domingo, 1 de febrero de 2015

Estáse ardiendo el mundo

Portada Estar 290
Celebramos en febrero el V Encuentro Laicos en Marcha, encuadrado en dos grandes acontecimientos:
  • V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús.
  • El Año de la Vida Consagrada.

Santa Teresa de Jesús es una enorme figura de la historia que supo encontrar la grandeza en la sencillez de la vida normal: si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor, ayudándonos en lo interior y exterior. (Fundaciones 5,7) Y, además, supo enseñar que dar con Él, encontrarle, es hallar el tesoro escondido que nos proporciona todo bien.

Teresa de Cepeda, Teresa de Ávila, Teresa de Jesús es como la varita mágica que todo cuanto toca pasa a la inmortalidad. Todo lo que toca renace a la vida, decía una de sus monjas.

El Papa Francisco nos ofrece el Año de la Vida Consagrada con motivo del 50 aniversario de la Constitución dogmática Lumen Gentium y del Decreto Perfectae caritatis sobre la renovación de la vida religiosa.

Tres objetivos nos marca el Papa para este Año: Mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión, y abrazar el futuro con esperanza (sf C, Ap I, 1-3 a todos los consagrados)

Santa Teresa y el Papa Francisco nos acompañarán este 2015 que nace con unos objetivos asequibles, diáfanos e inspiradores.

De todo ello iremos dando cuenta en las páginas de Estar. En este número encontramos proyectos ilusionantes como los viajes a Gales y Perú, realidades de vida como los Testimonios y el Mosaico, orientaciones doctrinales como la Misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, documentos inéditos del P. Morales que nos llevan a conocer las raíces de nuestro ser, etc., etc.

Gracias a la generosidad y magnífica disponibilidad del cantautor, Rogelio Cabado, hemos hecho el esfuerzo enorme de editar un CD con canciones y multimedia sobre Laicos en Marcha y el Año Teresiano. El CD se regala con la revista.

Para el V Encuentro de Laicos en Marcha y para el Año de la Vida Consagrada nos hemos vestido de color y puesto en marcha porque estáse ardiendo el mundo (Camino de Perfección 1,5) y nosotros debemos estar ahí, en medio de ese fuego, con el Amor que todo lo sana porque:
Al final del camino
siempre va a ganar
el que haya sabido amar
en este mundo sin tino.

A cualquier cosa le llamamos "En marcha"

Por Santiago Arellano
Laicos en marcha, en el año de la más andariega de nuestras santas, me ha inspirado un rompecabezas de tres piezas o jeroglífico. La primera es un fragmento del poema de Mío Cid. Ojo: obligados a leerlo simbólicamente. Nuestras espadas y nuestros sudorosos caballos han de ser de otro material. Me lo ha inspirado el dicho de Teresa de Jesús: tener “ánimos animosos” y su sentencia: “Porque vida es vivir de manera que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida”. Aquí encaja el Cantar. Terminada la batalla contra Yusuf, a las puertas de Valencia, se dirige El Campeador hacia sus hijas y hacia su esposa Doña Jimena y, sin descabalgar todavía, les comenta:
“Ante vos me humillo, damas, gran honor os he ganado, vos me guardabais Valencia y yo vencía en el campo. Esto Dios lo quiso así, y con Él todos sus santos, cuando por venir vosotras tal ganancia nos han dado. Ved esta espada sangrienta, ved sudoroso el caballo, es así como se vence a los moros en el campo”(V. 1748-1754).
Claro; ánimos animosos que emplean los medios sin desfallecer.
Segunda Pieza. Volvamos a Santa Teresa y su solo Dios basta (Libro de las Fundaciones, cap. 27,11). Sin comentarios.
“Plega a Su Majestad que nos dé abundantemente su gracia, / que con esto no habrá cosa que nos ataje los pasos para ir siempre adelante en su servicio, y que a todas nos ampare y favorezca para / que no se pierda por nuestra flaqueza un tan gran principio como ha / sido servido que comience en unas mujeres tan miserables como / nosotras. En su nombre os pido, hermanas e hijas mías, que / siempre lo pidáis a nuestro Señor, y que cada una haga cuenta de / las que vinieren que en ella torna a comenzar esta primera Regla / de la Orden de la Virgen nuestra Señora, y en ninguna manera se / consienta en nada relajación. Mirad que de muy pocas cosas se / abre puerta para muy grandes, y que sin sentirlo se os irá entrando / el mundo. Acordaos con la pobreza y trabajo que se ha hecho lo / que vosotras gozáis con descanso; y si bien lo advertís, veréis que / estas casas en parte no las han fundado hombres las más de ellas, / sino la mano poderosa de Dios, y que es muy amigo Su Majestad / de llevar adelante las obras que Él hace, si no queda por nosotras”.
Trabajadores hacia su casa
La tercera pieza es una obra de Edward Munch. Los expresionistas nunca son gratos a la vista. Su belleza se sustenta en lo que nos pretenden decir. He aquí un grupo de trabajadores en marcha. Por la amargura de sus caras sombrías y de sus gestos y atuendos, parece una huida. Caminan rápidos. El título nos aclara hacia dónde van:·“Trabajadores hacia su casa”, su refugio. Cosas de nuestro tiempo. No ir, sino huir. El tiempo mayor, perdido. No es nuestro modelo. Una pista de Santa Teresita de Lixieux: “Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva” (Historia de un alma).
Otro verso memorable del Poema de Mío Cid: “¡Lengua sin manos! ¿cuémo osas fablar?”

