miércoles, 1 de abril de 2015

“No nos imaginemos huecas en lo interior” Camino de perfección (28,10)

Por Santiago Arellano

Con el gracejo que caracteriza a nuestra Santa, pone Teresa al descubierto la gran tentación que nos acecha hoy desde los rincones más inesperados. No tenemos alma. Solo somos materia. Lo que llamamos espíritu tiene su ubicación en alguno de los lóbulos del poderoso circuito neuronal de nuestro cerebro. Ni Dios, ni conciencia, ni cielo. Todo está aquí. Todo termina aquí.

Nuestros científicos materialistas ignoran la configuración metafísica del ser humano. Santa Teresa con el vigor de su pluma nos lo advierte: no nos imaginemos huecas. Pues vacíos quedaríamos si nuestro espíritu, en vez de ser creación de Dios, nos quedásemos en emanaciones del prodigioso cerebro humano, o sea muerte, o sea nada.

Le Pelerin, de René Magritte (1966)
Encerrados en nuestra desesperanza. ¡Amor!, ¿qué amor?; cielo, ¿qué cielo?; ¿libertad? La que nos brinde nuestro determinismo; ¿dignidad? La de un gato despanzurrado. La brújula del engreído hombre moderno ha perdido el norte. Magritte ya nos lo advirtió en los años cuarenta del siglo pasado. O sea, máscara, apariencia, nada.

Yo me quedo con la Samaritana y con el agua que salta hasta la vida eterna. Sé que soy un ser fronterizo, hecho de materia y espíritu con tan prodigiosa sutura que el alma se manifiesta por medio de nuestra realidad carnal. Todo lo nuestro pasa por el cerebro y pone en marcha a nuestro cuerpo. ¿Pero todo nace en nuestro cerebro? ¿Es cauce o fuente, transmisor o generador? La conciencia de nuestro yo sobrevuela nuestra masa corporal. Nuestra identidad contempla como en espejo su figura cambiante y efímera. Estoy en ti pero no soy sólo tú. Esta es la contienda. Cruzados, esta es la cruzada en situación bélica de asedio. En juego está el ser lobo o ser hombre. ¿Nos quedamos a la espera con los brazos cruzados? Yo no. Voy a abrir un portillo secreto para que penetren las aladas huestes de la monja de Ávila. Escuchad en silencio recogido su vibrante arenga:

Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con Él, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija. Camino de perfección (28, 2).


No hay otra salida.

Teresa, alma de fuego

Por José Luis Acebes

El 28 de marzo hemos conmemorado el V centenario del nacimiento de santa Teresa. Exposiciones, itinerarios culturales, conciertos, veladas de oración, y muchas otras actividades jalonan nuestra geografía a lo largo de este año teresiano.

¿Qué tiene Teresa, que sigue encandilando hoy a cuantos se acercan a ella?

Antonio Machado lo expresa con lenguaje poético:
“¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!”
            (Proverbios y cantares, XX)

Y es que Teresa es un foco de luz que resplandece en un mundo surcado por las sombras. Es calor vital que se propaga en esta sociedad en la que hay mucho frío. Es en definitiva espíritu de llama: fuego interior, contagioso, expansivo, que incendia a quien se acerca a ella.

Estáse ardiendo el mundo fue el título del V encuentro Laicos en Marcha, que acabamos de celebrar. De él hemos salido con el corazón en ascuas. Hemos comprendido que solo un fuego mayor es capaz de combatir la descristianización y la deshumanización que se propagan incendiariamente en nuestros días. Y ese fuego es el de Jesucristo, el que nos transmite Teresa.

¿Qué tiene Teresa que así encandila?

En un mundo de apariencias, resplandece su autenticidad: escribe como habla, y habla de lo que vive. Su reflexión es comunicativa y contagiosa. Así lo declaró el licenciado Aguiar, un médico joven que gozó de su trato en Burgos: su habla era muy graciosa, su conversación suavísima y muy grave, cuerda y llana.

¡Cuánto daríamos por retroceder en el tiempo y conocer a la misma Teresa!

Disponemos de un recurso para ello: leer sus escritos. En efecto, como declaró D. Pedro de Castro, que la trató, los que leyeren sus libros pueden hacer cuenta que oyen a esta santa Madre; porque no he visto dos retratos tan parecidos entre sí, como son los libros escritos y el lenguaje y trato ordinario de la santa Madre.

¡Cuánto bien siguen haciendo los libros de la santa abulense y universal! Edith Stein, por entonces judía agnóstica, se topó en 1921 con el “libro de la vida”. Lo leyó de un tirón durante una noche. “Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad”. Recibió el bautismo, ingresó después en el Carmelo y acabó ofreciendo su vida en Auschwitz en 1942. No en vano Azorín opinaba que la Vida de santa Teresa es el libro más hondo, más denso, más penetrante que existe en ninguna literatura europea.

Pero hay otro recurso más eficaz si cabe para conocer a la santa Madre: conocer a sus hijas. Es la ley de la herencia. Acercarse al locutorio de un convento teresiano es una experiencia que deja una huella viva y profunda. ¡Cómo se empapa el espíritu cuando te dejas envolver por la atmósfera de humanidad y espiritualidad que emanan de los Carmelos! Teresa resplandece como mujer de oración, como fundadora, como escritora, pero sobre todo como madre. Así lo dicen sus hijas. Y así lo constatamos los que nos acogemos a su maternidad.

Y por último cabe señalar otro medio no menos eficaz para conocer a santa Teresa: practicar sus obras. El P. Morales repetía que las ideas no se comprenden hasta que no se viven. Imitar a Teresa en su autenticidad, en su alegría, en su maternidad, en los pequeños detalles, en su dejarse hacer por el Señor. Entre los pucheros. En las circunstancias de la vida ordinaria: con la familia, con los compañeros, con los vecinos. Desde la normalidad.

Machado comentaba en su diálogo que nuestros corazoncitos de Jesús se apagan. Alguien podría haberle sugerido: “Mira Antonio, tú tienes la solución; tú puedes calentar el mundo y los corazones. Sé con Teresa alma de fuego en medio del mundo”.


Leer sus libros. Conocer a sus hijas. Practicar sus obras. ¿No es este un buen reto para el V centenario teresiano?

Cruzada-Carmelo. Singular hermanamiento.

Por Javier de la Iglesia

A veces circulamos por la carretera y nos encontramos a la entrada de un pueblo cualquiera con un cartel que nos indica que esa población está hermanada con cierta ciudad de otro país. En ocasiones con una nación completa, y a primera vista no percibimos bien la causa. Si bajamos el puerto de Tornavacas (Extremadura) y vemos que Jerte está hermanado con Japón, nos extrañamos y podemos preguntarnos a qué se debe. A algo que los une, evidentemente: los cerezos. Del mismo modo en una comunidad de vecinos, siempre hay especial afinidad con alguno, ese al que siempre vamos a pedirle la sal o el azúcar cuando la tienda está ya cerrada. Puede ocurrir también que en la Iglesia dos instituciones tan aparentemente distintas como una orden contemplativa femenina con cinco siglos de rodaje y un Instituto secular masculino naciente se encuentren hermanados.


El origen hay que buscarlo en los primeros pasos de nuestra institución. Ya en 1948 el P. Morales subía en peregrinación al Cerro de los Ángeles con los miembros del incipiente Hogar del Empleado y entraba en el locutorio para hablar con las carmelitas. El Instituto de los Cruzados no estaba aprobado, ni siquiera diseñado. Las actividades apostólicas del Hogar del Empleado, especialmente las tandas de ejercicios, estaban respaldadas desde la oración por las órdenes contemplativas. Cuando en 1956 emprendió el P. Morales los cursillos de formación en Comillas, que se iniciaban con una tanda ignaciana de mes, envió 400 cartas a otros tantos conventos de contemplativas para que pidieran por esa intención.

