martes, 1 de diciembre de 2015

La misericordia: el más bello nombre

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En su Diario del alma, Juan XXIII, el papa buono, como cariñosamente lo llaman los italianos, escribe: la misericordia es el más bello nombre de Dios, la manera más hermosa de dirigirnos a Él.
En el discurso de apertura del concilio Vaticano II (11 octubre 1962) dijo que la doctrina de la Iglesia es conocida y está ya fijada. Que la Iglesia tiene un cuerpo de doctrina con el que ha resistido los errores de todas las épocas y a menudo también los ha condenado, en ocasiones con gran severidad. Hoy, en cambio, la esposa de Jesucristo prefiere emplear la medicina de la misericordia antes que levantar el arma de la severidad.
San Juan Pablo II desarrolló y profundizó lo sugerido por Juan XXIII. Este papa conoció en su propia carne la historia de sufrimiento de su/nuestra época. Su inconmensurable actividad estuvo valorada por el testimonio de su sufrimiento personal, el más elocuente documento que nos dejó.
En Dives in misericordia (1980), Juan Pablo II se ocupó del tema de la misericordia a la que caracterizó como el mayor y más elevado atributo de Dios y la define como la perfección divina por antonomasia.
Para el actual pontífice, papa Francisco, la misericordia es como la “viga maestra” de la iglesia. Y, quizás por eso, decide convocar el Año Santo de la Misericordia desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.
Al convocar este Año Santo nos dice: La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.
Y nosotros, concretando esa fe responsable que nos inculcó el P. Morales, ¿qué podemos hacer por/para/ en el año de la misericordia? Acogernos a la Madre.
Como dice el cardenal Walter Kasper: María refleja el encanto de la misericordia divina y muestra el resplandor y la belleza que, proyectándose sobre el mundo desde la graciosa misericordia de Dios, todo lo transforma (La misericordia. Ed. Sal Terrae. Santander 2015. Pág. 210).
Así, aportando nuestro punto de luz misericordioso, podemos calentar este mundo nuestro, a menudo oscuro y frío, en algo más acogedor, algo más luminoso, algo más entrañable, como corresponde a quien tiene una madre, María, que es espejo concreto y realización especial de la misericordia divina.
Comienza el Año Santo de la Misericordia. Bajo el manto de María y cogidos de la mano del Papa, aportemos nuestro granito de arena predicando con nuestras vidas que la misericordia es el más bello nombre de Dios y la viga maestra de la Iglesia

Rincones de la misericordia

Por Santiago Arellano
Con ojos de Providencia hemos de acercarnos al gran Jubileo de la Misericordia. Ahí andamos, cada cual con la obra de misericordia que se nos haya encomendado. La mía, a pesar de los claros del bosque de mi ignorancia, enseñar al que no sabe.
Bartolomé Esteban Murillo.
Niño riendo asomado a la ventana, hacia 1675,
Londres, National Gallery.
Cuando contemplo a un niño como el del conocido óleo de Esteban Murillo, Niño riendo asomado a la ventana, me bulle la cabeza con mil inquietudes: ¡Madre mía, que maravilloso proyecto de ser! ¡Cuántos peligros le amenazan! ¿Adónde acabará esa candorosa sonrisa? ¿Quién se la borrará para siempre? Ahora mira con curiosidad, desde la ventana. ¿Quién le enseñará a ponerse en acción, a entrar en la vida y usar sus manos y toda su persona al servicio del bien? Este niño está necesitado de que alguien le saque lo mejor de sí mismo, le adiestre en la virtud como opción segura de libertad.
No me es posible ofrecer, en el espacio de esta página, el texto completo de la carta que le dirige Juan Rufo a su hijo. Buscadla en internet. Juan Rufo, secretario de Don Juan de Austria, vive lejos de su familia. Le escribe esta carta a su hijo cuando está a punto de cumplir tres años, en cerca de cuatrocientas redondillas. El epílogo resume en cuatro versos la visión de la vida de un español verdadero, presagio del barroco ya en 1570:
La vida es largo morir,y el morir, fin de la muerte:procura morir de suerte,que comiences a vivir.

La primera parte es un catálogo de juegos; la segunda, hermoso tratado de educación católica. En letras de oro copiaría nada más que estas tres redondillas en el zaguán de nuestros hogares y en la puerta de los departamentos didácticos:
Mas cuando sufra tu edadtratar de mayores cosas,con palabras amorosaste enseñaré la verdad,no con rigor que te ofenda,ni blandura que te dañe,ni aspereza que te extrañe,ni temor que te suspenda,antes con sana doctrinay término compasado,conforme soy obligadopor ley humana y divina.

No a la indiferencia o al escepticismo. El padre sabe que tiene que despertarle el amor a la verdad, porque solo la verdad nos hace libres. No sirven rigores que exasperan ni blanduras que destruyan. Requisitos: palabras amorosas; palabras adecuadas a la edad; sana doctrina. Y finalmente conciencia de que se está cumpliendo un deber doble: ley humana (esa es nuestra condición) y divina (esa es nuestra grandeza).
El resto, virtudes humanas y desprecio de los vicios. Siempre conciencia del tiempo.
Y con tino se te acuerde

de que el tiempo bien gastado,
aunque parezca pasado,
no se pasa ni se pierde.

Tres recomendaciones finales: con Dios, la familia y el prójimo. Y tras esto ya puede uno echarse al ruedo de la vida:
Oye misa cada día,y serás de Dios oído;témele, y serás temido,como un rey decir solía.Ama su bondad, y en Élamarás sus criaturas,y serán tus obras purasen este mundo y aquél.Téngate Dios de su mano;y, para que el bien te cuadre,sirve a tu hermosa madre,ama a Juan tu dulce hermano,y no me olvides. Tu padre.

Una última recomendación: leer Los miserables de Víctor Hugo y saludar a Monseñor Bienvenido.