Pon en tu casa un nazaret

Por José Luis Acebes
Cada Navidad se multiplican por todos los ambientes esas maravillas de inculturación de la fe que son nuestros belenes populares. Este año he tenido la oportunidad de saborearlos en distintos rincones de España y de Perú, tan diferentes pero tan entrañables a la vez. En ellos el mayor de los misterios (al que llamamos “el Misterio”, sin más) se representa rodeado de las escenas más prosaicas: lavanderas, mesoneros, carpinteros, pastores… y hasta cazadores, oficinistas de correos, y animales de toda especie y tamaño tienen su espacio en el belén, para regocijo de pequeños y mayores. Y es que toda actividad humana y toda cultura quieren expresar su estremecimiento por la Navidad y quedan iluminadas por la Luz del Verbo encarnado.
¡Qué interesante sería que popularizásemos en nuestros ambientes, además de los belenes, los “nazarets”, es decir, las representaciones de la Sagrada Familia en su vida diaria en Nazaret! Porque Jesús pasó en esta humilde aldea treinta años, y de su vida oculta ¡sabemos tan poco…! Ha comentado recientemente el Papa Francisco: “Los Evangelios, en su sobriedad, no relatan nada acerca de la adolescencia de Jesús y dejan esta tarea a nuestra afectuosa meditación. El arte, la literatura, la música recorrieron esta senda de la imaginación…” (17-XII-2014) ¡La senda de la afectuosa meditación! ¿No nos recuerda esta forma de orar la invitación de san Ignacio a contemplar “viendo las personas con la vista imaginativa”?
¿Cómo imaginamos la vida de la Sagrada Familia en Nazaret? ¿Cómo sería su vida de familia, de trabajo, de oración, sus relaciones sociales? ¿Cómo serían sus momentos de reunión en torno a la mesa, las conversaciones entre ellos, el ambiente del taller…? Comenta el papa Francisco: “En Nazaret todo parece suceder «normalmente» (…) se trabajaba, la mamá cocinaba, hacía todas las cosas de la casa, planchaba las camisas... todas las cosas de mamá. El papá, carpintero, trabajaba, enseñaba al hijo a trabajar...” (17-XII-2014) ¡Cuánto nos enseña esta vida de asombrosa sencillez!
En nuestros nazarets tendríamos que introducir el conjunto de cuevas y edificaciones de la aldea, su sinagoga, los caminos y los campos de mieses doradas. Pero no podrían faltar en ellos —siguiendo el estilo de la inculturación de los belenes— un supermercado, unos grandes almacenes, un polideportivo, una escuela… y hasta jóvenes con sus cascos y ‘smartphones’, que pasan cerca de la Sagrada Familia, ajenos a la redención que realizan bajo las apariencias más ordinarias.
Porque el Verbo al encarnarse quiso asumir hasta lo más profundo nuestra condición humana excepto en el pecado. Y desde entonces toda actividad humana vivida desde la fe es ámbito de santificación, ya que Él permanece unido a nosotros cuando la realizamos.
¿Cómo abordamos nuestras tareas profesionales, cómo son nuestras relaciones familiares o con la comunidad de vecinos, en la escuela o en la Universidad, en el autobús o en la calle? ¿Pensamos cómo las vivirían Jesús, María y José? No es una consideración meramente imaginativa. ¡Jesucristo las vive con nosotros! Está deseando que le dejemos entrar en nuestros claustros de profesores, en las asociaciones de vecinos y de padres de alumnos, y en los sindicatos, en cada una de nuestras actividades y relaciones.
Por eso el recuerdo de la vida de Nazaret nos hace mucho bien en nuestra vida de laicos en medio del mundo. Pongamos un nazaret en nuestra casa, pero mejor aún en nuestra vida.

Estáse ardiendo el mundo

Por Javier Segura
Santa Teresa de Jesús
Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo —como dicen— pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No es, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia’.
‘Paréceme que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que veía perder. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, que toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo’
Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 1

1.- Estáse ardiendo el mundo

Teresa de Cepeda y Ahumada vivió en un siglo trascendental de la Historia. A caballo entre dos épocas, la Edad Media que se agotaba y el Renacimiento que surgía con fuerza, fue un tiempo de cambios bruscos y de inestabilidades que bien podía describir ella como un mundo que estaba ardiendo.
El surgimiento de los modernos estados, el poderío del Imperio español en su máximo apogeo pero amenazado de ruptura, los nuevos mundos descubiertos, el resquebrajamiento de la Iglesia en el corazón de Europa por la propia corrupción interna y la ruptura protestante… Guerras, revoluciones, herejías, nuevas ideas que ponían en jaque los principios más sagrados y estables sobre los que se sostenía la sociedad.
Pero, ¿no estamos hoy viviendo una situación parecida? ¿No tenemos la sensación de que hoy el mundo está ardiendo a nuestro alrededor?
Vivimos un cambio de época tan fuerte como aquel que vivió Teresa. Ayer de la Edad Media al Renacimiento. Hoy la Modernidad ha pasado, y la crisis de la post-modernidad está dando lugar a un tiempo nuevo. Radicalmente diferente.
Son cambios profundos que van a la entraña más profunda de nuestras vidas. Empezando por la propia concepción del hombre, que con la ideología de género ha dejado de creer en la naturaleza humana. Esto supone una revolución sin precedentes y de consecuencias incalculables, pues si ya no existe una naturaleza humana, si todo es producto de nuestra propia decisión arbitraria, ¿en qué se cimienta el resto de la existencia?
Las principales relaciones humanas, como es la familia fundamentalmente, sufren una crisis, desdibujándose y destruyéndose desde ideologías que manejan el control de los medios de comunicación de masas y los Parlamentos de los estados más poderosos.
Internet es el sexto continente que hemos descubierto en nuestros días, como en su día fue el Nuevo Mundo. Un auténtico universo paralelo, que está acercando pueblos y rompiendo fronteras, pero a la vez está convirtiéndose en una herramienta política y económica de primer orden. Y que ha modificado nuestras costumbres personales y sociales, y hasta la propia psicología de las personas, desdibujando la frontera entre lo real y lo virtual. La información está al alcance la mano, así que ya no necesitamos ni tomarla, ni interiorizarla, ni pensar. Las relaciones son tan amplias como virtuales, con miles de amigos en Facebook, y pocos en el salón de mi casa. Significativo ese cuadro ya habitual de cinco amigos en un banco en el parque hablando entre ellos o con otros… por el móvil, en completo silencio.
Globalización de culturas que difumina identidades, olvido de la propia historia que desenraíza a las personas en un absoluto presentismo, personalidades débiles y quebradizas necesitadas de una tierra firme, que ya no existe, pues hemos comprendido que nada es verdad, que todo es virtual y relativo. Arde el mundo.
El Papa Francisco llega a hablar de que estamos viviendo una Tercera Guerra Mundial, que se desarrolla “por partes” mediante “crímenes, masacres y destrucciones” e invocó la paz para detener la “locura” bélica durante la homilía que pronunció en el cementerio militar de Fogliano Redipuglia.

2.- Quieren tornar a sentenciar a Cristo

Y una avalancha de noticias de África y Oriente Próximo nos hablan de los nuevos mártires que la amenaza fundamentalista islámica provoca, se llame Al Qaeda, Boko Haram o Estado Islámico. Siempre es Cristo al que se quiere tornar a sentenciar en los nazarenos de hoy.
Una brutal persecución ante la que Occidente apenas reacciona. El miedo y el recuerdo de atentados (11 S, 11 M), los intereses económicos muchas veces tan inconfesados como reales, la cortedad en la mirada (mejor pasar inadvertido, esto no me afecta a mí) o simplemente la falta de principios, paraliza a toda una sociedad, comenzando por sus dirigentes.
Pero aún en nuestra sociedad se quiere tornar a sentenciar a Cristo. Un odio a la Iglesia que se disfraza de laicismo se ha metido en todos los estratos de la vida social. Y claman por quitar al crucificado de cualquier lugar público, por eliminar la enseñanza de la religión en la escuela, por encerrar en las sacristías o bajo el propio techo cualquier manifestación religiosa. Un odio a las propias raíces que cada día se hace más beligerante y que difícilmente se puede entender. Una visión de la realidad, una cultura ajena a lo cristiano, que llega a todos los ámbitos de la sociedad, a todos los partidos políticos, a los principales medios de comunicación.