El año 1960 marca un momento importante en la vida del P. Morales, al ser separado de la obra que había fundado. Un año después, octubre de 1961, será enviado a Badajoz, y comienza allí una relación importante con aquel Carmelo, adonde le dirigían los cruzados sus cartas. Cuando en 1962 comienza a escribir la historia de la institución, dirá:

“fueron precisos los sufrimientos y angustias de la separación, para soldar, en amalgama irrompible, para el cielo y la tierra, Cruzada y Carmelo. Esas carmelitas descalzas (…) en cartas que me escriben, añaden muchas a su nombre y a la Orden a que pertenecen, esas emotivas palabras: «y cruzada de Santa María»; esas cruzadas que les gusta llamarse y que se les llame «carmelitas de fuera», y que en sus charlas íntimas llaman Carmelo a sus casas, revelan bien a las claras, con otros muchísimos recuerdos y hechos que todos evocáis, una alianza providencial, que sólo ha podido surgir gracias a lo sucedido en esos inolvidables años” (Génesis y Desenvolvimiento, p. 7).

En efecto, a partir de 1960 el P. Morales tuvo estrecha relación con muchos Carmelos de nuestra geografía, y especialmente con sus prioras. Santa Maravillas había fundado en Duruelo, cerca de la “fonte do mana y corre”, un palomarcico carmelitano en julio de 1947. Santa Maravillas, con quien tantas veces tuvo confidencias el P. Morales en distintos locutorios de España, le ayudó en todos los sentidos, no sólo el espiritual y de consejo.

Pero no fue la única. Muchas prioras de distintos Carmelos de España gozaron de la conversación y espiritualidad del P. Morales y viceversa. Él experimentó la fuerza de esos “neveros ocultos” (Hora de los Laicos, p. 109), la profundidad de sus palabras y, por ello, se acercaba a sus locutorios. Sería imposible nombrar todos, porque siempre nos dejaríamos alguno, pero en algunos halló algo especial.

Y no sólo él, sino que enseñó a los cruzados a que frecuentasen los distintos locutorios de la orden. Tres veces al año hacía él, y luego han seguido haciendo los cruzados, lo que llamaba rutas carmelitanas; la del norte: Gijón, Ruiloba, Torrelavega, Zarauz…; la castellana: León, Grajal de Campos, Palencia, Valladolid, Medina del Campo; Segovia, La Granja... En otras ocasiones emprendía otra más clásica: La Encarnación, San José, Mancera, Duruelo, Cabrera, Salamanca… A ellos hay que añadir los de Madrid y los fundados directamente por santa Maravillas, como el de la Aldehuela, del que era confesor ordinario. En muchos de esos carmelos fueron entrando dirigidas espirituales suyas, militantes de la Virgen, hasta más de cien jóvenes que hoy día piden por las distintas instituciones fundadas directamente por el P. Morales.

“Tronco ignaciano y savia carmelitana”

Así es como definió a los Cruzados y Cruzadas de Santa María el P. Morales, “tronco ignaciano, pero savia carmelitana” (Itinerario litúrgico, p. 640). Una síntesis de lo que supone para el cruzado esta savia carmelitana aparece en su obra Tesoro escondido (p. 11): “Vuestra vida se impregna con «savia carmelitana». Ella [santa Teresa] quiere que vosotros seáis también «eremitas contemplativos» y «hombres celestiales» (carta de 21-10-1576 al P. Mariano), pero para ayudar a todos a conseguir la perfección del Evangelio, siendo «en este tiempo amigos fuertes de Dios» (Vida 15,5)”.

Santa Teresa fue desde el comienzo, junto a san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, adalid y protectora de la institución. La lectura de sus obras estuvo presente desde sus años de formación jesuítica. De aquellas lecturas fue entresacando cientos de fichas escritas a mano, que luego utilizó en sus tandas de ejercicios y predicación en general, así como en sus distintos escritos. San Juan de la Cruz constituyó igualmente en los años cincuenta un baluarte en su formación, que él supo transmitir. Sus obras le devolvieron la paz en los momentos en que más arreciaba la tempestad contra su persona y obra, en el año 1960.

Pero a ellos le siguió en su etapa de madurez el descubrimiento de Teresa del Niño Jesús, la santa más grande de los tiempos modernos, con el camino de infancia espiritual y la espiritualidad de las manos vacías. A una de estas prioras le invitaba a hacer la ofrenda al amor misericordioso: “Hace más o menos seis años hablaba yo con M. Carmen en Duruelo, y le hablaba precisamente de esta consagración al amor misericordioso. Me dijo ella que no la había hecho nunca. Llevaba ya en el Carmelo más de quince años. Yo creía que ya no me iba a decir nada. Y en una de las cartas que me escribió, lástima que no conserve yo todas las cartas, que fueron bastantes: «No puedo explicarle, padre, la evolución que ha habido en mí. Casi sin yo buscarlo, me ha ido empujando el Señor a buscarle de una manera más auténtica. Siento que su amor misericordioso ha iluminado muchas tinieblas, y ha puesto en erupción este corazón volcánico»” (Ejerc. 29-VIII-1983).

Carmelos, modelos de vida para los cruzados

En primer lugar son un modelo de vida de familia. Los Carmelos son “esos «palomarcicos de la Virgen», vanguardia y modelo de hogares para la Cruzada de Santa María” (Reglas 22). “La austeridad de vida que llevan no se resistiría sin un amor enorme a Jesucristo, pero esto sólo no bastaría. Sin el amor íntimo y respetuoso entre ellas en caridad, la más estrecha, sin la más cálida vida de familia, sería imposible tolerar esa vida. El amor íntimo a Jesucristo y la vida íntima de familia bastan para explicar la perseverancia en la vida austera de un Carmelo” (Tesoro escondido, p. 311).

En segundo lugar constituyen un modelo de ardor apostólico, con Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones, como guía. “Amor carmelitano, que no desperdicia un solo instante del día sin ofrecerlo por [las almas]. Amor del cruzado, que sabe que para la conquista de la juventud vale más un pequeño impulso de amor que todas las obras exteriores juntas” (Itinerario litúrgico, p. 344).

En tercer lugar, resultan un modelo de formación de minorías. Nos invitan a ser forjadores de almas una a una. El P. Morales da este consejo a los cruzados sacerdotes, pero sirve igualmente para los laicos: “Si en algo se tiene que notar vuestra estrecha vinculación al Carmelo, es en este vivir de fe en el apostolado formando minorías siempre actuantes en la masa. Sed, más que predicadores, confesores o directores, forjadores de almas una a una” (Sacerdotale, p. 61).

Finalmente, los Carmelos representan un modelo de sufrimiento en el amor. Las carmelitas son expertas en el arte de amalgamar dolor y plenitud de amor, que caracterizan la vida de un cruzado. “En sus oídos resuena aquella canción que entonaron las carmelitas a Juan de la Cruz, recién fugado de la prisión. «Quien no sabe de penas / en este valle de dolores, / no sabe de cosas buenas, / ni ha gustado de amores, / pues penas es el traje de amadores»” (Reglas, p. 234).


Estas carmelitas, que tanto conocen nuestra institución y tanto se han ofrecido en estos últimos años por la unidad de los Cruzados, se inmolan lentamente por la Iglesia y por sus misioneros. Para quienes lean estas líneas y nunca se hayan acercado a un Carmelo a visitarlas, les aconsejo que no pierdan esta oportunidad. De esa forma valorarán en su justa medida qué misión cumplen ellas en esos conventos.