Un Movimiento de misericordia

¿Qué es la misericordia? Podemos responder atrevidamente que es elbig-bangdel amor de Dios. Es la explosión incontenible de su ternura, que alcanza a cada hombre y mujer y se pro-mueve mediante una reacción en cadena.
Para adentrarnos en este movimiento de misericordia os propongo contemplar el cuadro de Pablo Veronés, la adoración de los Magos. En su composición destacan dos grandes diagonales: la primera, trazada por la luz, desciende del cielo a Jesús y su madre; y la segunda va de Jesús al rey Gaspar y los pajes. Observemos la escena: descubriremos la dinámica de la misericordia como una sinfonía en cuatro movimientos.
1. La misericordia desciende de arriba. Siete ángeles rodean el rayo luminoso. Todos miran hacia abajo. Realzan así el sentido sagrado y descendente de la luz-misericordia. Resaltan que Dios es la fuente de la misericordia, y que lo propio de su amor es descender, abajarse, alcanzar al miserable. Como señala S. Ignacio en la contemplación para alcanzar amor, “todos los bienes y dones descienden de arriba”.
2. La misericordia se encarna en Jesús. Tanto amó Dios al mundo que entregó su Unigénito (Jn 3, 16). En el cuadro, el rayo de luz alcanza a María y a Jesús Niño. Pero no quedan iluminados como la estancia o los demás personajes: Jesús emana la luz. Es el Verbo encarnado, la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo (Jn 1, 9). Con su mirada envuelve al rey Gaspar. Como tantas veces en el Evangelio, es Jesús movido a misericordia.
3. El hombre busca la misericordia, y la Misericordia transforma al hombre. Jesucristo tiene sed de quien tiene sed de su amor. Es el misterio de la doble atracción: de Dios por el hombre y del hombre por Dios. Gaspar –el hombre– solo tiene ojos para el Niño: aparece de rodillas, con la cabeza descubierta, los ojos húmedos y las manos extendidas, vacías… Todo su ser se con-mueve por la misericordia de Dios. En el suelo yacen su corona y su ofrenda de oro. Es que el tesoro del amor de Dios, ha re-movido todo su ser; lo ha cambiado.
4. La misericordia se contagia a todos. Además de María y el Niño, tienen la mirada clavada en Gaspar San José, Melchor, Baltasar, el amo de los perros, los personajes encaramados en el escenario, ¡y hasta el buey! Gaspar se vuelve testigo de la misericordia, y la transmite a cuantos le contemplan. El pasaje evangélico señala que los magos se volvieron por otro camino. Se volvieron pro-motores de la misericordia Dios, ejerciéndola con cuantos alcanzaban en su camino.

Dos mil años después, el big-bang de este movimiento de misericordia sigue inundándonos. La Iglesia es la familia de quienes nos ponemos en movimiento para calmar nuestra sed en las aguas de la misericordia de Dios. Y una vez calmada, nos movilizamos para calmar la sed de los demás, mediante obras de misericordia. Que también esta partecita de la Iglesia seamos ¡Un Movimiento de misericordia!, reviviendo los cuatro movimientos de esta sinfonía de amor. Y que santa María, luz de la Misericordia de Dios, ilumine nuestro camino en este año Jubilar

Jubileo extraordinario de la misericordia

Por P. Rafael Delgado
El Papa Francisco ha convocado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia que dará comienzo el 8 de diciembre de 2015, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, y concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016.
En la Bula de convocatoria, Misericordiae vultus, el Santo Padre expresa el objetivo de este tiempo extraordinario de gracia: que a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.
* * *

La Inmaculada y la Puerta de la Misericordia
¿Es casual la coincidencia del día de la Inmaculada Concepción de María y la apertura de la Puerta de la Misericordia en la Basílica de San Pedro en Roma? El Papa Francisco ha querido destacar el significado del 8 de diciembre para la historia reciente de la Iglesia, por ser este año el cincuenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II (8-XII-1965), un Concilio en el que la Iglesia que ha querido acercarse al hombre de hoy, cada vez más alejado de Dios, con la medicina de la misericordia para curar sus heridas, como hiciera el buen samaritano de la parábola evangélica.
Pero también ha querido señalar el Santo Padre el vínculo entre María, concebida sin pecado original, y la misericordia: Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cf. Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona (Misericordiae vultus 3).
Así, la Virgen Inmaculada, llena de gracia, representa el inicio de un mundo nuevo, en el que la misericordia vence al mal y la gracia desbordante redime y recrea al ser humano, sometido a las consecuencias del pecado. Por medio de Ella nos ha venido Jesucristo, el Redentor, de modo que bien podemos aplicarle el título de “puerta de la misericordia”. No pueden ser más acertadas, personalizadas en la Virgen, las palabras con las que el Papa describe la Puerta Santa de este Año jubilar: quien entre por ella podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza. Como Madre nos abre su Corazón Inmaculado para que nos encontremos con Jesucristo y descubramos su insondable misericordia.
San Ignacio de Loyola nos da ejemplo de esto cuando en su Diario espiritual llama a nuestra Señora “parte o puerta de tanta gracia”, al sentir con mucha fuerza un día en la Misa que María intercede por él y que está tan unida a Jesús que forma parte del don que está recibiendo, de modo que su alma se llena de luz y de consuelo.
Sería muy acertado a lo largo de este Año de la Misericordia celebrar, especialmente algunos sábados que sea posible litúrgicamente, la Misa de Santa María, Reina y Madre de misericordia, contenida en el Misal de la Virgen María. En el bellísimo prefacio se da gracias al Padre porque María ha experimentado la misericordia de Dios de un modo único y privilegiado y así puede acogernos cuando acudimos a Ella para que nos alcance misericordia de su Hijo. Ciertamente, la Virgen Santísima ha sido redimida de un modo excepcional al ser preservada del pecado original en el instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador (Bula Ineffabilis Deus de Pío IX). Dejemos que las palabras del mencionado prefacio resuenen en nuestro corazón, invitándonos a la alabanza de Dios, Santo y Misericordioso:
Ella es la Reina clemente,
que, habiendo experimentado tu misericordia
de un modo único y privilegiado,

acoge a todos los que a Ella se refugian
y los escucha cuando la invocan.

Ella es la Madre de la misericordia,
atenta siempre a los ruegos de sus hijos,
para impetrar indulgencia
y obtenerles el perdón de los pecados.

Ella es la dispensadora del amor divino,
la que ruega incesantemente a Tu Hijo por nosotros,
para que su gracia enriquezca nuestra pobreza
y su poder fortalezca nuestra debilidad.