3.- Negocios de poca importancia

“El mundo aún no ha entendido la gravedad de la situación en Irak”, comentaba el arzobispo Luis Rafael I Sako, primado de la Iglesia Católica de los caldeos. Nos lo dicen muchos de nuestros hermanos cristianos que viven en países de persecución. No entendemos la situación y no vemos el peligro.
O no queremos ver. Porque, por miedo, porque la situación nos sobrepasa o porque estamos metidos en nuestro pequeño mundo preferimos mirar a otra parte, a negocios de poca importancia, que diría Santa Teresa.
La post-modernidad nos trajo el fin de las ideologías, de los grandes relatos, y nos llevó a preocuparnos solo por lo pequeño, lo inmediato, lo tangible. Los jóvenes y la sociedad no se mueven ya por grandes principios, sino por sensibilidad e impactos visuales.
Una sociedad que esquiva el compromiso, que no quiere oír hablar de entregas de por vida, que añora una libertad que es principalmente hacer lo que me apetezca en cualquier momento, no es el mejor caldo de cultivo para proponer ideales. Como mucho para negocios intrascendentes. Sencillamente porque no existe la trascendencia. Porque nada importante hay más allá de mí. Porque no hay nada por lo que merezca la pena dar la vida.
Y nos encerramos en nuestro pequeño mundo de videojuegos, viajes y diversión. O en los reducidos muros de una vida anodina. O en los más o menos cómodos espacios de nuestros locales parroquiales.

4.- Me vi ruin e imposibilitada

Pero hay una voz, hoy como ayer, que Teresa supo escuchar, y que hoy resuena con un timbre singular, argentino para más señas, que nos saca de nuestra mirada estrecha y nos llama a salir de nosotros mismos, a mirar a Cristo con renovada ilusión y al apremiante mundo que nos necesita.
Su voz vibrante resonó en Río de Janeiro ante dos millones de jóvenes animándoles a salir a la calle, a tomar en serio su fe, a sumarse a la revolución del amor, a no adorar al dios dinero, sino al verdadero Dios.
Cristo nos sigue llamando de una y mil formas a seguirle, a ir con él, como nos dice San Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales en la meditación del Rey Eternal.
‘Ver a Christo nuestro Señor, rey eterno, y delante dél todo el universo mundo, al qual y a cada uno en particular llama y dice: Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien quisiere venir comigo, ha de trabajar comigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria’ (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, Segunda semana, Meditación del Rey Eternal).
Es entonces cuando surge la confusión al vernos, como santa Teresa de Jesús, tan pequeños, tan ruines, tan miserables. Sabemos que nosotros no podemos hacer nada. Conocemos bien lo que dan nuestras fuerzas de sí.
Pero es el mismo Señor el que nos sale de nuevo al encuentro como a san Pablo, y nos hace entender que Dios escoge a la basura del mundo para que queden manifiestos su gloria y poder. Con María sabemos de nuestra pequeñez, pero hemos aprendido que “para Dios, no hay nada imposible”.

5.- Eso poquito que era en mí

¿Y qué podemos hacer, entonces, en este mundo actual? De Santa Teresa podemos aprender muchas cosas al respecto.
Ante todo aprendemos a ponernos en marcha, a no quedarnos parados, a hacer eso poquito que depende de nosotros. No es tiempo de lamentaciones, sino de caminar. Cada uno a su ritmo, aportando lo que buenamente pueda. Teresa, la santa andariega, nos enseña precisamente a ponernos en camino, olvidando nuestras comodidades. Y a ponernos en esa disposición de: ‘Y yo, ¿qué puedo hacer?’
En segundo lugar, como Teresa, sabemos que hemos de vivir nuestra vida con un ardiente deseo de santidad. La gran aportación de Teresa al mundo y a la Iglesia fue su santidad. Y eso es lo que hoy Dios quiere de nosotros. La Iglesia de hoy necesita ante todo santos, que encarnen el evangelio en el mundo actual. Que se dejen hacer por Dios. Instrumentos dóciles del Espíritu. En ellos la eterna novedad de Dios aportará al mundo de hoy y de mañana las iniciativas concretas que renueven nuestra tierra.
Esa santidad nace de un intenso amor a Dios y a Cristo. Esta fuente de la vida es la que tenemos que cuidar con esmero, especialmente en estos tiempos convulsos. Precisamente cuando el mundo se sume en una mayor inestabilidad y confusión, y parece que la urgencia nos llama a hacer, a movernos, es cuando hemos de afianzarnos en el sólido cimiento de la contemplación. Cristo humanado, que vive a nuestro lado, que nos ama y al que podemos amar, es roca firme donde edificar nuestra vida.
Una santidad, en tercer lugar, que se concreta en la vida ordinaria. En la santa abulense era en el cumplimiento de sus votos, como hemos visto. Y en todos nosotros la gran misión de nuestra vida comienza por vivir en plenitud cristiana nuestra propia vocación, familiar y profesional. Es en la vida cotidiana, a imagen de la familia de Nazaret, donde labramos nuestra santidad. Y donde podemos evangelizar, sin alharacas, pero con la eficacia de lo real, de lo verdadero. De la vida que se manifiesta en obras.
Hay un cuarto punto importante que podemos aprender de Santa Teresa de Jesús. Como ella, hemos de vivir en familia, desde un grupo, en una comunidad cristiana. No hemos de quedarnos solos. Hoy menos que nunca, el cristianismo es para vivirlo en solitario. La santa lo tuvo bien claro desde el principio. En aquella aventura no se embarcó sola, sino que animó a una pequeña comunidad que formaron esos ‘palomarcicos’ de la Virgen que son los carmelos. También nosotros hemos de vivir unidos a otros cristianos, que nos animen, apoyen, alienten. Es ese “procurar que esas poquitas hiciesen lo mismo”, que nos dice santa Teresa.
En quinto lugar, nuestra santa vivió como pocos ese principio de los ecologistas, “piensa globalmente, actúa localmente”. Con la mirada puesta en toda la Iglesia y en el drama que vivía de la ruptura protestante, vio lo que le correspondía a ella hacer, que era empezar una reforma interna, que diese la vida a la Iglesia desde la oración. Y nos lanza este mismo reto a nosotros. Hemos de pensar en toda la Iglesia y hemos de vibrar en sintonía con todos los cristianos del mundo, apoyando las grandes necesidades de nuestro tiempo. Internet y la globalización nos ayudarán a ello. Y, a la vez, hemos de ponernos manos a la obra en nuestro mundo concreto y cercano. Esa será nuestra principal aportación. ¿Qué se me da bien a mí? ¿Cómo puedo ponerlo al servicio de Cristo y de la Iglesia? ¿Qué iniciativas evangelizadoras puedo acometer con mis compañeros de profesión, con esos que también son cristianos? ¿A qué jóvenes de mi entorno puedo orientar y acompañar en su maduración cristiana en este momento de su crecimiento? ¿Quién de mi familia o amigos necesita que le hablen de Cristo, que le alienten en su esperanza? ¿Qué persona de mi entorno está enferma o en necesidad y puedo yo echarle una mano? Y como estas, otras tantas preguntas que nos hacen aterrizar y empezar a trabajar en lo que tenemos entre manos.

6.- Mil vidas

Estamos en un momento de cambio radical. Un tiempo que se acaba y otro nuevo que empieza. El fin de la modernidad y el inicio de una nueva época que en su día bautizarán como quieran los historiadores.
Pero, con San Agustín, sabemos que lo que sea esa nueva sociedad nueva no está predeterminado, sino que depende en gran parte de nosotros. Porque “nosotros somos los tiempos”, nosotros construimos la sociedad en la que vivimos. Si santa Teresa decía que ofrecería mil vidas por una solo alma, nosotros debemos poner al menos una, la nuestra, al servicio de Dios en este momento trascendental. “Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?”
Así, con la esperanza puesta en el Señor de la Historia, como decía el obispo de Hipona al contemplar la caída del Imperio a manos de los bárbaros, también hoy podemos decir, “no temáis, este no es un mundo que termina, sino un nuevo mundo que comienza”.