Teresa con Teresa

Por Ana Miral

Nos vamos de boda. Maribel y Emilio, padres de Teresa de la Inmaculada y de la Santa Faz, nos invitaban un mes antes a esta celebración tan especial.

En Tricio (La Rioja), 8 de febrero, cuatro y media de la tarde. Teresa, junto a sus catorce hermanas, entran en procesión con candelas encendidas cantando suavemente. Al otro lado de la clausura, Maribel y Emilio, cada uno, a izquierda y derecha de la reja, once sacerdotes y 200 fieles esperamos el inicio de la celebración. Domingo frío en el que las montañas de alrededor y los campos están cubiertos de nieve, pero en ese pequeño convento, quince corazones llenos de fuego por amor al Señor encienden el hogar y dan calor a la Iglesia, esposa del Señor.

El párroco de Tricio hace de maestro de ceremonias, mientras el padre Santiago Arellano celebra la Eucaristía. Con palabras sencillas va explicando todos los momentos de la celebración. Cómo Teresa se desposa con el Señor y se apodera de todos sus méritos.

Se hacen las lecturas: “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”. Llega el momento del desposorio. Maribel y Emilio acompañan llenos de emoción a Teresa entregándosela al Señor para salvar almas. Se le pregunta si viene libremente y si quiere ser la esposa. Un sí alto y claro resuena en toda la capilla. Le ponen en la cabeza la corona de flores y recibe la regla del Carmelo. En ese momento me acuerdo de que Emilio, cuando iba a trabajar, le pedía al Señor: “Conquista el corazón de mis hijos”.

El P. Santiago Arellano, nos dice que Teresa vive en Nazaret, con la familia íntima del Señor. Como María, siendo la esclava de Dios y guardando todo en su corazón bajo la protección de José, imitando su silencio y obediencia, y como Jesús, que en la clausura del Sagrario vive desde hace más de veinte siglos, todos juntos alabando a Dios.

Me acuerdo de cómo conocí a Teresa en el campamento de 2011, celebrando el 50 aniversario de la Milicia. Me llamó la atención su forma de mirar el Sagrario. En el viaje de vuelta, estuvo pendiente de saludar a María con el ángelus y de rezar el rosario. Volvimos a vernos en la JMJ, donde me contó su encuentro con una monja que sería importante en su vocación. Unos meses después, en unas convivencias con esa hermana, que llevaba rezando por ella desde que se conocieron, Teresa le pide al Señor que le diga dónde la quiere. Ese día la canción empieza: “descálzate, descálzate”. Teresa ya sabe dónde la quiere el Señor. Cuando se da a conocer que se va monja de clausura, da su primer fruto visible: otra amiga que llevaba algún tiempo luchando para dar ese sí, se decide y unos meses más tarde ingresa en otro convento.

Uno de los muchos momentos emocionantes de la ceremonia es la coronación. La corona es la alianza entre Dios y la carmelita. La corona del día de su profesión la utilizan en los momentos señalados de su vida y se entierran con ella para simbolizar la unión que ya no tendrá fin.

Terminada la ceremonia, Teresa se postra y las hermanas le echan pétalos de rosas sepultándola para el mundo.

Volvemos rezando el rosario por ella, la Comunidad y sus padres.


Gracias, Teresa, por tu sí. Sé fiel y feliz

Por la música a Perú. Entevista a Pablo Sanz

Por Redacción Estar

Pablo Sanz es estudiante de INEF y futbolista, además de Cruzado de Santa María, claro. Y este verano, con un grupo de nueve militantes, tiene planificado ir a misiones a Perú. Para ello han puesto en marcha todos sus recursos y, con el fin de poder pagarse el pasaje, han decidido organizar un concierto de música (porque Pablo es también cantautor) y por medio de la música, lanzar un mensaje de evangelización y conseguir fondos. Hablamos con Pablo de esta faceta personal y de cómo utiliza la música para la evangelización.


Cuéntanos, ¿por qué has organizado este concierto de ‘Rumbo a Perú’?

La idea nace de varios sitios a la vez. En primer lugar me gusta la música y cantar, también me gusta escribir mis propias canciones y me gusta compartirlas. Por otro lado este verano nos vamos a Perú de misiones y necesitamos dinero y ésta era una posible forma de conseguir un poco. Y con muchos pocos lo conseguiremos. Finalmente el viaje misionero a Perú me parece que es una actividad que debemos contar a todo nuestro alrededor, para que sepan que hay jóvenes que quieren ayudar; que hay gente que necesita ayuda y el concierto y la invitación al mismo era una forma de darlo a conocer y contárselo a la gente.

¿Crees que la música puede ser un vehículo para la evangelización?

La música es capaz de cambiar estados de ánimo, incluso de crear pensamiento según el estilo de música que escuches y las ideas de esos músicos. Es fácil de compartir y resulta atractiva a todo el mundo. Es algo que la gente de hoy tiene casi las 24 horas del día. Sólo por esto ya debería ser un vehículo para la evangelización.

También pienso que es algo más que un instrumento útil para evangelizar, es una manera de colaborar en la obra creadora de Dios y una manera más en la que se refleja la belleza detrás de la que se esconde Dios. Yo pienso que, aunque nadie me escuchara, la música me evangeliza a mí.

¿Cuál fue tu experiencia en el musical ‘Hijos de la libertad’?

Mi experiencia en el musical fue muy positiva. Estoy muy agradecido a todo lo que pudimos vivir realizando la obra. Humanamente fue una escuela para mí: cómo hablar, cómo moverme, cómo colocarme, cómo superar los nervios, cómo solucionar problemas y muchas más cosas que me son muy útiles en mi día a día. En el momento no era muy consciente de lo que podría suponer para los demás ver el musical, ahora creo que silenciosamente ayudó a mucha gente. De lo que sí que era consciente era del bien que nos hacía a los que lo representábamos.

Pero también cantas en otros ámbitos, como en las Galas de INEF... ¿Es ahí también música evangelizadora?

Trato de que lo sea, he cantado ahí dos años y he cantado canciones de amor y de amistad que no hablan directamente de Dios, aunque sí lo nombran, pero creo que sí que hablan del amor y la amistad cristianos, y ese mensaje choca entre mis compañeros. Además siempre aprovecho antes de las canciones y las explico un poco, por si alguno no se fija en la letra, para que se lleve el mensaje.

¿Puedes contarnos alguna anécdota en el que la música te haya abierto las puertas para el diálogo con personas no creyentes?

Por querer compartir la música tengo una cuenta en Youtube donde subo algunas canciones, al subir una que se llama “cachito de cielo” y habla de Dios eucaristía, un compañero me escribió diciéndome que le había gustado mucho pero que cambiaría tres palabras para mejorarla (Señor por Amor, pan por mar, arrodillado por acurrucado) y sería una canción de amor muy bonita; aproveché la ocasión para hablar del tema con él y tratar de explicarle que tenía más sentido de amor para mí sin cambiar la letra.

¿Cuál es la clave para entender tu música? ¿Cómo expresión de tu propia vida?

Escribo muchas canciones y de muchos tipos (tipos de mensaje, las canciones son todas casi iguales). De lo que más escribo es de mi vida, lo que siento o lo que vivo, pero la mayoría no salen de mi ordenador. También me gusta escribir canciones a la gente que me rodea y tengo unas cuantas canciones a amigos y cercanos y, por supuesto, a Dios y a María como forma de comunicarme.

