domingo, 1 de febrero de 2015

A cualquier cosa le llamamos "En marcha"

Por Santiago Arellano
Laicos en marcha, en el año de la más andariega de nuestras santas, me ha inspirado un rompecabezas de tres piezas o jeroglífico. La primera es un fragmento del poema de Mío Cid. Ojo: obligados a leerlo simbólicamente. Nuestras espadas y nuestros sudorosos caballos han de ser de otro material. Me lo ha inspirado el dicho de Teresa de Jesús: tener “ánimos animosos” y su sentencia: “Porque vida es vivir de manera que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida”. Aquí encaja el Cantar. Terminada la batalla contra Yusuf, a las puertas de Valencia, se dirige El Campeador hacia sus hijas y hacia su esposa Doña Jimena y, sin descabalgar todavía, les comenta:
“Ante vos me humillo, damas, gran honor os he ganado, vos me guardabais Valencia y yo vencía en el campo. Esto Dios lo quiso así, y con Él todos sus santos, cuando por venir vosotras tal ganancia nos han dado. Ved esta espada sangrienta, ved sudoroso el caballo, es así como se vence a los moros en el campo”(V. 1748-1754).
Claro; ánimos animosos que emplean los medios sin desfallecer.
Segunda Pieza. Volvamos a Santa Teresa y su solo Dios basta (Libro de las Fundaciones, cap. 27,11). Sin comentarios.
“Plega a Su Majestad que nos dé abundantemente su gracia, / que con esto no habrá cosa que nos ataje los pasos para ir siempre adelante en su servicio, y que a todas nos ampare y favorezca para / que no se pierda por nuestra flaqueza un tan gran principio como ha / sido servido que comience en unas mujeres tan miserables como / nosotras. En su nombre os pido, hermanas e hijas mías, que / siempre lo pidáis a nuestro Señor, y que cada una haga cuenta de / las que vinieren que en ella torna a comenzar esta primera Regla / de la Orden de la Virgen nuestra Señora, y en ninguna manera se / consienta en nada relajación. Mirad que de muy pocas cosas se / abre puerta para muy grandes, y que sin sentirlo se os irá entrando / el mundo. Acordaos con la pobreza y trabajo que se ha hecho lo / que vosotras gozáis con descanso; y si bien lo advertís, veréis que / estas casas en parte no las han fundado hombres las más de ellas, / sino la mano poderosa de Dios, y que es muy amigo Su Majestad / de llevar adelante las obras que Él hace, si no queda por nosotras”.
Trabajadores hacia su casa
La tercera pieza es una obra de Edward Munch. Los expresionistas nunca son gratos a la vista. Su belleza se sustenta en lo que nos pretenden decir. He aquí un grupo de trabajadores en marcha. Por la amargura de sus caras sombrías y de sus gestos y atuendos, parece una huida. Caminan rápidos. El título nos aclara hacia dónde van:·“Trabajadores hacia su casa”, su refugio. Cosas de nuestro tiempo. No ir, sino huir. El tiempo mayor, perdido. No es nuestro modelo. Una pista de Santa Teresita de Lixieux: “Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva” (Historia de un alma).
Otro verso memorable del Poema de Mío Cid: “¡Lengua sin manos! ¿cuémo osas fablar?”