Un verano en las periferias

Por Javier Segura
El Papa Francisco nos ha animado a no quedarnos en casa y salir a las calles de nuestras ciudades a llevar la alegría del Evangelio. Pues bien, los militantes de Santa María, se lo han tomado al pie de la letra y han decidido que este verano tenía que ser realmente de salir de su casa y recorrer los caminos del mundo con el nombre de Jesús en los labios. Y lo van a hacer en tres círculos concéntricos.

Por caminos de España

Los más jóvenes, hasta quince años, recorrerán el Camino de Santiago y se acercarán al corazón de nuestra fe, a la tumba del apóstol de Cristo. Una peregrinación que vienen haciendo por etapas a lo largo del curso. A la etapa navarra saliendo de Roncesvalles que recorrieron en la festividad de Todos los Santos, se suman la etapa riojana en la Navidad y la leonesa, en tierras de El Bierzo en mayo.
Y en el verano nos espera Galicia, y el monte del gozo, y el Pórtico de la Gloria, y el abrazo del santo… Una experiencia que nos hace salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades, y ponernos en marcha, para ser, como Santiago, apóstoles de Jesús.

Por sendas de Europa

Otros caminos llevarán a los militantes de más de dieciséis años al Reino Unido. En concreto a Gales, a la zona de Presteingne, un área que sirvió de inspiración a J.R.R. Tokien para crear la Comarca en su famosa obra El Señor de los anillos. Hobbits no sé si encontrarán, pero sí a una comunidad católica que quiere acogerlos y hacer de esos días un auténtico intercambio de fe. Al frente de la parroquia se encuentra nuestro querido padre Michael Tega Akponghiran, un dominico nigeriano lleno de ardiente fuego apostólico.
Estos pueblecitos tienen pequeñas comunidades católicas —unos cuarenta en todo el pueblo—, y conviven con otras confesiones cristianas (anglicanos, baptistas, metodistas…). Sin duda para ellos recibir a cuarenta adolescentes llenos de vida va a ser todo un acontecimiento.
La comunidad católica está preparando ya un equipo para organizar la logística, actividades con jóvenes, encuentros ecuménicos con otras confesiones cristianas, rutas por la naturaleza, viajes a Oxford… Promete ser una experiencia intensa de fe y vida, además de practicar el inglés en todo momento, ¡claro!

Por rutas americanas

Un tercer grupo irá más lejos aún, allende los mares, hasta la selva peruana, para tener un intenso verano de misión. Los militantes universitarios completan así su formación con una experiencia fuerte en la que la universalidad de la Iglesia se hace más patente que nunca. Y allí, junto con otros militantes y cruzados peruanos, anudaran lazos de amistad que darán un empujón a la formación de estos jóvenes, pero también a sabernos miembros de una misma institución, compartiendo un carisma, con una misma misión en la Iglesia y en mundo.
Para todo ello se está programando un horario que permita tener estas experiencias apostólicas, con tiempo y actividades con los militantes peruanos en sus fiestas patrias, espacio para la misión en la selva con el padre Alfonso Tapia, y formación humana y espiritual con los Ejercicios Espirituales.
Caminos de España, Europa, América y el mundo, que nos llevan más que a lugares hasta las personas. En los rostros de los fatigados caminantes, en la faz sonriente de los corteses galeses o los rasgos indígenas de los peruanos, encontraremos hermanos con los que nos une el amor a nuestro Dios.
Camino que ya han empezado a preparar estos jóvenes. Los primeros ya están en marcha, desgastando zapatilla, por etapas hacia Galicia. Los segundos trabajando con el inglés, ensayando canciones, pues tienen intención de representar el musical ‘Hijos de la libertad’ en inglés como gesto ecuménico con otras iglesias. Todos, construyendo juntos los planes de actividades. Y, ¡cómo no!, sacando fondos para costearse los viajes. En la campaña navideña estuvieron vendiendo polvorones y dulces, durante el curso organizando conciertos y otros eventos. Y siempre con una sonrisa en la boca, explicándole a todo el que quiera escucharles, que quieren convertirse en misioneros este verano y que necesitan pagarse el viaje. Así que si alguien quiere colaborar, puede hacerlo en la cuenta de Milicia de Santa María (c/ Écija 4 — Madrid) c/c nº ES76 0065 0198 38 0001023671 (Barclays), indicando el concepto ‘Verano misionero’.
La verdad es que viendo su entusiasmo, uno se llena de una sana esperanza. Hay jóvenes, muchos más de los que nos creemos, que tienen verdaderos deseos de crecer, formarse y hacer el bien a los demás.
Esos son los caminos que debe recorrer la humanidad en este nuevo milenio. Un camino que es, en definitiva, el único realmente salvador. El de Cristo, que ya nos dijo que Él era el camino, y la verdad y la vida.
Pues eso, ¡a caminar, en marcha!

La misericordia de Dios en el Antiguo Testamento

Por. P. Miguel Ángel Íñiguez
Se suele presentar al Dios del AT como el Dios del temor; o sea, todo lo contrario del amor y la misericordia. Y nada más falso ni contrario a la realidad. El calificativo de misericordioso es el que más se atribuye a Dios en el AT, ¡más de 300 veces!
Y en la Biblia hebrea este término contiene una enorme riqueza de matices.

1.- La misericordia es perdón

El rey David había pecado gravemente (adulterio y homicidio); pero ciego por la pasión, no lo había reconocido. El profeta Natán se lo hace ver y David llora su culpa (2 Sam 11-12). Probablemente es en esta ocasión cuando escribe la maravillosa oración que es el salmo 50: “Por tu inmensa ternura, borra mi delito. Lávame a fondo de mi culpa y purifícame de mi pecado. Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame y quedaré más blanco que la nieve”.
Dios escucha toda oración, pero una humilde súplica de perdón alcanza lo más sensible de su misericordia y lo mueve a responder: “Aunque fueran vuestros pecados como la grana, como la nieve blanquearán” (Is 1, 18).
Dios aparece en el AT como el gran perdonador. Antes nos cansamos nosotros de pedir perdón, que él de concederlo (Gn 18). Da la impresión de que disfruta perdonando. Su perdón es infinitamente mayor y más completo que el nuestro: cuando Él perdona, no solo olvida nuestras culpas, sino que las borra, las hace desaparecer. “Tú borras nuestras rebeldías” (Sal 65, 4). “Has quitado la culpa de tu pueblo, has cubierto todos sus pecados” (Sal 85, 3).