La mayoría de las canciones tiene una historia detrás que conociéndola ganaría significado cada línea, pero también hay otras que son puramente artísticas en las que simplemente quiero decir algo y me invento una historia.

Aparecen muchas personas en tus canciones. ¿Es una forma de diálogo con esas personas?

Claramente sí, es una forma de decir a esa persona todas las cosas que me gustaría decirle y que, por lo que sea, no me sale en la conversación; también es una manera de mostrar mi cariño y de decirle que me importa (aunque luego sea muy mala la canción). Es, simplemente, un detalle que habla por sí solo.

¿Y también un diálogo con Dios?

La música es clave en mi vida de oración, muchas veces improviso melodía para hablar con Él, es como mejor me sale decirle lo que siento. La música en general me ayuda mucho a entrar en diálogo con Dios, me ayuda a poner palabras a vivencias espirituales e incluso a descubrir qué me está pidiendo Dios en ese momento al verlo reflejado en la canción.


Sí, me acuerdo mucho de san Agustín: Quien canta, ora dos veces

Crónica del V encuentro "Laicos en marcha"



Por Samuel García

El fin de semana del 14-15 de febrero, en Getafe (Madrid), vivimos el V Encuentro Laicos en Marcha. Quiero resaltar lo de “V” porque parece que cuando un proyecto lleva cinco, veinticinco, cincuenta o setenta y cinco años se vive ese aniversario de una forma más particular. Y es que, sin duda, este ha sido un encuentro muy especial centrado en Santa Teresa (que no en vano es el quinto centenario de su nacimiento) y en la evangelización del mundo; ha tenido como lema una frase de la santa abulense: Estáse ardiendo el mundo.

El encuentro comenzó el sábado a las 10:30 h. en la parroquia Santa Maravillas con la ponencia del P. Ángel Sánchez, carmelita descalzo, y tenía como tema Paralelismos s. XVI y s. XXI: dos mundos en llamas. Fue una llamada a tomar ejemplo de la Santa para nuestra vida cotidiana.

A la ponencia siguió la Asamblea inicial, con lema de Santa Teresa: Eso poquito que era en mí, en la que abundantes testimonios personales y numerosos proyectos hicieron hincapié en la situación actual de nuestra sociedad y en nuestra respuesta evangelizadora. “La Carpa”, “The City”, los “Albergues Científicos”, la “Historia Interminable”, iniciativas navideñas, “Sabor y Saber”, el “Congreso Familia y Vida” son solo ejemplos de como eso poquito que era en mí puede aportar mucho a un mundo que arde.

Mientras los mayores realizaban estas cosas, nuestros “pequelaicos” hacían sus propias actividades cuidados y orientados por sus educadores. Los más pequeños aprendieron a hacer de su casa un cielo y alegraron el Encuentro con sus estrellas; mientras, los más mayores visitaban un centro psiquiátrico llevado por los Hermanos de San Juan de Dios para ver cómo la Iglesia cuida a los más necesitados.

Acabamos la mañana recibiendo al Señor en una preciosa Eucaristía presidida por el P. Miguel Ángel Íñiguez, Delegado de Pastoral Universitaria de la Diócesis de Getafe, en la que se nos recordó que el Papa nos pide salir a las periferias, unas periferias que están mas cerca de nosotros de lo que nos pensamos.

La tarde del sábado se iniciaba con la Mesa redonda Estáse ardiendo el mundo, para jóvenes y adultos por separado. Los jóvenes trataron temas, lugares, en los que los jóvenes “arden” hoy: desesperanza, falta de moral, las amistades, la familia, la afectividad, el ocio… Cada uno de ellos ilustrados por una experiencia personal de los ponentes que aportaron su visión de la juventud y sus retos para hoy. En la mesa de adultos, moderada por Mª Eugenia Huete, directora de la Fundación COF Getafe, también se analizó el mundo actual, con la presencia de periodistas, educadores y testimonios de cristianos perseguidos.

A las 18:15 h., con un agradable café con pastas de por medio, poníamos en práctica la frase teresiana de esas poquitas que están aquí en la modalidad del Café Creativo. Equipos de personas interesadas en un mismo tema se reúnen para hablar en un grupo reducido. Había cafés para todos los gustos y edades: música para evangelizar, espiritualidad matrimonial, tutorías universitarias, ejercicios espirituales, abuelos evangelizadores, el valor de la vida humana, arquitectura social, la Iglesia y los medios de comunicación... y otros muchos que mostraron la enorme necesidad de Dios en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Para terminar la tarde Jesús Carlos Sastre dirigió un coloquio con vídeo introductorio “Vino nuevo, odres nuevos” en el que se recogía la novedad del Papa y nos dejábamos interpelar por el mensaje evangélico que lanza al mundo. Le siguió el “Papa-forum” donde pudimos compartir lo que el Papa nos decía a cada uno y comentar su testimonio que atraía y sorprendía incluso a los no creyentes.

Tras la cena, a las 22:00 h. pudimos disfrutar de un maravilloso concierto con canciones versionadas sobre poemas de Santa Teresa de todos los estilos. La música realmente nos hizo profundizar en el mensaje teresiano a ritmo de Rock & Roll.

Empezamos el domingo con la Oración en la parroquia Santa Maravillas para, después, tener la Asamblea final con el correspondiente lema teresiano: no es tiempo de negocios de poca importancia. En la asamblea se comentaron experiencias y proyectos de evangelización acerca de la profesión, los ejercicios espirituales, el “alma-alma” y la familia. “Rumbo a Perú”, “Heading to Wales” (la misión de los militantes este verano en Gales), “Viaje a Narnia”—y otros muchos— que buscan acercar el mensaje del evangelio a los que todavía no lo conocen. La asamblea concluyó con unas palabras del Director General de los Cruzados de Santa María, José Luis Acebes, que nos animaba a profundizar en nuestro compromiso con Cristo y los demás.

Acabamos nuestro encuentro con una Eucaristía presidida por el Obispo de la Diócesis de Getafe, D. Joaquín Mª López de Andújar, en las Madres Carmelitas del Cerro de Los Ángeles, donde también pudimos ganar la indulgencia plenaria correspondiente a este V centenario del nacimiento de la santa abulense.

Como a los jóvenes se les quedó corto el Encuentro tuvieron, también en clave evangelizadora, un torneo de fútbol por la tarde en el que participaron 35 jóvenes. Una forma amena de acercarse a la juventud y llevarle el mensaje de Cristo a través del fútbol.

En resumen, un encuentro marcado por santa Teresa y la Nueva Evangelización, un encuentro que, bajo el carisma del padre Morales, nos vuelve a recordar que es la hora de los laicos.


Aquí, el sacerdote es un todoterreno

El misionero burgalés, P. Alfonso Tapia, nos cuenta para ESTAR su último año en Perú

Estamos en época de vacaciones escolares y época de lluvia. Ahora mismo tengo de música de fondo una persistente lluvia y, como acaba de empezar, huele muy rico. Al estar de vacaciones no hay salidas a las escuelas rurales y tengo aquí a los seminaristas. Aprovechamos para hacerles trabajar, que bastante nos cuesta mantenerles durante el año. Además de ahorrar algunos gastos de mantenimiento, les enseñamos a trabajar y a hacerlo en equipo, sea quien sea mi compañero. Nos permite conocerlos, educarlos y corregirlos. Además aprenden a hacer un poco de todo, lo cual les será muy útil mañana pues estarán en lugares donde tendrán que apañárselas solos, o tendrán que supervisar lo que les hacen otros. Aquí el sacerdote es un todoterreno, proviene de familia humilde y sabe lo que es trabajar; pero también es verdad, que si no estamos un poco al tanto, fácilmente se acomoda y busca lo fácil. ¡Cuánto nos cuesta comprender (a mí también) que seguimos a Aquel que vino a ser servido y no a servir! Qué fácilmente nos aburguesamos.

