miércoles, 1 de abril de 2015

Hermana Anunciación de Santa Teresa

Por Carmelitas Descalzas de Cabrerizos (Salamanca)

Nuestra querida Hna. Anuncia, ella, tan amiga siempre de la obediencia, esta vez se nos ha ido sin pedir permiso alguno, de repente, por sorpresa y… pensamos que tampoco Dios se anunció ni le pidió permiso a ella, porque estaba seguro de que Hna. Anuncia aceptaba siempre de buen grado todo lo que Él dispusiera.

En la cena del día de la Epifanía, se le manifestó y se nos manifestó el Señor de forma aparentemente normal: un poquito de comida se le fue al pulmón y nosotras no pudimos solucionar la situación, como sí lo habíamos logrado —también con ella— en ocasiones precedentes; llamamos a la ambulancia medicalizada (112) que tampoco lo consiguieron y la llevaron —ya inconsciente— a la UVI del Hospital Clínico de Salamanca. Igualmente, no pudieron reanimarla y… el día siguiente Hna. Anuncia pasaba a gozar plenamente del Dios al que había consagrado toda su vida.

Carmelita Descalza desde sus tempranos 19 años, nos deja un hermoso testimonio de vida que Dios tenía anotado con letras de oro y que le ha valido para que le haya podido regalar la plena felicidad de la que estamos ciertas que goza ya en la Patria, mientras ruega insistentemente al Padre por todos cuantos aún peregrinamos…

En su día a día en el Carmelo, la vida de Hna. Anunciación se puede sintetizar en breves líneas. Persona llena de fe y deseos de entrega a Dios y a su Iglesia, que se exteriorizaba en una constante alegría, gran caridad y cariño hacia las Hermanas, abnegación y entrega generosa al trabajo:

Tenía facilidad para la oración, permaneciendo con el Señor —en la oración y durante la jornada— en amor y sencillez.

Persona de gran corazón, aunque muy sencilla, sincera y comunicativa, alegraba mucho a la Comunidad en los tiempos de recreación. A veces pedía colaboración a otra Hermana para preparar pequeños teatrillos y hacernos reír.

Por su capacidad para el trabajo y su caridad, ayudaba mucho tanto en las limpiezas de la casa, en la cocina y huerta, como en labores de manos, poniendo siempre mucha ilusión y entrega en cuanto hacía. Estaba atenta para ver si alguna Hermana que no podía hacer su oficio, para suplirla ella con gran caridad. Igualmente, para acompañar y animar a las Hermanas enfermas.

Su gran corazón la llevaba a poner toda su oración y vida al servicio del Reino. Una clara expresión de ello era su permanente oración, interés y cariño por los Cruzados de Santa María, desde los primeros años de su vida de carmelita descalza.

Gran lectora, quería conocer al detalle la vida de la Orden y de la Iglesia para hacer suyas todas sus necesidades y orar incansablemente por ellas, comunicándolo a la Comunidad.

Aunque con gran dolor en el corazón por esta inesperada separación temporal, damos gracias a Dios por la vida, el testimonio y la entrega de nuestra querida hermana Anuncia y por la gloria definitiva de la que, seguramente, ya goza. Gloria a Dios por los siglos.