2.- La misericordia es fidelidad

Uno de los términos más usados en la Biblia para designar la misericordia es hésed. Podemos traducirlo como fidelidad en el amor.
Cuando en el AT se emplea este término referido a Dios, es siempre en relación con la alianza que hizo con Israel como don gratuito y benévolo.
Cuando Israel rompe la alianza, el mutuo compromiso entre Dios e Israel deja propiamente de obligar. Pero Dios no rompe con su pueblo, sino que lo sigue amando y ayudando, porque su actuación bondadosa no depende de la conducta de su pueblo, sino que brota de la fidelidad a sí mismo, de su propio amor inmutable. “No lo hago por ti, casa de Israel, sino por el honor de mi nombre” (Ez 36, 22).
Dios actúa con bondad, no por obligación jurídica externa, sino por su amor fiel, más fuerte que la traición y el pecado. Cuando cada uno de nosotros ha pecado, no tiene derecho a recurrir a la misericordia de Dios por justicia legal, pues ha roto el compromiso. Pero sí puede y debe confiar en obtener el perdón y la restauración de la gracia y alianza, basándose en la misericordia de Dios, que es fidelidad inquebrantable, su propia esencia de amor y bondad.
La revelación del amor fiel de Dios llegará a su plenitud al enviar a su propio Hijo al mundo (Jn 3, 16). Así lo profetiza Zacarías en el Benedictus: “haciendo misericordia a nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham”. También la Virgen lo utiliza con este sentido en el Magníficat (Lc 1, 50. 54).

3.- La misericordia es ternura

La misericordia, tanto en castellano como en su etimología latina, recalca la relación con la miseria (piedad, perdón). Pero, gracias a Dios, su misericordia no consiste solo en perdonar. Sería descorazonador saber que a lo más que podemos aspirar es a que no se tengan en cuenta nuestros pecados, pasando la vida en una continua petición de perdón.
Ser perdonados en insuficiente para nosotros, y perdonar es poco para Dios. Una madre no se limita a perdonar a su hijo porque esté enfermo. Todo lo contrario, lo atiende más, aumenta su cariño, su cuidado, hasta que lo pone más fuerte que antes.
En virtud de la unidad biológica que liga a la madre con el niño en gestación, brota un instinto hacia él de afecto y de ternura. Es evidente que este amor no es por los méritos del niño, sino fruto de una necesidad interior de la madre, una exigencia del corazón.
Esto es revolucionario en la historia de las religiones, y debe serlo en nuestra espiritualidad personal.
Estamos acostumbrados a ver cómo Dios se presenta como padre, esposo o amigo. Pero la revelación nos presenta el corazón de Dios, en el AT, con expresiones aún más evocadoras y dulces: ternura, bondad, caridad, fidelidad, delicadeza maternal. Todo esto queda comprendido en el vocablo misericordia.
San Juan Pablo II exclamaba: “Dios es Padre, pero sobre todo, es Madre”
Para quien logra comprenderlo y experimentarlo vivencialmente, la religión adquiere un matiz más íntimo y entrañable, y la vida espiritual se convierte en algo atrayente y cordial.

4.- La manifestación del amor misericordioso y maternal de Dios comienza con la creación

Podemos llamar “protohistoria de la misericordia” a los primeros capítulos de Génesis (creación, promesa de redención, salvación de Noé…)
Pero ya desde el comienzo el hombre muestra su corazón pequeño y rebelde (Adán, Caín, Babel…) Por eso la historia se perfila como una lucha entre la cerrazón humana y la misericordia divina, que al final triunfa.
Los Patriarcas tratan íntimamente con Dios y lo consideran bueno, cercano, entrañable, como lo denota la oración de Jacob:
“Oh Yahveh, Dios de mi padre Abraham, de mi padre Isaac, que me dijiste: “vuelve a tu tierra y a tu patria, que yo seré bueno contigo”. ¡Qué poco merecía yo todas las mercedes y toda la confianza que has dado a tu siervo! Fuiste tú quien me dijiste. “Yo seré bueno contigo y haré tu descendencia como la arena del mar” (Gn 32, 10-13).
Y Dios no lo defraudó.
El nacimiento del pueblo de Israel suele situarse en la liberación de la esclavitud de Egipto, paso por el mar Rojo y peregrinación hacia la tierra prometida. Es un tiempo de continua manifestación de la misericordia divina, incesantemente contrastada con la rebelde obstinación de los israelitas: “En tu misericordia te has hecho guía del pueblo que has liberado, y con tu poder lo has conducido a tu santa morada” (Éx 15, 13).
Y así a lo largo de toda la historia de salvación, tanto en el AT como en el NT.
Moisés pide ver a Dios. Y este le responde: “Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad” (Éx 33, 18).
Dios mismo se define revelando su bondad, su propia intimidad. “Yahveh es Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado” (Éx 34, 6).
Es el mismo Dios el que se manifiesta solemnemente ante Moisés como Dios de ternura, de gracia y misericordia, haciendo su autorretrato.

5.- La misericordia en los Ejercicios Espirituales

San Ignacio considera la misericordia de Dios en el primer ejercicio, el de la historia del pecado [EE 45-53], presentando a pecadores y su castigo, mientras que yo aún no he sido castigado: el ángel rebelde, Adán y Eva, y pecadores concretos (Caín, Esaú, Saúl….). De aquí brota espontáneo un coloquio de misericordia con Cristo clavado en la cruz, que tiene siempre misericordia de mí.

Tandas de Ejercicios de mes

Por J. del Hoyo
La revista Estar se complace en publicar en este número una carta del P. Tomás Morales SJ que, sin ser propiamente un escrito inédito, sí puede ser considerado nuevo por lo desconocido que es.
Los jesuitas habían retomado en 1940 la publicación, en su tercera época, de un boletín de uso interno que daba a conocer las principales noticias que iban sucediéndose en las distintas casas de la Compañía dentro de la provincia. Noticias de la provincia de Toledo era una publicación cuatrimestral, coordinada desde la curia provincial, adonde se enviaban las principales noticias acaecidas o protagonizadas por distintos padres de la Compañía. Era una publicación de carácter interno, de formato medio, escrita a una sola columna y sin ilustraciones. El boletín prestó mucha atención desde su origen al movimiento del Hogar del Empleado fundado por el P. Morales, y así, desde el año 1947 comienza a publicar diversas noticias relacionadas con el Movimiento naciente.
Hoy nos vamos a detener no en lo que otros padres decían del Hogar en impresiones de campamento, en informes de ejercicios, en estadísticas de cuántos pasaban por sus distintas actividades, que de todo hay en los boletines, sino en una carta del propio P. Morales. En efecto, en el número de abril de 1956 el boletín publicaba la carta que el P. Tomás Morales había enviado unos días antes al Provincial, P. Manuel Olleros1, connovicio suyo en Chevetogne (Bélgica) y amigo personal. El trato de usted, aun siendo habitual en la Compañía en esos momentos, revela además el respeto por quien representa a Dios.
Se trata de un informe epistolar en el que narra con verdadero entusiasmo lo que ha sido la tanda de mes que acaba de finalizar. Cuántos la componían, quiénes eran y dónde trabajaban, de qué edades y procedencias. El P. Morales, que llevaba diez años dirigiendo ininterrumpidamente tandas de ejercicios de ocho, seis y cuatro días, se enfrenta por primera vez con la producción genuina ignaciana, las tandas de mes. Y además dirigidas a laicos, tema en el que es un verdadero pionero, ya que las tandas de mes eran propias de religiosos. Aplicará el método punto por punto y descubrirá toda la riqueza que los ejercicios encierran, y la bondad del método aplicado a rajatabla.
La carta, redactada de una vez, sin correcciones ni añadidos, deja ver el entusiasmo por la obra que está presentando, no exento de cierta dosis de espontaneidad y de toque autobiográfico. Hemos respetado las grafías y los signos de puntuación del original. Todas las notas explicativas son nuestras. Aunque no está fechada, parece que está escrita el 5 de abril, día en que culminó la cuarta semana, según se desprende de sus propias palabras: “al acabar hoy el mes de ejercicios”.