Dos seminaristas de los más mayores, con dos jóvenes de la parroquia, están una semana de misiones en un pueblo a hora y media de aquí. Mañana iré a por ellos para concluir la misión y traerlos, pero no sé si podré llegar. Por las lluvias se producen aluviones y se corta la carretera. Dios dirá. El lunes tenemos que volver, porque es la fiesta del pueblo y será la Misa y los sacramentos que han preparado. En el carro llevo siempre botas de goma, poncho de lluvia, un machete y un pico pequeño. En invierno, además, un azadón. Me han sacado de bastantes apuros. De todas formas, cuando veo que no se puede, media vuelta. Aquí no existe la grúa, ni para lo bueno, ni para lo malo. Gracias a Dios en muchos lugares ya entra el teléfono móvil.

En estos meses también ocurren desgracias. Ayer estuve llevando unos pocos víveres y ropa a seis familias afectadas por el desborde de un pequeño riachuelo. Dos lo han perdido todo, incluida la casa. El resto podrán recuperar la casa y poco más. Como todo son montañas, cuando talan árboles para sacar madera, deberían limpiar y no dejar ramas, troncos, etc., pero no lo hacen. Cuando llueve fuerte se forma una represa que acumula mucha agua, hasta que revienta y se viene con todo: agua, barro, piedras, palos, etc., arrasando con todo lo que encuentra a su paso. En esta ocasión, aunque fue a media noche, olieron el barro y salieron corriendo. Otras veces se los lleva a ellos. Quedan por lo menos dos meses de lluvia. En ocasiones está toda la noche tirando agua hasta las 9 ó 10 de la mañana. Por supuesto, no hay seguro de vivienda, ni nada que se le parezca.

La sensación de impotencia es una de nuestras fieles compañeras. Fácilmente puede degenerar en rabia y renegadera, siendo muy dañina. Yo he descubierto una forma de superarla, aunque no siempre lo hago. Ha sido a partir de una película, “Todopoderoso”, en que me di cuenta que Dios también sufre esa impotencia cuando yo no respondo a sus invitaciones para ser mejor, para compartir, hacer tal o cual obra, o sacrificio.

Ya sabéis que hemos celebrado el Centenario de la Parroquia. El año pasado por estas fechas estaba enredado con el Calendario. Salió muy bien y creo que casi todos lo tenéis. Ahorita, tenemos también un folleto para los niños, jóvenes y ociosos, y un libro de 185 páginas con unas cuarenta fotos, con lo cual es fácilmente “leíble”. Además es letra grande, pensando en los abuelos y abuelas, como siempre me insistía Mons. Julio (el obispo que me ordenó). Además de la historia, hemos añadido un capítulo: “La parroquia hoy”, con la finalidad de dar a conocer el trabajo que desarrollamos.

El broche de oro será el 26 de febrero, dentro de la Semana Vicarial donde nos reunimos de todas las parroquias del Vicariato. En la noche tendremos una solemne Eucaristía de Acción de Gracias y clausura del Año del Centenario, presidida por el Obispo, Mons. Gerardo Zerdin. Después, en el Salón Parroquial, al que estamos intentando cambiar las 320 butacas, una velada cultural y folclórica, con la presentación del libro, números artísticos, danzas típicas, brindis de honor y bocaditos. Será un alivio clausurarlo.

Último tercio. El año pasado os decía que había sido el año de las operaciones. Lo que no sabía yo es que la historia (clínica en estos casos) no acababa. Dios sigue probando la paciencia de estas personas, y de rebote la mía. Podía contaron un montón de casos. Selecciono uno. El niño que nació con hidrocefalia y le pusieron una válvula en la cabeza para que drene, lo hemos tenido que cambiar dos veces de válvula, porque se obstruye y si no se opera en unos días, le produce la muerte por la presión en el cerebro. El SIS, seguro del Estado cubre la operación, pero no la válvula que cuesta unos 1500 euros. Además, el seguro sólo cubre los tres primeros días de hospitalización, el resto se paga, así como el alojamiento y la comida de la persona que se queda a cuidarlo. Una vez operado no se le puede traer aquí por la distancia y porque hay que cruzar los Andes a 4.818 m de altitud. O sea, que hay que quedarse un mes en Lima, con los gastos que eso implica. Hay otros casos que apoyamos de manera, más o menos, continua; y muchos de forma esporádica. Estos meses de enero a marzo son un rosario de gente, porque la economía está muerta, no hay clases, ni cosecha de nada. Así que hacemos lo que podemos. Gracias a Dios, también hay gente aquí que es muy solidaria y comparte desde su pobreza, sea con ropa, víveres o dinero en efectivo. Así se mantiene la parroquia. ¡Qué Dios los bendiga a todos!

Nuestra savia carmelitana: El amor a la Virgen

Por P. Rafael Delgado

“Tronco ignaciano, pero savia carmelitana”. Con estas palabras remitía el P. Tomás Morales a la fuente que alimentaba la espiritualidad de su obra apostólica. Fácilmente identificamos la raíz ignaciana, los Ejercicios Espirituales, auténtica escuela de vida para formar contemplativos en la acción. Más difícil parece, porque la savia está oculta, explicar en qué se manifiesta el espíritu carmelitano. Pero hay un fruto en el que aparece esa savia que lo vivifica todo y es el intenso amor a la Virgen que queremos, no solo profesar, sino irradiar.

El Carmelo es todo de María

A la hora de definirnos, el P. Morales escribió: La Cruzada, la Milicia, es María. María a todas las almas y nosotros santos por María. Curiosamente, una de las frases típicas de la tradición carmelitana asegura: “El Carmelo es todo de María”1. En efecto, la Orden del Carmen es conocida en la historia de la Iglesia como mariana por antonomasia, consagrada por entero a María desde que nació a finales del siglo XII en el Monte Carmelo, en Palestina. El fin que se proponían aquellos primeros carmelitas era vivir “en obsequio de Jesucristo” imitando las virtudes de la Virgen María2. Su Regla quiere ser una copia de la vida de María.

A Ella se consagran y le prometen sus votos, con detalles de la vida cotidiana que no nos resultan ajenos, como dedicarle los sábados y prepararse para las fiestas de la Virgen con el ayuno. En el siglo XVII dos venerables carmelitas belgas, Miguel de San Agustín y María de Santa Teresa Petyt, explican el modo de vivir “en unión con María”: hacerlo todo “por María, con María, en María y para María” a fin de ser por entero de Jesucristo. San Luis María Grignon de Montfort populariza estas expresiones en su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María, inspirando el “todo tuyo soy, María” de san Juan Pablo II.

La certeza que impulsa a vivir en unión con María es que Ella es la inspiradora de los santos. Como Madre y Maestra espiritual conduce a la santidad, con su dulce y poderosa intercesión, a quien la ama e imita. Hay un signo que expresa visiblemente en el Carmelo la consagración a la Virgen María y es el Escapulario del Carmen. Su simbolismo lo ha explicado san Juan Pablo II, que llevaba el escapulario desde que tenía diez años: La Virgen del Carmen, Madre del santo Escapulario, nos habla de este cuidado materno, de esta preocupación suya para vestirnos con la gracia de Dios y ayudarnos a llevar siempre blanco este vestido3.