Misericordia: la vía que une a Dios y el hombre
En María, imagen purísima de la Iglesia, contemplamos de modo eminente lo que cada fiel cristiano está llamado a ser. Si en Ella la misericordia de Dios se manifestó llenándola de gracia y haciéndola inmaculada, disponiéndola así para ser la Madre del Redentor, en nosotros la misericordia divina es perdón de nuestros pecados y transformación de nuestros corazones heridos, capacitándonos para la santidad.
La Bula Misericordiae vultus nos invita a poner la mirada en Jesús para percibir en su rostro el amor misericordioso del Padre de los cielos. Es un Padre que no se da por vencido hasta disolver el pecado y superar el rechazo con el perdón y la misericordia; un Padre que se llena de alegría al perdonar; un Padre que, como diría el santo Cura de Ars, se da más prisa en sacarnos del pecado que una madre en sacar a un hijo del fuego en el que se ha caído. Las parábolas de la misericordia nos ofrecen el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón (n. 9).
De entre las parábolas de Jesús, hay una que establece la conexión entre la misericordia de Dios y la misericordia entre los hombres, la del “siervo despiadado” (cf. Mt 18,21-35). Es la de aquel criado a quien el rey perdona una gran deuda y después él no perdona a su compañero una deuda mucho más pequeña y lo mete en la cárcel hasta que le pague. Cuando el dueño se entera, le recrimina su actitud y lo entrega a los verdugos, pues ¿no debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? (Mt 18,33). El Papa Francisco ofrece una magnífica conclusión de esta parábola:
Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia (n. 9).
En consecuencia, la misión de la Iglesia es hacer evidente la misericordia del Padre, anunciarla, vivirla y testimoniarla para que tantos hijos pródigos reencuentren el camino de vuelta al Padre: En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia (n. 12).
Misericordiosos como el Padre
Magnífico programa para este Año jubilar: hacer de nuestros hogares, familias y grupos, verdaderos “oasis de misericordia”. Ello supone en primer lugar que cada uno de nosotros se disponga a escuchar la Palabra de Dios en el silencio de la oración: Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso (Lc 6,36). Toda la vivencia y las acciones que podamos hacer en este tiempo parten de aquí: contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida (n. 13).
Jesús es la encarnación de la misericordia, nos ha dicho san Juan Pablo II tan certeramente: A quien le ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente visible como Padre, rico en misericordia (Dives in misericordia 2). Quisiera detenerme en un rasgo de la misericordia revelada por Cristo, a fin de concretar ese programa de ser “oasis de misericordia”. El Catecismo de la Iglesia Católica se hace eco de un comportamiento de Jesús con los pecadores sorprendente: no se limita a perdonar al pecador, sino que le acoge en su compañía y le devuelve al seno del pueblo de Dios:
Durante su vida pública, Jesús no solo perdonó los pecados, también manifestó el efecto de este perdón: a los pecadores que son perdonados los vuelve a integrar en la comunidad del pueblo de Dios de donde el pecado les había alejado o incluso excluido (CCE 1443).
Al actuar así, el Señor desafía las murmuraciones —ese acoge a los pecadores y come con ellos (Lc 15, 2)—, y muestra que su misericordia puede regenerar los corazones otorgando una misión a quien se ha dejado perdonar por Él. Recordemos a Mateo, a María Magdalena, a san Pablo y a tantos santos en la historia de la Iglesia que, una vez que se han encontrado con la misericordia del Señor, han sido grandes apóstoles aventajando incluso a los que siempre han permanecido en la casa del Padre.
La Iglesia hoy se siente como un “hospital de campaña”, llamada a acoger, curar y reconstruir a tantas personas heridas o humilladas por situaciones de pobreza, soledad, relativismo desorientador, sufrimiento. Por ello, las obras de misericordia pasan al primer plano de nuestra acción apostólica. Nos dice el Papa Francisco:
Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos (Misericordiae vultus 15).
A los jóvenes que peregrinarán a Cracovia para vivir la XXXI Jornada Mundial de la Juventud en el próximo verano de 2016, les hace el Papa una propuesta muy directa en el Mensaje de convocatoria: A ustedes, jóvenes, que son muy concretos, quisiera proponer que para los primeros siete meses del año 2016, elijan una obra de misericordia corporal y una espiritual para ponerla en práctica.
Recordemos, pues, las obras de misericordia que caracterizan al discípulo misionero de la nueva evangelización: las corporales son dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos; y las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
“¿Quién acabará de contar sus misericordias y grandezas?”
La Bula Misericordiae vultus en sus páginas finales, nos invita a vivir el misterio de la Comunión de los santos, buscando ayuda para nuestra fragilidad en la intercesión y el ejemplo de los santos. Aún refulge entre nosotros la figura de santa Teresa de Jesús, cuya santidad y magisterio nos han iluminado en la celebración del V Centenario de su nacimiento. La tomamos en estas últimas líneas como testigo y cantora de las misericordias de Dios, para que nos ayude a vivir este nuevo año jubilar contemplando y amando una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa (Moradas I,1).
Santa Teresa de Jesús sabe muy bien el origen de todas las gracias y mercedes que recibió en esta vida: la oración, firmemente determinada a perseverar en ella. Esta fidelidad a la oración la considera una gran misericordia de Dios: Harto gran misericordia hace a quien da gracia y ánimo para determinarse a procurar con todas sus fuerzas este bien. Porque si persevera, no se niega Dios a nadie. Avisa de que el enemigo pone mucho interés en que dejemos la oración: son tantas las cosas que el demonio pone delante a los principios para que no comiencen este camino de hecho, como quien sabe el daño que de aquí le viene, no sólo en perder aquel alma sino muchas. Y es que el que ora con perseverancia no llega solo al cielo, arrastra con él muchas almas: Si el que comienza se esfuerza con el fervor de Dios a llegar a la cumbre de la perfección, creo jamás va solo al cielo; siempre lleva mucha gente tras sí. Como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su compañía (Vida 11).
En su experiencia de oración se refleja lo que más arriba se ha señalado, que el que contempla la misericordia del Padre, manifiesta que es su hijo siendo misericordioso como Él. Así, comentando la petición del Padre nuestro, “perdona nuestras ofensas”, santa Teresa entiende muy bien el “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, porque quien ha sido perdonado por la misericordia divina goza perdonando:
No puedo yo creer que alma que tan junto llega de la misma misericordia, adonde conoce la que es y lo mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad y quede allanada en quedar muy bien con quien la injurió. Porque tiene presente el regalo y merced que le ha hecho, adonde vio señales de grande amor, y alégrase se le ofrezca en qué le mostrar alguno (Camino de perfección 36).

Que este Año de la Misericordia, iniciado bajo la mirada de la Inmaculada Virgen María, sea ocasión para llenarnos de la misericordia de Dios y para ser sus cauces hacia quienes no la conocen aún. Esperemos mucho del Amor misericordioso de Dios, pues, en palabras de la santa andariega, nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir. Sea bendito para siempre, amén, y alábenle todas las cosas (Vida 19).

En las ondas para evangelizar

Por Juan Manuel Ramos
Comencemos por el principio. Una tarde, mi madre llegó de trabajar y se me acercó con una sonrisa en la cara y me anunció que su jefe estaba preparando un programa de radio en el que yo podría colaborar. De forma casi instantánea me sumé a la iniciativa, ni que decir tiene que estaba muy excitado. Me dijeron la fecha en la que debía asistir a una reunión inicial de contacto.
Yo me sumé al proyecto porque quería hacer una sección de apología para jóvenes de mi edad, porque sé por experiencia, que a mi edad se reciben muchos ataques y es el tiempo en el que somos más vulnerables a estos. Hay que tener mucho cuidado con la gente y con todo el entorno que te rodea, sobre todo por la televisión, publicidad y otros medios de comunicación y no digamos en el instituto y los amigos. Esta fue mi principal motivación para unirme al equipo de redacción que se formó en este momento. Tras contar mis intenciones me asignaron el puesto de jefe de la tertulia.
Yo me he interesado tanto por la apologética porque de hecho, como dije arriba, fui atacado. Estuve buscando argumentos o cualquier cosa que me devolviese la fe en Dios. También oraba. Hasta que el Señor puso en mi camino a un hombre que era uno de los mayores apologetas del mundo. Su nombre es William Lane Craig. Le estuve escuchando todo este verano y aprendiendo de él. De hecho, ha debatido con dos de los que se les conoce como “Los cuatro jinetes del ateísmo” (Christopher Hitchens y Sam Harris) y, digámoslo sin tapujos, los destrozó. También le ha propuesto a Richard Dawkins debatir con él más de doce veces y, Dawkins, cobardemente, rechazó todas las invitaciones diciendo: “No debatiré con alguien que es inferior a un obispo”, cuando después debatió con un bio-químico, con un ingeniero etc.
Pero volviendo a nuestro programa de Radio, os doy algunos datos. El programa forma parte de la programación infantil de Radio María, que se llama ‘La hora feliz’. Nuestro programa se emite todos los jueves y está dirigido a los niños de primaria y de primero de la ESO. Decidimos que había muchos programas para niños pequeños, pero que no había tantos para niños mayores. Y que estos necesitaban algo que les ayudase a crecer en su fe. Por eso está enfocado para enseñar valores cristianos a los niños de esta edad y analizar temas de actualidad. En el primer programa, que fue en directo, hemos hablado de temas como los valores de los deportes, de la ecología y de la crisis de los refugiados.
El primer programa me resultó muy novedoso. Nunca había estado en un estudio de verdad y mucho menos con un equipo casi profesional. En el equipo hay personas muy aptas y experimentadas. Tenemos varios periodistas, como la que dirige el programa, Paloma Martín-Esperanza. Y profesores, y alumnos, y un equipazo técnico.