Carta al provincial

Rvdo. P. Manuel Olleros
Mi muy querido en Cto. P. Provincial:
Conforme le prometí, al acabar hoy el mes de Ejercicios, le pongo estas líneas para informarle de lo que va sucediendo por estas latitudes2.
Los ejercitantes han sido 22, mejor dicho, 21 y medio, porque uno de ellos hace de cocinero y solamente pudo participar en parte, aunque edificantemente por cierto, pues se las arreglaba para hacer las meditaciones en la cocina, “secundum illud”3, “también entre las ollas…”4. Pertenecen a los principales Bancos y Compañías de Seguros que funcionan en Madrid. Algunos de ellos a otras Empresas: Telefónica, Papelera Española, I.N.I, Sociedad Esp. Construcc. Electromecánicas (S.E.C.E.M.)5… La edad oscila entre los dieciocho a los treinta y cuatro años. La razón de esta diferencia: la antigüedad en su agregación al Hogar6.
Los Ejercicios han durado treinta y dos días completos7, descontando los cuatro de descanso al final de cada semana. Como novicios, con una diferencia: sin el descanso de medio día de la segunda. Como unos caballeretes se han levantado por la noche8, aunque sólo en tercera semana. No me inclinaba mucho a esto, pero en vista de que me mareaban, autoricé a los mejores mozos. Lo que todos han hecho casi siempre es la hora íntegra de contemplación, aparte del examen de cada una. Para ellos, aunque ya habían hecho Ejercicios de ocho días completos, varias veces, esto ha sido una revelación9, lo mismo que la aplicación práctica de las reglas de discreción vividas tan de cerca varias semanas. La circunstancia de ir al compás de la Liturgia ha contribuido también al fruto de cada una de las semanas, particularmente de la tercera10, cuyo final coincidió con la Vigilia pascual en el Colegio Máximo11, que resultó impresionante para ellos. Alguno me decía: “No creía que los jesuitas celebrasen estas solemnidades de manera tan emocionante”.
La razón última del fruto obtenido, que a la larga se irá recogiendo, creo que hay que ponerla en el seguir al detalle todo el plan de S. Ignacio, sobre todo en punto a adiciones12. En resumen, puedo decirle que después de todo lo que he visto en este mes fecundo, me persuado una vez más que no hay que inventar nada nuevo, sino reducir a la práctica lo que le inspiró Dios a nuestro Santo Padre. Y esta reducción, al pie de la letra, sin que se escape ningún detalle, por mínimo que parezca. Todo ello, naturalmente, con el suficiente sentido común para saber adaptarlo a las circunstancias. Es decir, que el secreto lo encuentro en aplicar a los de fuera, para su formación, lo que a nosotros nos han enseñado desde el noviciado, “mutatis mutandis”, por supuesto.
A lo largo de todo el mes nos hemos visto ayudados por oraciones y sacrificios de más de 400 comunidades religiosas, entre ellas todas las casas de formación de los nuestros de España13. El M. R. P. General14 me ha escrito una carta contestando a la que ocho ejercitantes, en nombre suyo y de los demás, le pedían oraciones y su bendición, para conmemorar con fruto el Año Ignaciano15 haciendo un mes íntegro de Ejercicios como base para los seis meses de noviciado que seguirán.
El nuncio16 ha tenido la delicadeza de celebrar la misa el lunes de Pascua, primer día de la cuarta semana. Antes de salir de Madrid había recibido y dado su bendición a un grupo de ellos. Entonces les ofreció visitarles y así lo hizo, hablándoles después del Evangelio con todo cariño y emoción. Por su parte, el Sr. Patriarca-Obispo17 sigue con mucho interés todo este movimiento. Como ya le informé a V. R., el 11 de febrero pasado firmó el decreto erigiendo la Cruzada de Santa María del servicio de J. C. Rey Eterno y Señor Universal, como Pía Unión. Pero tuvo la delicadeza de poner fecha de 7 de diciembre18, Vigilia de la Inmaculada, en que se le había presentado la solicitud. Quiso recibirlos para darles la bendición antes de salir de Madrid, pero la enfermedad que tuvo a fines de febrero lo impidió. En vista de ello me ha escrito una carta muy afectuosa, de la que le copio algunas líneas: “Muy de corazón y con el pensamiento estoy a su lado, suplicando al Señor que sus trabajos resulten al final para su mayor gloria, y que todos esos jóvenes sirvan de levadura santa que haga fermentar santamente toda la masa obrera, tan necesitada hoy y tan en peligro de perderse. Tenga la seguridad de que mis oraciones no le faltan, y a ellas le acompaño hoy, como me pide, la más cordial de mis bendiciones, prenda de las que espero que el Señor derramará sobre usted y sus jóvenes obreros19 para que esta recién nacida Pía Unión no se malogre, y dé todos los frutos que yo espero de ella”.
Acabados los Ejercicios, empezaremos en seguida el Cursillo-noviciado20, en el que en diversa proporción alternarán los oficios humildes con los deportes, estudios y clases de las siguientes materias: Apologética, Iglesia en la Historia (no Historia de la Iglesia), España en la Historia, Encíclicas pontificias (en especial las sociales)…, amén de ejercicios de declamación, improvisación, redacción… En esto último me ayudarán los filósofos del Máximo.
En correspondencia sí le pido una cosa: que pida muchas oraciones, particularmente a nuestros jóvenes, por la institución naciente al calor de los Ejercicios a. m. D. g.21, pues las dificultades serán grandes hasta que se consolide…, y después también.
Affmo. de Vr. En Cto., le pido un huequecito en el Memento.
Tomás Morales, S.J.

(Notas del documento)