Santa Teresa de Jesús, la gran reformadora del Carmelo, se inserta en esta tradición mariana y la expresa con su vivacidad insuperable. Como cuando sienta a la Virgen de la Clemencia en la presidencia de la sala capitular del Monasterio de la Encarnación, con las llaves del convento en sus manos, para decirles a las monjas quién es su verdadera “Priora”. De Ella dirá: “Mi Priora hace maravillas”4, y es que “es costumbre de Dios favorecer a los que de Ella se quieren amparar”5. Por ello, exhorta a las carmelitas: “Hagamos la vida como verdaderas hijas de la Virgen”6. Cada convento carmelitano es una Casa de la Virgen María.

María a todas las almas y nosotros santos por María

Al Siervo de Dios Tomás Morales S.J. le gustaba repetir con santa Teresa: Gran cosa es lo que le agrada a nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre7. Para nuestro fundador, el amor a la Virgen está revestido de fuego apostólico, pues amarla es colaborar con Ella en su misión de llevar a Dios a la humanidad: ¿Qué se aprende en la escuela de la Virgen? Dos cosas: poseer a Jesucristo y dar a Jesucristo8. Quienes hemos sido llamados a vivir este carisma hemos de amar con locura a la Virgen hasta convertirnos en sus “manos visibles” entre quienes nos rodean. El apostolado alma a alma, esencial en nuestro quehacer apostólico, solo puede realizarse “con el dulce nombre de María siempre en el corazón”.


Esto supone vivir el camino de la santidad en medio del mundo “bajo su mirada maternal”. Hazte tan pequeño que puedas caber en el Corazón de la Virgen, aconsejaba el P. Morales. Aquí tocamos el secreto de nuestro estilo de vida. Cada día nos consagrarnos al Corazón de Jesús por medio del Inmaculado de María, unidos a las almas contemplativas y al Carmelo, viviendo la realidad de la comunión de los santos. En esta fuente recibimos las gracias necesarias para aspirar a la perfección del Evangelio en medio del mundo. Este es nuestro ideal: la Virgen nos moldea en el Hágase y Estar de su Corazón para ser sus manos, sus instrumentos, en la nueva evangelización. Nuestra savia carmelitana reside en esto: un gran amor a María convertido en entrega, como Ella, al plan de salvación de Dios sobre los hombres.


Notas

1 La expresión es del Venerable Arnoldo Bostio (1445-1499).
2 Nos inspiramos en Rafael Mª López Melús, Nuestra Dulcísima Madre. La Virgen María en la vida y escritos de la Beata Maravillas de Jesús (Madrid 2001). Capítulo introductorio: El Carmelo, orden de María.
3 15 de enero de 1989.
4 Carta a Doña María de Mendoza.
5Fundaciones, 23, 4.
6Ibid., 16, 7.
7Ibid., 10, 5.
8Laicos en Marcha, 269.


Última cuenta de conciencia

Por Javier del Hoyo

La revista Estar quiere ofrecer a sus lectores en este número la última cuenta de conciencia del P. Tomás Morales, escrito inédito aún. Se la dictó a Abelardo de Armas, quien la tomó a mano. Tiene, por lo tanto, mucho de espontáneo e improvisado, y de cierto toque autobiográfico, como veremos. Las ideas salen del corazón, aunque con orden.

Aunque no está fechada, sabemos que fue dictada en la enfermería de los jesuitas de Alcalá de Henares el 5 de septiembre de 1994, a menos de un mes de su fallecimiento. En ella hay dos temas; el paso del primero (pedir disculpas por no haber ido a una clínica de la Seguridad Social) al segundo (trayectoria apostólica en su vida) es brusco y sin ninguna transición, como veremos.

Destaca el tono sincero y de familiaridad del P. Morales, convaleciente aún, con su P. Provincial, a quien trata de tú (recordemos que en el anterior número publicábamos otra carta de 1956 en que el trato al Provincial del momento era de usted), y a quien comienza pidiendo perdón por no haber ido a una clínica de la Seguridad Social, tal y como el provincial le dijo que sería lo propio de un jesuita.

¿Qué es realmente una cuenta de conciencia entre los jesuitas? En la Compañía es un recurso esencial en la práctica de la obediencia; un elemento más que ajusta, pone a punto y perfecciona su vida religiosa. El jesuita, sujeto a obediencia, revela todo lo que sucede en su alma, las gracias que recibe y las tentaciones que soporta, de modo que su superior pueda enviarle en misión con más prudencia y seguridad. La cuenta de conciencia se renueva cada año, de modo que el jesuita y su superior pueden evaluar y confirmar la misión juntos. La confianza que debe definir la obediencia es mutua. Los jesuitas al obedecer hacen un acto de confianza en el superior, y el superior hace un acto de confianza en ellos cuando les confía una misión. Esta confianza se basa en que el superior considera que cada jesuita es una persona que practica el discernimiento, esto es, alguien que busca la familiaridad con el Señor en la oración, que desea estar libre de afecciones desordenadas y que, de este modo, se abre a sí mismo a la guía del Espíritu, porque desea siempre descubrir la voluntad de Dios.

Resulta realmente interesante y sorprendente la confidencia final. Hemos respetado las grafías y los signos de puntuación del original. Las notas explicativas son nuestras.

***

Cuenta de conciencia

Rvdo. P. Provincial

Provincia de Toledo

Mi querido padre:

En la anterior, y única por ahora cuenta de conciencia, que me tomó en las semanas de mi residencia en Chamartín, le pedí perdón por el disgusto que le di al irme a operar a la Clínica de La Luz.

La caída fue en Ávila, como tú sabes. Estuve en la Clínica de Santa Teresa tres horas más o menos, llevado por los cruzados que entonces ocupaban Tellamar. Se lo habían dejado las cruzadas por ser la semana de Pascua. (Esa clínica está acogida a la Seguridad Social “SERAS”, “ADESLAS”, “Fuencisla”).

Me trajeron a Madrid en una ambulancia “supino rostro arriba”. No estaba en disposición de saber si “La Luz” pertenecía a la Seguridad Social.

Se me olvidó en la cuenta de conciencia que te di en Chamartín añadir un detalle. Te decía por orden de mis superiores dejé el Hogar del Empleado, el 16 de marzo de 1960. Me destinaron a ICADE y allí organicé los “mandos intermedios” para las Empresas, sirviéndome de antiguos compañeros de estudio que me encontré recién venido a España para estudiar Teología en Granada.

Estos compañeros de estudio eran ya Presidentes o Consejeros Delegados en las referidas Empresas. Estuve en ICADE año y medio hasta mediados de octubre del 61 que me destinaron a Badajoz, hasta que me trajeron a Madrid con los cruzados a mediados de noviembre de 1963.

Me insinuabas tú que podría escribir mi vida y te recordaba que Abelardo de Armas tiene ahora los datos que escribí entonces1.

Como el viernes próximo día 9 a las 12.30 tengo que entrevistarme con el Dr. Palacios2, ya veremos vista la radiografía, cómo me encuentro. Te llamaré por la tarde con el resultado.

Estoy muy agradecido a que me hayas destinado a Alcalá3. Aparte de los ejemplos que he aprendido, como te decía en mi anterior carta, en respuesta a tu afectuosa postal4 desde La Guardia, en especial del H. Marcial5 y de todos he aprendido, me ha enseñado a andar. Llegué aquí con dos muletas y ya ando sin bastón.

En unión recíproca de oraciones, quedo tuyo siempre porque después de la cuenta de conciencia de Chamartín nos hemos conocido más y nos queremos.


Tomás Morales

Notas del documento

1Se refiere a todos los escritos sobre el nacimiento de la institución que comenzó a redactar en octubre de 1961: Génesis y desenvolvimiento, Historia íntima de un movimiento (inédito aún), Forja de hombres, etc.