Concluyendo, tiene pinta de que va salir muy bien este proyecto y que será muy entretenido y vamos a aprender mucho.

Proyecto Laudato si'

Por Alberto de la Peña
Este año, respondiendo a la encíclica del Papa, los juveniles de la Milicia de Santa María hemos decidido plantear un proyecto nuevo. Siguiendo las iniciativas del papa Francisco, lo hemos llamado Laudato si', como no podría ser de otra manera.
Cada año tenemos una temática distinta en el campamento, en las actividades regulares y en las convivencias del curso y este año, el Laudato si', vertebrará todas ellas. La única excepción es el encuentro de oración que realizamos en Dueñas (Palencia). Es una actividad, destinada a los juveniles, que nos prepara para los Ejercicios Espirituales ignacianos.
Además de las convivencias planteadas (Navidad, Semana Santa, etc.) realizaremos actividades complementarias, al menos una al mes, en las que saldremos y tomaremos pleno contacto con la naturaleza, consiguiendo con ello aprender a orar y a encontrar a Dios en ella, en su creación.
Sin duda, uno de los carismas de la Milicia es la alabanza y conocimiento de Dios a través de la naturaleza, en la “casa común” según el papa Francisco en su encíclica. Este nuevo proyecto es una oportunidad sensacional para nosotros, los jóvenes de hoy en día tan acostumbrados al ruido y al ajetreo de la vida cotidiana, para descubrir lugares en los que desconectar de la rutina y para familiarizarnos con el silencio y con un entretenimiento sano, saludable y, por descontado, divertido.
Las convivencias que se organizarán este año estarán de igual manera cimentadas en este prometedor proyecto que ha generado grandes expectativas en todos nosotros, los juveniles de la Milicia de Santa María. En los círculos semanales también trataremos y trabajaremos en profundidad este tema.
En la primera salida que hicimos viajamos a las cuevas de Orbaneja del Castillo, en Burgos. Fue un “segundo asalto”, puesto que ya las habíamos visitado dos años atrás. Y allí que nos fuimos el mes pasado equipados con nuestras linternas, cascos y, sobre todo, mucho empeño y ganas. Se mascaba entre nosotros la expectación y los nervios que teníamos por alcanzar el final de la gruta. Para mí, el fin de semana tuvo un incentivo más: me acompañaba un amigo que quería conocer el grupo y pensó que sería una buena oportunidad para hacerlo.
Tras el largo viaje en furgoneta, nos reunimos en Orbaneja con militantes de Burgos y de Valladolid que habían venido con nosotros a disfrutar de la experiencia. Una vez todos preparados, ascendimos por una pequeña colina hasta llegar a la boca de la cavidad, un tanto recóndita.
Entramos a la gruta por una grieta en el suelo, realizando un tramo arrastras que desembocaba directamente en el interior de la montaña. Caminamos casi dos horas hasta llegar a una zona difícilmente accesible en la que había que cruzar un río subterráneo por encima, teniendo como único apoyo una cuerda de escalada. Con la ayuda de los educadores y alguna que otra pierna que acabó en remojo, conseguimos continuar nuestra aventura.
Llegamos al cabo de cinco minutos a una parte más elevada y escarpada respecto al nivel del agua, en la que las zonas rocosas se estrechaban y las paredes se cerraban angostas y se curvaban terminando en un techo abovedado.
Descubrimos unas curiosas huellas en la fina arena que formaba la base del río subterráneo, lo que indicaba que alguien había continuado por agua su travesía.
Llegados a este punto, hubo división de opiniones: continuar la expedición por pequeños torrentes, o regresar. Los educadores decidieron que lo mejor sería regresar al exterior, pero antes decidimos poner en práctica una de nuestras ideas para cumplir la aspiración que traíamos: un ratito de silencio de no más de diez minutos, un rato que pretendíamos fuese mágico, especial.
Nuestra meta era conseguir un silencio total, ese silencio que no se consigue en ningún sitio; un silencio absoluto, en el que empezasen a pitarte los oídos. Un auténtico momento de comunión entre todos nuestros corazones, abiertos al Padre, con un profundo anhelo de ser empapados por el fuego de su amor, de ser seducido por la calidez de su mirada, de sentirnos amados, protegidos.
En la cueva no había sonido alguno, por lo que resultó fácil conseguirlo. Una vez terminados los instantes de oración, dimos media vuelta y caminamos hasta la grieta de salida. Al irnos acercando a la oquedad exterior, el aire que se respiraba resultaba extraño. Necesitábamos la luz, pero estábamos pletóricos porque habíamos conseguido nuestro objetivo y nos sentíamos felices y plenos.
Volvimos en los coches a Burgos, donde nos alojamos en el hotel Ciudad de Burgos que, generosamente, nos acogió con mucho cariño.
Al día siguiente, domingo, compartimos la Eucaristía con los monjes de la Cartuja. Visitamos el monasterio y pudimos disfrutar de sus obras de arte. Y concluir con un coloquio en el que nos planteamos cómo también nosotros podíamos ser creadores como lo era Dios. Una buena reflexión sobre aquellas cosas con las que somos buenos y cómo hemos de hacerlas.