1 El P. Manuel Olleros Gregorio nació en Béjar el 1 de enero de 1911, y había ingresado en el noviciado de Aranjuez el 1 de octubre de 1930. Tras la expulsión de los jesuitas de España a fines de enero de 1932, llegó a Chevetogne para terminar su período de formación. En la finca de la familia en Béjar pasarán los jesuitas, también Tomás Morales, muchos veranos.
2 La tanda de ejercicios, como el resto del cursillo, se celebró en Rovacías, un caserón deshabitado de tres plantas que pertenecía en esos momentos a la Compañía de Jesús. Estaba algo alejado de Comillas (Cantabria), a unos tres kilómetros, aislado, en un altozano, con una vista magnífica sobre el mar Cantábrico.
3 “Según aquello de”, esta coletilla sólo puede entenderse en relación con la frase que viene a continuación de santa Teresa.
4 La frase de santa Teresa de Jesús a la que se refiere, copiada muy libremente, es: “no haya desconsuelo cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior” (Fundaciones V, 8).
5 La Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas (S.E.C.E.M.) fue fundada en Córdoba en 1917 con capital extranjero (especialmente francés) y de la banca española. Su primer presidente fue Estanislao de Urquijo y Ussía (entonces Marqués de Urquijo), y entre sus consejeros figuraban varios miembros del Banco de Bilbao. En 1978 se extinguió.
6 Existía una segunda razón, y es la edad a la que llegaban al Hogar. Algunos comenzaron a frecuentarlo con casi treinta años, mientras que otros habían empezado al llegar a Madrid, a los quince o dieciséis.
7 Las semanas ignacianas no son de siete días, sino cuatro bloques temáticos cercanos a la semana natural. La distribución de días que el P. Morales solía hacer en la tanda de mes era de 8 días para la primera semana, 12 para la segunda, 6 para la tercera (coincidiendo con la semana santa) y 5 para la cuarta (coincidiendo con la Pascua), lo que suma 31 días. Probablemente ha computado el 1 de marzo, día en que comenzó la tanda por la noche.
8 San Ignacio incluye en sus adiciones que “el primer exercicio se hará a la media noche” [72].
9 Hasta la tanda de mes de 1956, estos ejercitantes hacían sólo media hora de meditación tanto en ejercicios como en la vida diaria.
10 Amoldarse a la liturgia. En 1956 la semana santa vino adelantada (el 25 de marzo fue domingo de Ramos y el 1 de abril Pascua de Resurrección) y cuadró muy bien la tercera y cuarta semana con las fiestas de Pascua, pero en 1957 —por ejemplo— vino muy retrasada (el 14 de abril fue domingo de Ramos y el 21 de abril Pascua de Resurrección). Esto le obligó a variar en gran medida la disposición de las semanas ignacianas. Las dos primeras las dirigió a comienzos de marzo, como en 1956, y dejó luego casi un mes de intervalo dedicado a lo que denominó “trabajos humildes”. El 15 de abril, lunes santo, comenzaba la tercera semana, dedicada a meditar en la Pasión de Cristo, haciéndola coincidir con la semana santa, que culminaba con la Vigilia Pascual. Tras el domingo de Resurrección de descanso, el lunes de pascua (22 de abril) comenzaba la cuarta semana, dedicada a considerar la resurrección del Señor.
11 Los jesuitas tenían en Comillas tres edificios unidos entre sí: la Universidad, de finales del siglo XIX, el seminario Conciliar, y el Colegio Máximo, creado en 1944. Este albergaba precisamente a los jóvenes que querían ser jesuitas y se unía al seminario por un pasadizo que con humor llamaban “el tinte”, porque el fajín azul de los seminaristas se tornaba negro en el Máximo.
12 Se trata de las anotaciones y consejos tanto para el que da la tanda como para el que la recibe. Son fundamentales en el engranaje de los ejercicios, y a veces quizás minusvaloradas.
13 “Los nuestros”. Se refiere a todas las comunidades de religiosos y contemplativos donde habían ingresado miembros del Hogar del Empleado y, por lo tanto, compañeros de quienes estaban realizando el Cursillo de Comillas y la tanda de mes. Sabemos por la Memoria que él mismo había escrito en noviembre de 1955 para el obispo de Madrid, que eran 43 vocaciones (véase Estar 289, diciembre 2014).
14 El Muy Reverendo Padre General era en esos momentos el P. Jean-Baptiste Janssens SJ, que había sido elegido el 15 de septiembre de 1946 y ocupó el generalato hasta su muerte, el 5 de octubre de 1964, dando lugar al generalato del P. Pedro Arrupe SJ.
15 San Ignacio de Loyola murió el 31 de julio de 1556. Con motivo del tercer centenario de su muerte hubo en la Iglesia un año santo ignaciano, celebrado especialmente en la Compañía de Jesús.
16 Se trata de Mons. Ildebrando Antoniutti, Nuncio en España de 1953 a 1963. Estuvo muy cercano a la obra del P. Morales desde sus comienzos y, al término de este cursillo, le pidió dos cruzados para que le ayudaran en su labor pastoral, un chófer y un secretario. En 1963 fue nombrado por Pablo VI prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica permaneciendo en el cargo durante diez años.
17 Se trata de Mons. Leopoldo Eijo y Garay, que fue obispo de Madrid durante 41 años, de 1922 a 1963 (hasta marzo de 1964 el titular de Madrid no tuvo el título de arzobispo). El P. Morales siempre le nombraba como patriarca, debido a su título honorífico de Patriarca de las Indias Occidentales, cargo que ocupó desde el 21 de julio de 1946 hasta su muerte, 31 de julio de 1963. Este patriarcado fue constituido por Clemente VII en 1523, tras la petición que en 1513 Fernando II de Aragón, regente en Castilla, había hecho a León X sobre la creación de un patriarcado de las nuevas tierras que Castilla iba conquistando. El título era puramente honorífico, y su titular no tenía jurisdicción sobre las iglesias de Indias, ni súbditos, ni renta fija, ni podía viajar a América, so pena de excomunión.
18 En realidad, la firmó con fecha de 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción.
19 En honor a la verdad, el P. Morales no trabajó tanto con obreros (para quienes ya había otras organizaciones en la Iglesia española como el Hogar del Trabajo, Hermandades de Trabajo, etc.), como con empleados de lo que se denomina el sector servicios: oficinas, banca, compañías de seguros, etc., si bien en el panorama eclesial había una distinción más general: estudiantes / trabajadores, o si se prefiere: universitarios / obreros.
20 Esta especie de noviciado para laicos (consagrados o no, que de todo había) de una duración de siete meses, fue una auténtica novedad en la Iglesia, y puede considerarse con justicia que él fue pionero en esta actividad.
21 Ad maiorem Dei gloriam. “A mayor gloria de Dios”, lema de san Ignacio y de la Compañía de Jesús.

Georges Lemaître, sacerdote y científico

Por Jesús Amado
Este año 2015 es el centenario de la publicación por Albert Einstein de su Teoría de la Relatividad Generalizada. Cuatro años después su Teoría quedó confirmada gracias a la expedición británica a Brasil y África del Este para estudiar el eclipse de Sol del 28 de mayo de ese año, dirigida por Arthur Eddington.
Esta Teoría de la Relatividad puede aplicarse cosmológicamente al conjunto del Universo. Y es así como el mismo Einstein, en 1917, propuso un modelo estático del universo en consonancia con el pensamiento cosmológico entonces imperante.
Sin embargo en 1927 el científico belga Georges Lemaître publicó su teoría acerca de un Universo en expansión (modelo de Big Bang como se le conoce hoy día). Si bien al principio su teoría quedó oscurecida por celebridad de Einstein, las investigaciones posteriores acabaron dando la razón a Lemaître.
El nombre, pues, de Lemaître queda así consagrado en la Ciencia. Pero, ¿qué hay tras ese nombre? Para no pocos Georges Lemaître es conocido en su faceta de hombre de ciencia. No tantos le conocerán como sacerdote católico. Pero muy pocos conocerán su interior, su vida espiritual, su consagración a Dios. Y esa faceta es la que deseo exponer en este artículo para los lectores de la revista ESTAR.
Destaquemos los hitos biográficos más relevantes:
  • 17 de julio de 1894. Nace en Charleroi, Valonia (Bélgica).
  • 1914. Estalla la I Guerra Mundial. Participa como suboficial de artillería.
  • 1918. Reanuda sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
  • 1920. Finaliza sus estudios universitarios con el grado de Doctor, e ingresa en el seminario de Malinas.
  • 22 de septiembre de 1923. Es ordenado sacerdote por el cardenal Mercier.
  • 1931. Publica un artículo con la hipótesis del Big Bang.
  • 1960. Nombrado Presidente de la Academia Pontificia de las Ciencias.
  • 20 de junio de 1966. Fallece en Lovaina.