2Se trata del Dr. José Palacios Carvajal, célebre traumatólogo, pionero en la implantación de prótesis de cadera y rodilla, y el primer español en diseñar un modelo protésico que fue comercializado en todo el mundo. Él fue quien le operó de la cadera en la Clínica La Luz de Madrid el 7 de abril de ese mismo año.

3Esta confidencia es muy reveladora, porque sabemos lo que le costó en julio de ese año el traslado de la enfermería de Chamartín a la de Alcalá. Él pensaba que a finales de julio iba a regresar a la casa de las Cruzadas, de donde había salido el 10 de junio, y desveló su sentimiento a Abelardo: “¿Te parece que le diga al Provincial que esa decisión me destroza por dentro?”

4“Tu anterior carta” en la primera redacción, que aparece tachado y sobreescrito encima “tu afectuosa postal”.

5El hermano Marcial Morales, antiguo miembro del Hogar del Empleado y dirigido suyo en aquellos primeros instantes hasta entrar en la Compañía, fue la primera vocación religiosa del naciente Hogar del Empleado, que entró en los jesuitas el 7 de diciembre de 1948. Estuvo destinado gran parte de su vida religiosa en la enfermería de Alcalá de Henares. Con él se entendió muy bien.


El Carmelo en las conversiones

Por Jesús Amado

En este año, V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, y en este número de Estar dedicado a El Carmelo y la Cruzada, parece oportuno dedicar esta sección Uno de los nuestros de la revista a la influencia de la espiritualidad carmelitana en algunos conversos.

El caso más conocido es el de Edith Stein, judía convertida al catolicismo. La lectura a lo largo de una noche, en el verano de 1921, del Libro de la vida de santa Teresa de Jesús, supuso —en palabras de la propia Edith— el fin de mi búsqueda de la verdadera fe.

Merece la pena volver a leer su propio testimonio: El peso definitivo que inclinó la balanza hacia el lado del catolicismo ha sido la lectura de un libro. Su autora es una gran mujer de espíritu universal: Teresa de Jesús. Sus páginas me cautivaron ya desde la primera, de tal manera que me resistí a interrumpir la lectura, por más que avanzaba la noche. En lo redactado hallaba respuestas a muchas de mis inquietudes; además expresadas con una frescura y lucidez femeninas como no he encontrado en ninguna otra obra. Ese libro es ‘Vida’. Por entre sus líneas he sentido fluir en todo su vigor la vida de una mujer inquieta también por saciar su sed de verdad. Nadie como esta santa carmelita me ha mostrado un Dios tan cercano, tan familiar, con el cual entablar una relación de verdadera amistad; un Dios al que trata de tú a tú —algo inconcebible para la piedad judía—. Este es el Dios en el que quiero creer, en el Dios experimentado por Teresa. ¡Aquí está la verdad!

Hoy la veneramos como santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Tres años después, en marzo de 1924, una joven francesa de apenas 20 años, Madeleine Delbrêl, se encuentra también con santa Teresa de Jesús. Esta joven, que años antes se declaraba atea —no aceptaba la incoherencia del mundo que la rodeaba afirmando con mucha seguridad: Dios ha muerto, viva la muerte— escribía posteriormente: Reflexioné durante meses. La hipótesis Dios me parecía posible. Tomé la decisión de rezar algunos minutos. Con ocasión de un encuentro, oí hablar de Teresa de Jesús, la Santa de Ávila. Ella recomendaba rezar cada día, pensar silenciosamente en Dios durante cinco minutos. Así pues, por primera vez me puse a rezar de rodillas para evitar todo idealismo. Y fui deslumbrada por Dios.

Así fue su conversión. Que le llevó a dedicar el resto de su vida a vivir como laica en las periferias comunistas de París proclamando a Cristo con su palabra y escritos. Está introducida su causa de beatificación.

Pero miremos a otro gigante de la familia carmelitana: san Juan de la Cruz. Deseo finalizar plasmando un pasaje de la narración que en el libro De la kipá a la cruz realiza autobiográficamente Jean-Marie Élie Setbon, un judío que se convirtió al catolicismo en el año 2008 después de un proceso de búsqueda de la Verdad largo, complicado, casi agotador. Sin duda un camino de pura coherencia.

En su inquietud por la Verdad dice literalmente: Septiembre de 2007, estoy ante la televisión con mis hijos, ‘zappeando’ de canal en canal para encontrar una buena emisión, cuando caigo ‘por azar’ en una película que cuenta la vida de Karol Wojtyla. No conocía gran cosa de él, aparte de lo que dicen las noticias y, desde luego, nunca tuve un interés particular por Juan Pablo II. Sin embargo, por loco que pueda parecer, una escena de ese telefilm me conmueve y me interpela. Cuando el futuro Juan Pablo II es joven y hace teatro, un hombre le da un libro de san Juan de la Cruz. Más tarde, él lo regala a su vez a uno de sus amigos judíos. En el momento preciso en que oigo la palabra ‘cruz’ y el nombre de ‘Juan’, me sobresalto y me digo: ‘¡Ese libro es para mí, lo necesito!’. Enseguida, decido ir a comprarlo en cuanto sea posible. Así es como el Señor me puso en camino.

Algunos días más tarde, puedo por fin ir a La Procure. Para no perder el tiempo, me dirijo enseguida a una librera, al azar, y le pregunto si tiene libros de san Juan de la Cruz. Ella me mira, sorprendida, como si fuese algo evidente. Estoy confortado, pero también impaciente. ‘En la sección de santos’, me responde. Eso no me sirve de mucho. Ella me acompaña. Saco un libro al azar. Se trata de Llama de amor viva, un libro que escribió para una laica. Es su última obra, la que resume todas las demás. La abro allí mismo y la hojeo. Ni uno ni dos, decido comprar todos los libros de san Juan de la Cruz en edición de bolsillo.

Desde ese día, todas las mañanas, leo a san Juan de la Cruz en el desayuno. Aprecio mucho lo que ha escrito, porque es algo vivido y experimentado. Lo leo incluso cuando no tengo ganas. Por fidelidad. Es mi hermano mayor.

Un año después se bautizó adoptando un nuevo nombre. Dice a ese propósito: Mi nombre de bautismo es Jean-Marie Élie. He dudado un tiempo si llamarme Pablo, pero conservé finalmente el nombre de Jean que me dieron mis padres, el de mi abuelo y de mi evangelista preferido (san Juan). ¿Hace falta que explique por qué elegí María? En cuanto a Elías, es el nombre que me puse cuando estuve en Tierra Santa. Supe luego que el profeta Elías era el patrón de los Carmelitas. Por otra parte, varios judíos convertidos se hicieron carmelitas, como Edith Stein y Hermann Cohen. La misma Teresa de Jesús procedía por línea paterna de una familia de judíos conversos. También san Juan de la Cruz tenía ascendientes judíos.


Hemos escogido tres ejemplos refulgentes de personas que encontraron a Dios por medio del espíritu de Santa Teresa, pero son legión los que se han acercado —y se acercan— a Dios por el influjo del Carmelo.

"Lo que nunca puede faltar" (y II)

Por Juan Rodríguez


Claves sobre la autenticidad de la vida cristiana a la luz de la Evangelii gaudium

En una primera parte veíamos cómo uno de los ejes sobre los que gira la Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium es la grave advertencia que nos hace acerca del peligro de la mundanidad espiritual, que se da cuando la vida de aquellos que aparentemente poseemos sólidas convicciones doctrinales y espirituales [80] se diferencia poco o nada del mundo que nos rodea. Es el ejemplo de nuestra vida, guiada por el mandamiento del amor, el que da autenticidad a nuestra fe. La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha [195] Ese amor, seña de identidad de la vida del cristiano, debe concretarse en nuestra actitud de entrega a quienes nos rodean y de forma específica a aquellos más necesitados.