Fue un fin de semana inolvidable, como promete ser este proyecto Laudato si', que nos llevará en próximas salidas a lo más profundo de Soria, a su Laguna Negra o al frío de la nieve en la sierra de Madrid, al circo glaciar de Gredos, a los acantilados del Atlántico y muchos lugares más donde poder encontrar a Dios a través de su creación

La misericordia en la educación del corazón

Por Abilio de Gregorio

Tengo la convicción avalada por mis años de educador de que, quien no se ha sentido suficientemente amado, es probable que terminará teniendo dificultades para amar.
Del mismo modo creo que sucede con la virtud de la misericordia puesta especialmente a consideración y a cultivo en este año por el papa Francisco: quien no ha sentido próximo un corazón que compadece, que se apiada, que comprende y perdona, difícilmente podrá ejercer la misericordia. Por eso, la invitación papal a atender este valor, me hace saltar espontáneamente al espacio de la educación y recordar actitudes docentes tan presuntuosamente justas y cartesianas que expulsan de la acción docente toda concesión y toda consideración del mundo afectivo del educando.
Se alega el peligro del subjetivismo y el riesgo de reducir el papel del educador a una función asistencial. Ante la petición de comprensión (de misericordia) para un alumno en dificultades ¿quién no ha sido testigo de expresiones como: a todos o a ninguno, no somos ni sus papás ni hermanitas de la caridad?
Alain Touraine en su Crítica de la modernidad pone de relieve ese sesgo que dieron los ilustrados a la educación y que todavía lastra a muchos educadores: se nos ha querido imponer el principio de que había que renunciar a la idea de sujeto para hacer triunfar la ciencia, que había que ahogar el sentimiento y la imaginación para liberar la razón.
Así mismo, C.S. Lewis, preocupado por los derroteros que toman muchos maestros cultivadores del objetivismo científico en las aulas y temeroso de que éste sea un camino para “La abolición del hombre”, escribe: por cada alumno que necesita ser protegido de un frágil exceso de sensibilidad hay tres que necesitan ser despertados del letargo de la fría mediocridad. El objetivo del educador moderno no es el de talar bosques, sino el de irrigar desiertos. La correcta precaución contra el sentimentalismo es la de inculcar sentimientos adecuados. Agotar la sensibilidad de nuestros alumnos es hacerles presa fácil del proselitista de turno. Su propia naturaleza les llevará a vengarse, y un corazón duro no es protección infalible frente a una mente débil. (...) Una buena educación refuerza algunos sentimientos mientras que rechaza otros.
Y es que, cuando se considera a la escuela primariamente como un filtro social de los más capacitados, como inversión económica que ha de ser social e individualmente rentable en la cuenta de resultados, virtudes como la misericordia estorba al cumplimiento de la ley capital de la evolución: la de la selección de las especies productivas; se piensa que retiene en la vida escolar y social a sujetos poco dotados y con ello debilita la calidad e incluso la vida colectiva. Por eso Nietzsche considera la misericordia como una debilidad que dificulta el advenimiento del superhombre y no como una virtud.
Va tomando aposento entre los educadores la expresión “inteligencia emocional” para referirse al manejo funcional del mundo de las emociones, manejo al que acertadamente se han referido educadores con menos ínfulas de transmodernidad como “educación del corazón”.
Educación del corazón que hace referencia a lo que san Agustín define como “ordo amoris”, la ordenada condición de los sentimientos por la que a cada objeto se le atribuye el tipo y el grado de amor que le corresponde, cosa que ha de aprender a discernir el buen juicio (en De Civ. Dei, XV, 22).
Ser misericordiosos con los educandos y educar en la misericordia sus corazones dentro de un contexto cultural en el que parece imperar un individuo sin prójimo, una libertad sin alteridad, un poder sin amor. Este es el reto.

Decía Benedicto XVI: Sólo somos libres si alguien nos hace libres por el amor, y libres absolutamente sólo puede hacernos un amor absoluto. Y me atrevo a añadir: Y no hay verdadero amor sin “una buenísima mala memoria”: sin la misericordia y el perdón.

A cataratas, Dios misericordia

Por José Luis Acebes

Las imágenes de la misericordia tomadas de la naturaleza por el P. Morales.