La Fraternidad Sacerdotal Amigos de Jesús es clave en la vida de Lemaître. Se trata de una asociación sacerdotal delineada ya en 1911 por el cardenal Mercier (aunque solo en 1927 recibió la aprobación canónica), y en la que ingresa Lemaître siendo aún joven seminarista. A ella le sería fiel a lo largo de toda su vida.
Hablemos algo sobre la Fraternidad. Pretendía contribuir a la santificación del sacerdote diocesano a través de una espiritualidad de la intimidad, de la amistad con Cristo, conforme al ejemplo de san Juan. Los sacerdotes miembros profesan ante su obispo los votos públicos de pobreza, castidad y obediencia, pudiendo añadir voluntariamente un “voto de víctima”, cuyo propósito es que el alma penetre más íntimamente en las intenciones del amor misericordioso de nuestro Divino Redentor y de María Corredentora. Se comprometían a una hora de adoración diaria, a participar en Retiros mensuales de breve duración y en otro anual de diez días de duración, en clima de silencio. Como dato estadístico, señalar que a finales de 1924 la Fraternidad contaba con 160 miembros.
Es de destacar que a pesar de los frecuentes viajes de tipo académico que tenía que realizar Lemaître, procuraba salvar siempre los Retiros anuales de diez días. He aquí el testimonio de Mons. Billiauw, un compañero de la Fraternidad: Mons. Lemaître era uno de los pocos que asistieron regularmente a estos Retiros de diez días, hasta que fueron suprimidos en 1960.
La vida sacerdotal de Lemaître no puede comprenderse plenamente sin la referencia a la Fraternidad de los Amigos de Jesús. Desconocida por mucho tiempo, su pertenencia a la Fraternidad constituye sin duda una de las claves principales de su itinerario espiritual. Es significativo a este respecto que el cáliz que había recibido en su ordenación, y que le acompañará toda su vida, llevara la elocuente cita: “Calicem Domini biberunt et amici Dei facti sunt” (Bebieron el cáliz del Señor y llegaron a ser amigos de Dios).
El 12 de agosto de 1927 Lemaître emite sus primeros votos temporales y públicos de pobreza, castidad y obediencia. Tras renovarlos anualmente, finalmente en 1933 emite los perpetuos en presencia del cardenal Van Roey. Y el 12 de agosto de 1942 hace el “voto de víctima” por el que se entregó totalmente a Cristo.
La Fraternidad, pues, ofreció a Lemaître un lugar sereno y protegido, en el cual podía vivir sin constreñir su fe y su sacerdocio al no tener que afrontar continuamente las críticas de algunos de sus colegas científicos. La verdad es que Lemaître vivía en un mundo científico particularmente hostil o indiferente a las cuestiones teológicas, por lo que la Fraternidad fue el lugar que le permitió respirar espiritual y sacerdotalmente.
Lemaître fue siempre fiel a lo esencial de su vida sacerdotal. La celebración de la Eucaristía y la adoración reposada del Santo Sacramento (tan gratas a los Amigos de Jesús) estuvieron siempre en el centro de sus jornadas, incluso en las más ocupadas. Y era notorio que su libro de cabecera, al que acudía una y otra vez en sus lecturas, era el tratado Tabernáculo espiritual del beato Jan Van Ruysbroeck (1293-1381) también llamado el Doctor Admirable.
Más aún, su intensa vida interior le llevó insensiblemente a la acción apostólica. En fecha tan remota como 1927 anota Lemaître en uno de sus cuadernos de Retiro: Mi deber de vida consagrada es mucho más amplio de lo que yo creía. Podría tener la ocasión de ocuparme de algunos estudiantes. Tendré que recordar a Mons. Picard (capellán de Acción Católica de la Juventud Belga) su propuesta de confiarme su círculo internacional.
Es así como al año siguiente se hace cargo como Director del “Hogar chino”, que acogía a estudiantes de esa nacionalidad. La razón de la presencia de estos estudiantes radica en el permiso concedido por el Rector de la Universidad de Pekín a algunos estudiantes para que completasen en Europa su formación. Se preocupa, pues, de su formación, asumiendo sus funciones con gran celo apostólico y humano.
Un dato curioso. Relata el P. Charles Stévigny que allá por los años 50, conversando con Lemaître acerca de la canonización de los santos en esa época (fundamentalmente, religiosos, obispos, teólogos), este opinaba que junto a ellos deberían figurar personas más cercanas a la sensibilidad de la época: santos y santas del laicado comprometido, víctimas del nazismo, jóvenes cristianos surgidos precisamente de las tierras de misión. También indicaba que le extrañaba que Charles de Foucauld no hubiera sido aún beatificado, él que se había hecho “tuareg entre los tuareg”.
Este es el Lemaître completo, el modelo de persona que con su vida expresó la síntesis de ciencia y fe: eminente científico, pero también fiel servidor del Señor en su sacerdocio. Ni puso su fe a resguardo de la ciencia, ni (lo que era más difícil) manipuló la ciencia para ponerla equivocadamente al servicio de la fe.
Acerca de este punto merece la pena detenernos. Lemaître jamás intentó explotar la ciencia en beneficio de la religión. Estaba convencido de que ciencia y religión son dos caminos diferentes y complementarios que convergen en la verdad. Al cabo de los años, declaraba en una entrevista concedida al New York Times: Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión.
Más aún, dejó clara constancia de sus ideas sobre las relaciones entre ciencia y fe en estas palabras, pronunciadas el 10 de septiembre de 1936 en un congreso celebrado en Malinas: El científico cristiano debe dominar y aplicar con sagacidad la técnica especial adecuada a su problema. Tiene los mismos medios que su colega no creyente. También tiene la misma libertad de espíritu, al menos si la idea que se hace de las verdades religiosas está a la altura de su formación científica. Sabe que todo ha sido hecho por Dios, pero sabe también que Dios no sustituye a sus creaturas. La actividad divina omnipresente se encuentra por doquier esencialmente oculta. Nunca se podrá reducir el Ser supremo a una hipótesis científica.

La revelación divina no nos ha enseñado lo que éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Incluso quizá tiene una cierta ventaja sobre su colega no creyente; en efecto, ambos se esfuerzan por descifrar la múltiple complejidad de la naturaleza en la que se encuentran superpuestas y confundidas las diversas etapas de la larga evolución del mundo, pero el creyente tiene la ventaja de saber que el enigma tiene solución, que la escritura subyacente es al fin y al cabo la obra de un Ser inteligente, y que por tanto el problema que plantea la naturaleza puede ser resuelto y su dificultad está sin duda proporcionada a la capacidad presente y futura de la humanidad. Probablemente esto no le proporcionará nuevos recursos para su investigación, pero contribuirá a fomentar en él ese sano optimismo sin el cual no se puede mantener durante largo tiempo un esfuerzo sostenido. En cierto sentido, el científico en su trabajo prescinde de su fe, no porque esa fe pudiera entorpecer su investigación, sino porque no se relaciona directamente con su actividad científica.