. Y ese fuego es el de Jesucristo, el que nos transmite Teresa.

¿Qué tiene Teresa que así encandila?

En un mundo de apariencias, resplandece su autenticidad: escribe como habla, y habla de lo que vive. Su reflexión es comunicativa y contagiosa. Así lo declaró el licenciado Aguiar, un médico joven que gozó de su trato en Burgos: su habla era muy graciosa, su conversación suavísima y muy grave, cuerda y llana.

¡Cuánto daríamos por retroceder en el tiempo y conocer a la misma Teresa!

Disponemos de un recurso para ello: leer sus escritos. En efecto, como declaró D. Pedro de Castro, que la trató, los que leyeren sus libros pueden hacer cuenta que oyen a esta santa Madre; porque no he visto dos retratos tan parecidos entre sí, como son los libros escritos y el lenguaje y trato ordinario de la santa Madre.

¡Cuánto bien siguen haciendo los libros de la santa abulense y universal! Edith Stein, por entonces judía agnóstica, se topó en 1921 con el “libro de la vida”. Lo leyó de un tirón durante una noche. “Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad”. Recibió el bautismo, ingresó después en el Carmelo y acabó ofreciendo su vida en Auschwitz en 1942. No en vano Azorín opinaba que la Vida de santa Teresa es el libro más hondo, más denso, más penetrante que existe en ninguna literatura europea.

Pero hay otro recurso más eficaz si cabe para conocer a la santa Madre: conocer a sus hijas. Es la ley de la herencia. Acercarse al locutorio de un convento teresiano es una experiencia que deja una huella viva y profunda. ¡Cómo se empapa el espíritu cuando te dejas envolver por la atmósfera de humanidad y espiritualidad que emanan de los Carmelos! Teresa resplandece como mujer de oración, como fundadora, como escritora, pero sobre todo como madre. Así lo dicen sus hijas. Y así lo constatamos los que nos acogemos a su maternidad.

Y por último cabe señalar otro medio no menos eficaz para conocer a santa Teresa: practicar sus obras. El P. Morales repetía que las ideas no se comprenden hasta que no se viven. Imitar a Teresa en su autenticidad, en su alegría, en su maternidad, en los pequeños detalles, en su dejarse hacer por el Señor. Entre los pucheros. En las circunstancias de la vida ordinaria: con la familia, con los compañeros, con los vecinos. Desde la normalidad.

Machado comentaba en su diálogo que nuestros corazoncitos de Jesús se apagan. Alguien podría haberle sugerido: “Mira Antonio, tú tienes la solución; tú puedes calentar el mundo y los corazones. Sé con Teresa alma de fuego en medio del mundo”.


Leer sus libros. Conocer a sus hijas. Practicar sus obras. ¿No es este un buen reto para el V centenario teresiano?