El P. Morales gozó de una rica experiencia de la misericordia de Dios. En los escritos de los santos, y sobre todo en la Sagrada Escritura, al calor de la oración, fue encontrando la fuerza en su debilidad para acercarse más a Dios, y para dejarse transformar por Él.
Gran educador en los caminos del espíritu, para transmitirnos esta experiencia, acudió a las imágenes de la misericordia que le aportaban los santos y la Escritura, pero también a sus vivencias personales y a los detalles de la vida cotidiana. Las imágenes que utiliza son abundantes; algunas de ellas de gran fuerza expresiva. En este artículo haremos un recorrido por las imágenes que toma de la naturaleza, con el deseo de que nos impulsen a recorrer los caminos de la misericordia al inicio del Jubileo de la Misericordia.
El agua
El líquido elemento se presta a imágenes evocadoras: el río, el mar, la gota de agua, o la sed, están frecuentemente en las invitaciones del P. Morales a dejarnos arrastrar, inundar o colmar por la misericordia de Dios. Veamos algunas de ellas.
La natación era el deporte preferido del P. Morales. Y después de una buena caminata, la delicia del baño refrescante le impulsaba a intimar con el Señor: Muchas veces al bañarme en el Tormes, supino rostro arriba, mientras iba nadando entre las copas de los pinos y el cielo azul, después de hora y media de camino, bajando y sudando entre guijarros, me encontraba en la placidez del nado. Y entonces me venían al recuerdo y sobre todo al corazón las palabras de Santa Teresa (eran tierras de Ávila, claro): “la batalla es corta, pero el premio es eterno” y me encontraba deliciosamente después de los sudores de la marcha, sumergiéndome en las aguas del río, cantando las misericordias del Señor1.
Siguiendo con la sugestiva imagen del baño en el río, comenta en otra ocasión: Necesito abandono para dejarme arrastrar por la corriente de amor. Estás en el río, te arrastra la corriente si no te agarras. Tan sencillo es eso... ¡Si es mucho más fácil que nadar: dejarse arrastrar! Para eso ha venido el Hijo del Hombre a la tierra, para arrastrarme en el río de vida divina que es su humanidad santísima2.
En otros momentos acude a la imagen de la cascada, que evoca los torrentes del amor del Corazón de Cristo: Estaba yo en las Alpujarras una vez y vi caer en catarata por una cascada una cantidad impresionante de agua, y enseguida me acordé del prefacio del Corazón de Jesús: torrentes. Aquí está: a cataratas, Dios misericordia3.
El océano, por otro lado, evoca la inmensidad. Así lo aplica él a la misericordia: Una Cuaresma que comienza es para sentirse anegado en las aguas de las misericordias de Dios, sepultando mis infidelidades. Es empezar a nadar en las aguas de las misericordias de Dios. Y no hay nada tan delicioso como empezar a adentrarse en este mar4.
En 1913 el presidente de los Estados Unidos, Wilson, desde Washington, presionó un botón para abrir el canal de Panamá: la señal, transmitida por telégrafo, hizo explotar el dique en Gamboa, el último obstáculo que quedaba. El P. Morales recrea este acontecimiento y lo aplica así: Cuando a comienzos de siglo se abrió el istmo de Panamá, para vencer las últimas resistencias de la roca, se dispuso un mecanismo para que a 3.000 kilómetros desde la Casa Blanca de Washington, dando la vuelta a un conmutador, explotase, e inmediatamente las aguas del Pacífico tocasen las aguas del Atlántico en un momento. Basta que Cristo en el sacerdote diga: “Yo te absuelvo”, y en ese momento se ponen en comunicación dos océanos: tu malicia y la bondad inmensa de Dios. Desaparece tu pecado, y la misericordia de Dios queda flotando5.
A veces basta una simple gota de agua para que brote la consideración de la misericordia de Dios: Te encuentras con cardos por ahí (hay muchos en esta finca). ¡Qué bonitos están al amanecer, cuando una gotita de agua se ha colgado y se transforma en una perla! Aquí está el amor: algo insignificante, baladí, una acción pequeñísima (un dejar de mirar acá o allá sin curiosidad cuando vas por la calle, o donde estés…) con amor: un potencial infinito para descargar gracias de perdón y de misericordia sobre el mundo6.
O la niebla… Como la niebla que nos ha envuelto por todas partes y que no nos dejaba mirar el paisaje: así el Corazón de Jesús con nosotros, cercándonos con esa niebla del amor. Realmente el paisaje con niebla tiene misterio, tiene una belleza, tiene algo especial, nuevo. Pues así, una especie de niebla espiritual es la que pone Jesús cuando el alma se va metiendo dentro de su Corazón santísimo. Es la niebla de amor con que el Corazón de Jesús nos va envolviendo. Qué bonito ver el paisaje así7.
En ocasiones la imagen “se da la vuelta”. Así la falta de agua, la sed, el vacío, hablan del deseo de ser saciados por la misericordia: para ofrecerse al amor misericordioso, no hace falta más que tener imperfecciones, miserias, nada, estar vacío…, y entonces, estando vacío, lo que pasa con un vaso de agua: si está totalmente vacío lo puedes llenar de vino, si no, nada. Como Dios tiene horror al vacío, en cuanto ve un alma vacía de sí misma, ya está llenándola8.
Y concluye así: Todo se reduce a una doble sed: sed de Dios y sed de la criatura. En Dios, sed de ser amado. En la criatura, sed de amor. Por una parte, el amor infinito que tiene sed de darse. Por otra parte, la nada miserable que quiere ser colmada. Este flujo y reflujo explica todas nuestras relaciones con Dios. Dios que tiene sed del que le anhela, del que quiere beberle. “Ni el Creador ni la criatura pueden estar sin amar”. ¡Qué frase tan bella y tan delicada ésta del Dante!
La montaña
El P. Morales evoca con frecuencia su experiencia montañera para darnos a entender la misericordia de Dios. Repetía con pequeñas variaciones este pensamiento tan consolador: Quiere edificar Jesús por encima de mi nada. La santidad no consiste en una combinación de trenes que, si no se toma uno, se pierden las esperanzas de llegar. Es más bien una excursión a los Alpes, que si se pierde un camino y das con un buen guía, haces la marcha más maravillosa y segura hasta coronar la cumbre, con tal de que seas humilde y te dejes llevar9.
Se ha comentado que la pedagogía del P. Morales era una pedagogía de cumbres. Pero sería más exacto decir que es una pedagogía de cumbres y abismos. Así lo consideraba él: No puedes tocar la cumbre del Monte Blanco sin antes, desde Chamonix, haber pasado por muchos abismos, muchos barrancos. Barrancos, abismos y cumbres se encuentran en los Alpes —y en todas las montañas— muy cerca. El barranco de mi pecado reconocido y amado, no el pecado mismo, pero sí el verme tan miserable, me levanta a la cumbre del amor de Dios10.
Y en otra ocasión: En las montañas te haces cargo de lo que es una cordillera con la belleza de los picachos de granito, perdidos en el cielo azul, coronados quizá de nieve, cuando estás en el barranco. En la laguna de Gredos puedes contemplar mejor la crestería de granito cuando estás precisamente en la laguna, que no encima. Cuando estás en uno de los picos contemplas el panorama, por supuesto; pero la crestería de la cordillera solamente la contemplas bien cuando estás metido en el barranco. Desde el barranco de tus miserias y pecados descubres la maravilla que es Dios perdonando, teniendo paciencia11.
La evocación de sus marchas montañeras aporta nuevas imágenes: Acercarse a Dios es mirarle, levantarme de mis propias miserias. Es lo que hago cuando voy coronando un pico: no miro al abismo, porque si no, me caigo. Mira la cumbre adonde vas, Jesucristo12.
Y para cerrar este apartado, un apunte sobre la roca: Miseria al contacto del amor de Dios se diviniza y cristaliza en eternidad, y ya no hay erosión, ni de agua ni de lluvias, que haga que esa roca en que ha cristalizado la miseria, deje de estar glorificando para siempre el poder del Padre, la sabiduría del Hijo y el amor del Espíritu Santo13.
Naturaleza viva
Los árboles, tan abundantes en los paseos y marchas del P. Morales, le sirven para darnos a entender el amor misericordioso de Dios: Lo que da vida al árbol del amor de Dios es que tú estés enraizado en tu miseria. Porque es lo de San Agustín: ¿quieres levantar un gran edificio de santidad? Pues ante todo, hondas raíces de humildad. Porque en el momento en que se arrancan las raíces de cualquiera de esas hayas, se secan14.
Unas veces el árbol es el Señor en quien nos apoyamos: Perder de vista a Jesucristo, es lo mismo que las enredaderas cuando pierden el árbol en que se enroscan: sabe que no puede tener alimento si no se enrosca. Pues el alma es lo mismo, si no se enrosca en Cristo15.
Y en otras ocasiones el árbol es uno mismo: No rebelarme contra las miserias. Nadie se extraña de que la encina bellotas, por lo tanto, gozarme en las bellotas que da mi encina y admirarme de que hay un Dios dentro de mí, cuidándome como una madre cuida a sus hijos. Paciencia16.
Los animales
Y, por último, citaremos algunas imágenes sobre animales. A partir de una experiencia suya nos invita a ser… Águilas como aquella de Gredos, en Los Galayos: cuando me acerco —iba unos cien metros distante de la primera escuadra— en cuanto siente ruido, primero se infla hasta adquirir un volumen doble o triple, y luego ya, una vez que ha inflado sus plumas, extiende las alas majestuosas y empieza a volar por el cielo inmenso. Me acerco y ya estaba planeando en la vertiente sur de Gredos, majestuosa, imperial. Así estas almas, desplegadas siempre para volar, sin hundirse nunca en sus miserias: iluminadas por Él, desaparece la tristeza del rostro y brilla la alegría de Dios17.
Terminamos con la evocación del jumentillo: un final humilde, que tanto nos dice sobre nuestra relación con el Señor: Soy un jumentillo, borriquillo ante Ti. ¡Qué bonitos son los salmos! Pero siempre estoy a tu lado, siempre estoy contigo. Es que así es como rendimos homenaje al amor de Dios a su bondad, y este homenaje, reconociendo nuestras miserias, es tan agradable a Dios que lo inclina paternalmente a colmar de bienes a ese hijo suyo que se presenta así delante de él, como un jumentillo18.
Notas
1Ejercicios Espirituales a los Cruzados de Santa María (EEC) 1991. Homilía del 21 de agosto.
2EEC 1971. Oronoz (Navarra).
3EEC 1983, Santibáñez de Porma (León).
4Retiro 8-9 febrero 1975. Los Negrales (Madrid).
5EE 1977 (23-28.11), Los Negrales.
6EEC 1978, Santibáñez de Porma.
7EEC 1968, 24.8-24.9, Villagarcía de Campos (Valladolid).
8EEC 1980, Santibáñez de Porma.
9EEC 1968, 24.8-24.9, Villagarcía de Campos.
10
EEC 1981, Villagarcía de Campos.