Un error en el que podemos caer y que fácilmente nos llevará a relativizar esta exigencia evangélica es la reducción de la acción evangelizadora únicamente a la dimensión espiritual. El error contrario, del que ampliamente hemos sido prevenidos, consistiría en reducirla solo a su faceta asistencial, asemejando por tanto la acción de la Iglesia simplemente al de una gran ONG. Pero es la primera situación la que con más probabilidad se puede dar en nuestro entorno eclesial y podría esconder tras de si una visión dulcificada del Evangelio plasmada en una vida cristiana cómoda o aburguesada. No es posible separar el anuncio del Evangelio del amor al prójimo. Si no, estaría más cerca de un activismo proselitista que de su verdadero sentido: la entrega a los demás de nuestra vida y, con ella, de lo mejor que tenemos y podemos ofrecerles. Pero ese amor al prójimo abarca toda su persona y todas sus necesidades. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien [199]. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad [177]. Sin la opción preferencial por los más pobres, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día [199].

En este mismo sentido, cabe relativizar este mensaje argumentando que nuestra labor o nuestro carisma tienen que ver solo con la atención a la pobreza espiritual, es decir, la falta de la dimensión espiritual o del conocimiento de Jesucristo en aquellos que no tienen por qué sufrir otros tipos de pobreza. También excusándonos en que en nuestro entorno no nos encontramos con otro tipo de pobreza más que ese. Aunque el sufrimiento humano y la exclusión pueden aparecer también en nuestro círculo más cercano (y debemos ser sensibles a ellos), en general la sociedad nos lleva a vivir en nuestra burbuja, con escaso contacto con esas personas a las que ella misma descarta y desecha. La respuesta del Papa es clara: no nos puede faltar jamás la “opción” (si opto por algo y no lo tengo cerca, voy a buscarlo) por los “últimos” (que no son habitualmente las personas con las que nos solemos relacionar). Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, ‘los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio’ [48].

En la Iglesia existen múltiples carismas y cada cristiano o institución eclesial debe ser fiel al suyo de la mejor manera posible, pero éste es para todos un carisma universal. No es posible dejarlo de lado aduciendo que en la Iglesia ya se encargan otros de ello. Es un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermenéutica eclesial tiene derecho a relativizarlo [194]. Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente [201]. Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución... Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos [207].

¿Qué presencia tiene en nuestra vida individual, familiar o de grupo esta “opción por los últimos”? Sin duda que estas palabras del Papa, que no hacen más que recordarnos uno de los aspectos esenciales del Evangelio, nos obligan a planteárnoslo muy en serio.
Sea como sea la forma en que se concrete, no olvidemos que esta “opción” es signo de autenticidad de la vida cristiana y, por tanto, abarca no solo una parcela de la vida o acciones aisladas, sino la vida entera de forma global y coherente. Cuando en los cristianos permanece viva la fuerza del Evangelio, ella transforma los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes de inspiración y los modelos de vida (E.A. Evangelii nuntiandi, Pablo VI). ¿Qué tipo de opciones o actitudes serían esas?

La limosna. Compartir lo que tenemos con los que lo necesitan no solo es un acto de generosidad. También lo es de justicia. De ahí que la conversión cristiana exija revisar especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común [182]. la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde [189]. Para los que vivimos en la opulencia de occidente, que acapara mucho más de lo que le corresponde, com-partir con los que lo necesitan es simplemente restituirles lo que es suyo. Ya Jesús en el Evangelio nos dejó claro que no se trata de dar de lo que nos sobra (Mc 12, 41-44).

La austeridad de vida. Muy relacionado con lo anterior: poco puede compartir quien gasta casi todo lo que tiene. Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren la miseria, cualquier derroche, despilfarro o malgasto de dinero que pueda hacer cualquier gobernante o ciudadano se convierte en algo escandaloso y totalmente injusto (Pablo VI. Populorum progresio 53). Pero no se trata solo de evitar el derroche sino de una verdadera austeridad de vida. Si el 10% de la población del mundo acapara el 85% de los recursos, solo habrá para todos si quienes más tenemos somos capaces de vivir con menos. Hay que repetir que ‘los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás’ (Pablo VI. Populorum progresio 265) [190]. Como dice un lema de Cáritas: “Vive sencillamente para que, sencillamente, otros puedan vivir”.

Aquello de lo que hablamos traduce lo que se mueve en el corazón. ¿En qué nos formamos o de qué tratamos en las reuniones de nuestras comunidades cristianas? ¿De qué asuntos debatimos con los amigos o compañeros? ¿En qué luchas nos embarcamos, aunque solo sea con la palabra? La Iglesia escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas [188]. En cada lugar y circunstancia, los cristianos, alentados por sus Pastores, están llamados a escuchar el clamor de los pobres [191]. Si no somos altavoces de este “clamor” y no luchamos por ello aunque solo sea con la palabra, puede ser que estemos viviendo como si los pobres no existieran. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas [198]. En este sentido probablemente iban dirigidas las palabras del Papa cuando comentaba que hablamos mucho de unos determinados temas y muy poco de otros que son igual o más importantes.

El examen de nuestro amor. El mensaje evangélico acerca de qué es lo que al final verdaderamente importa es claro: “Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 31-36). “…cuanto hicisteis a alguno de esos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Siempre la Iglesia ha identificado a esos “hermanos míos más pequeños” con los pobres, débiles y sufrientes.

Hemos planteado actitudes concretas en las que se puede reflejar en nuestra vida la opción por los más necesitados. Pero la respuesta a esta llamada universal implica una entrega de al menos parte de nuestro tiempo, cualidades y energías… el pedido de Jesús a sus discípulos: ‘¡Dadles vosotros de comer!’ (Mc 6,37), implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos [188]. Tanto la entrega concreta de nuestro tiempo como las actitudes que impregnan la vida en su conjunto son necesarias como signos de autenticidad de ese camino al que hemos sido llamados. El tiempo dedicado a una acción social, voluntariado o una limosna que no nos supone nada, podrían reflejar solo un intento de tranquilizar nuestra conciencia si no se acompañan de otras actitudes que confirmen que estamos ante un compromiso que implica la vida entera. En cuanto a todo aquello que suponga nuestra dedicación y tiempo, no es necesario concretar mucho pues, aunque hablemos de un carisma universal, Dios llama a cada uno a plasmarlo de una manera personal y única, que puede incluso variar según nuestras circunstancias. Por eso nunca deberíamos juzgar a otros por lo que hacen o dejan de hacer en este sentido, sino preocuparnos por no ser sordos a la tarea a la que estamos llamados cada uno. Pero cuando habitualmente en nuestra vida personal, familiar o de grupo, no hay sitio ni tiempo para atender a los que más sufren, debemos plantearnos que algo falla, porque nos falta aquello que “jamás debería faltar”. Siempre estamos a tiempo de reorganizar nuestra vida personal o de familia, nuestras ocupaciones y prioridades, para hacerle sitio a aquellos a los que casi nadie tiene en cuenta.


Terminamos con unas bellísimas palabras del Papa Francisco en esta Exhortación Apostólica, que es sin duda un espléndido regalo para la Iglesia: Esta opción por los pobres —enseñaba Benedicto XVI— ‘está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza’. Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos… Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos [198].