11EEC 1977, 23-31.8, Santibáñez de Porma.
12EEC 1981, Villagarcía de Campos.
13EEC 1972, Oronoz.
14Id.
15Id.
16EEC 1970, Oronoz.
17EEC 1981, Villagarcía de Campos.

18EEC 1983, Santibáñez de Porma.

El inicio de los sacerdotes cruzados

Por Javier del Hoyo
Publicamos en este número una carta circular del P. Tomás Morales dirigida a los cruzados de Santa María, que vivían en Madrid. Es la circular más antigua de las conservadas, sin que podamos asegurar que fuera la primera. Este modo de comunicarse surge al estar fuera de Madrid durante siete meses. Está escrita en Comillas (Santander) en 1959, en pleno cursillo de formación de militantes. El tema central es comunicar a los cruzados la decisión, tomada unos días antes, de que habrá sacerdotes dentro del movimiento laical iniciado y de que comenzarán ya los dos primeros los correspondientes estudios sacerdotales en la Universidad Pontificia de Comillas.
Se percibe en sus líneas el entusiasmo por algo nuevo que comienza; es un recodo del camino. Ha sido una decisión que ha tardado mucho en madurar. Según narró él mismo en un escrito que tituló Génesis y desenvolvimiento: “Recuerdo todavía aquel momento. Llevábamos una hora de charla (él y un monje cisterciense de Cóbreces que conocía la obra del P. Morales). Serían las seis de la tarde… Mil veces otros sacerdotes y aun laicos, veteranos ya en la lucha de la vida me habían dado los mismos argumentos. Yo mismo los había pensado y repensado y, sin embargo, cuando oí al monje, me parecía escuchar una voz interior: Es evidente. No lo dudes más”… Acabamos la conversación. Me fui a la iglesia… Permanecí en oración desde entonces suplicando continuamente a María… Cuando en la mañana del 23 abandonaba el monasterio… la decisión estaba ya tomada: En la Cruzada… habría sacerdotes propios”.
Se trata de una carta mecanografiada en tres cuartillas sin membrete. Las dos primeras van escritas por las dos caras. El lugar y la fecha figuran al final. Va sin firma, pero tiene algunas tachaduras y numerosas correcciones autógrafas, a pluma, hechas por el P. Morales. Aun así, las prisas por enviarla dejaron el escrito sembrado de erratas. Hemos actualizado y normalizado la ortografía y la puntuación de la carta.
* * *
Comillas, en la fiesta del Santísimo Nombre de María, 12 sept. 1959
En estos momentos —quizá, y sin quizá los más íntimos que ha vivido la Cruzada desde su nacimiento— quisiera estar con todos y cada uno de vosotros para compartir emociones y sentimientos que han de ser imborrables para todos: los que os reunís ahí en este día de los Dolores de Ntra. Sra., los que desde aquí se unen, Pablo y Rafael, los que como Juanito desde África1 —la Cruzada que se mueve ya en otros Continentes— o como Carlos, al servicio de la Iglesia en su más alta representación diplomática2, os contemplan en este atardecer del 153 septiembre 1959, año que por tantas razones será transcendental en la historia de vuestro movimiento, que coincide con la del Cristianismo en el mundo.
No esperéis un largo “rollete”. No quiero deciros más que unas cosas muy sencillas para ayudaros a lo que todos estáis anhelando: vivir a la altura exigida por el momento presente mirando a la buenísima Madre que ha inspirado la Cruzada y sigue regalándola con caricias tan tiernas como la que hoy nos reúne a todos.
Dos de vosotros han sido los elegidos4, mejor, los privilegiados. Os he dicho alguna vez que aquellos que Dios segrega para comenzar una Obra en su Iglesia, no solo son elegidos —eso, exclusivamente, serán los que se reenganchen en lo sucesivo tomando el convoy en marcha— sino que son también privilegiados, destinados a ser pioneros de un movimiento que no para hasta la Eternidad, llamado a durar lo que la Iglesia misma: perpetuamente. Eso mismo podríamos aplicar hoy a Bernardo y Juanjo. Los que vengan detrás —y quiera Dios que sean muchos al multiplicarse las necesidades de la Cruzada— solo serán elegidos para integrar la rama sacerdotal de la Institución. Ellos son, además, privilegiados, elegidos entre los elegidos.
Ellos han sido elegidos, pero vosotros, sin quizá daros cuenta, habéis contribuido a su elección. Sí, también vosotros los habéis designado. En los primeros tiempos del Cristianismo la vox populi elegía por aclamación sus Obispos y sacerdotes. Así san Ambrosio, y tantos otros. Dios, que se ha empeñado en troquelar nuestra Cruzada en el molde del primitivo Catolicismo, ha querido haceros intervenir sin que lo sepáis. Sé que en estos días decisivos, sobre todo desde la transcendental convivencia del 1 septiembre, habéis pedido mucho por mí. Vuestras oraciones, y también el consejo de algunos de vosotros, han hecho recaer en Bernardo y Juanjo, al mismo tiempo, la elección y el privilegio.
Así, sin duda alguna, vosotros habéis empezado a hacer vuestros futuros sacerdotes. Ahora tenéis que seguir contribuyendo a su formación. ¿Por qué no hace curas entre nosotros?, me preguntaba un ilustre en tierras comillesas no mucho. Creo que le contesté bromeando: “Yo no; no puedo. Será el Obispo, único que puede ordenar”. Pero ahora caigo en la cuenta de que vosotros sí que los podéis hacer. Desde ahora Bernardo y Juanjo —más vuestros que antes— se formarán para acercarse un día al Altar, si vosotros les ayudáis. Serán santos, santos sacerdotes, los que la Cruzada necesita, si vosotros —no os voy a decir nada nuevo— ESTÁIS cada uno en su sitio y todos dentro del Corazón de la Virgen, viviendo el espíritu y las reglas de nuestro Instituto.
Juanjo y Bernardo lo esperan, necesitan mucho de vuestras oraciones. Después de una vida apostólica activa, soterrarse durante diez o doce años es un sacrificio que solo una fe, iluminada por las oraciones de los hermanos, puede realizar. Alternar con críos en el régimen, en parte infantil, de un Seminario después de haber vivido en la disciplina viril del Hogar, no es cosa fácil5. Pensad además, que el “Enemigo de natura humana” tratará de hacer abortar la naciente rama sacerdotal de la Cruzada y que les atacará por todas partes. Necesitan, sí, necesitan, que miréis a la Inmaculada pensando en ellos, para que triunfe también en sus almas de todos los enredos en que el mal Caudillo les meterá durante estos años.
Os debéis pues llenar de una inmensa alegría pensando que en adelante vuestra vida gozosamente sacrificada, aprovechará, no solo como hasta ahora para salvar las almas da la juventud trabajadora y suscitar nuevos llamamientos para la Iglesia en la Cruzada, sino principalmente para forjar la santidad sacerdotal —cuyos primeros beneficiarios vais a ser vosotros mismos y los muchísimos que vendrán— en estos dos pioneros, a quienes sueño ya, seguidos de un nutrido escuadrón sacerdotal al servicio de la Cruzada dilatándose por todo el mundo.
Dos hermanos vuestros se separan hoy de vosotros, pero se separan para unirse más fuertemente. Esa diferencia hay entre las despedidas de los hombres y las de Dios. En las primeras los hombres se dicen adiós, quizá para siempre. En las de Dios se dicen “hasta mañana, en que viviremos nuestra unión al ofrecer al Padre el Sacrificio de nuestro Hermano mayor”. Y esta es una despedida de Dios en que Juanjo y Bernardo, separados materialmente de vosotros, compenetrarán más sus vidas con las vuestras, ayudándoos a ser santos, para la salvación de vuestros hermanos, cumpliendo con la regla 1ª de vuestra Cruzada.
Vosotros y yo soñamos con la primera binca de cruzados saliendo hacia Barcelona o Bilbao o zarpando rumbo a Méjico o Venezuela. Cuando en alas de la fantasía llena de celo de las almas, pensábamos así, ¿a que no se nos pasó por la imaginación que el Corazón de Cristo iba a cumplir nuestros anhelos de una forma mucho más fecunda haciendo que la primera binca que abandona a los hermanos lo hiciese para forjarse en ella sacerdotes suyos?
¡Qué inmensamente bueno es Dios! Por eso, en medio de las melancolías que tientan todas las despedidas y separaciones de seres queridos, en esta sobrenada el amor agradecido al buen Dios y a la cariñosísima Madre que “hace cada cacho cosa”, como dice algún cursillista 1959... Ese amor agradecido es el que hace cicatrizar la desgarradura doble que se produce en mi corazón, y en el vuestro, al ver partir la binca Bernardo - Juanjo.
Llenos de gratitud vivamos estos días al ver cómo la Cruzada se consolida. Fue el 22 agosto en Cóbreces cuando el Corazón Inmaculado de María empezó a descubrir un panorama que se abre tan fecundo a la esperanza. Disponeos todos a emprender la vida de familia que se iniciará en los primeros días de octubre al regresar vuestros hermanos 1959, y sigamos dando gracias a Dios porque todo esto, y lo demás que contribuirá a la estabilización de la Cruzada, haya podido realizarse. En parte lo atribuyo todo al fervor con que vuestros hermanos de este Cursillo vivieron el mes de C. de Jesús, en el que lograron traer nuevos sacerdotes al Hogar con sus oraciones y sacrificios, que pudieron más que la decisión ya tomada por un P. Provincial.
Y llenémonos también de esperanza. Preveo el desencadenamiento de divinos llamamientos a la Cruzada, frenado hasta ahora. Hemos estado “como si nos asentásemos” en muchos aspectos. Ahora, con cruzados futuros sacerdotes, con vida de familia, con dirección espiritual estabilizada, la Cruzada será lo que su Reina quiere, suscitará irresistibles envidias y arrastrará a lo mejor de nuestra juventud, si cada uno sabéis ESTAR a imitación de la Madre.
Si os puede ayudar en algo, os diré que vuestros hermanos de este Cursillo6 piden rabiosamente a la Virgen un Cursillo 1960 con 40 como minimun; que si Dios quiere —y querrá si cada uno ESTÁIS junto a Ella— al acabar el Cursillo, comenzará a edificarse ampliando Albergue con vistas a algo definitivo7. Y aunque el Cursillo tenga que seguir siendo la Escuela Superior de Formación de Militantes del Hogar, no olvidemos que de hecho también seguirá siendo durante muchos años el pre-noviciado —(el Noviciado son los primeros años de Gran Cursillo)— de la Cruzada de Santa María.
Se me olvidaba. Para que se reúnan esos 40, uniros vosotros, aunque ya me imagino que lo hacéis, a los de aquí, pidiendo rabiosamente por la tanda del 12, que comenzando el día de la Reina de la Hispanidad suscitará cruzadetes que en su día surquen los mares rumbo América.
 Notas
1Está tachado por el P. Morales con tinta ‘símbolo de la catolicidad de nuestro movimiento, os contemplan’.
2 Se refiere al chófer del Nuncio en España, que desde que acabó el primer cursillo, 1956, era un cruzado de Santa María.
3 Parece que está pensando al escribir esta fecha en el día en que se leerá en Madrid. Es solo un aparente error.
4 Elegidos para formar parte de la rama sacerdotal de la Cruzada, realidad que fue gestándose lentamente en el corazón del P. Morales que, pese a los consejos de personas experimentadas, no terminaba de decidirse. Tuvieron que pasar muchos años hasta el 22 de agosto de 1959 en que se determinó a ello.
5 Irían a estudiar a Comillas (Santander), sede entonces de la Universidad Pontificia dirigida por la Compañía de Jesús. En una finca cercana al pueblo, Rovacías, es donde se celebraban desde el año 1956 los Cursillos de formación de los primeros cruzados.
6 Se refiere a los Cursillos de Comillas, una experiencia única en la historia del Instituto, en la que se aprecia la creatividad del P. Morales. Era necesario poner en marcha un “noviciado” para estos laicos inmersos en la actividad profesional en las empresas. Ideó retirarlos del mundo durante siete meses, comenzando el 1 de marzo con el mes de ejercicios ignaciano, seguido de un mes de formación teológica adaptada e ellos, otro de trabajos humildes (limpieza, cocinas en la Universidad, etc.), otro de atención a los ancianos del asilo del pueblo, otro, quizá el más costoso, la marcha evangélica por los pueblos, mendigando su sustento, pero a la vez  ayudando en los trabajos a los campesinos y conectando a ser posible con los jóvenes; la experiencia terminaba con dos meses de formación espiritual, lectura, estudio, salidas de excursión.

7 Es interesante ver las miras siempre crecientes del fundador y cómo Dios pone en su puesto al hombre. Aunque no lo sabe nunca habría Cursillo 1960 ni ampliación de albergue ni otros de los muchos proyectos que tenía. El 16 de octubre de 1960 será separado del Hogar del Empleado por su Provincial, y todo este plan quedará en mero proyecto.