miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Qué es y qué no es el rosario?


Textos del siervo de Dios P. Tomás Morales, SJ sobre el rosario

Al cumplirse este año el veinte aniversario del nacimiento para la eternidad del P. Tomás Morales, y al estar en el mes de octubre, mes del rosario, nos ha parecido oportuno dedicar el Tema de Portada a una breve selección de los numerosos textos que el P. Morales nos dejó sobre el rosario.

Comenzamos con una meditación de octubre de 1992.

¿Qué es y qué no es el rosario?
¿Qué es y qué no es el rosario? No es una rutina, no es una costumbre, no es prisa; el rosario es toda la Iglesia reunida con María contemplándola. El rosario no es una devoción a la Virgen, sino una devoción a Cristo que centra perfectamente la vida del bautizado. Toda la Iglesia y tú, una parte viva, contemplando los misterios de Jesús con los ojos, y sobre todo con el corazón de la Virgen. No es el rosario una mecánica repetición distraída, o con rutina o con prisa, de cincuenta avemarías.


Sin contemplación de los misterios de la vida de Jesús, el rosario es cuerpo sin alma que acaba secándose, que acaba en rutina o prisa. Lo más bello que se puede ofrecer a Dios Padre después de la Santa Misa, Cristo-Crucificado, Cristo-comunión, Cristo-Sagrario, es el rosario contemplando los misterios de la vida de Jesús.

Es oración contemplativa y cristológica al mismo tiempo. Empieza siendo una oración contemplativa: ver a las personas, oír lo que hablan, contemplar lo que hacen, y, como todos los misterios de la vida de Jesús son reproducción del Christus humiles de san Agustín, me enseñan a desaparecer, me enseñan mi insignificancia, mi nada y mi pecado, y me preparan maravillosamente para contemplar el Dios majestad, sabiduría, eternidad, belleza, bondad y misericordia.

Oración contemplativa, aunque principia siendo súplica, tanto en las avemarías como en el padrenuestro que las entrelaza. La súplica con que se inicia el rosario se funde casi en oración de recogimiento primero, de quietud después, de unión transformadora finalmente. La cadencia de avemarías que se repiten se parece a las olas del mar, nos elevan a todos a las cimas de la contemplación.

Oración contemplativa, pero además cristológica, que nos hace comprender que Cristo no vivió hace veinte siglos en Jerusalén, sino que Cristo está viviendo en nosotros sus misterios de amor a cada uno. El rosario me enseña a vivir no solo, sino con María, la mejor contempladora de Jesucristo, la más amante de Dios.

Oración contemplativa, llena de una belleza tan grande... Oración de súplica, por el perdón de mis pecados: el egoísmo, padre del orgullo; la pereza, la hipocresía, la ingratitud, la desconfianza, el miedo.

Oración de acción de gracias por todos los beneficios que yo recibo, porque en el corazón inmaculado de la Virgen se dan gracias. También yo en mi pequeñez, puedo darlas. Oración de súplica, que obtiene milagros individuales y colectivos de transformación, de conversión. Por eso el rosario ha merecido siempre una vigilante atención y una cuidadosa solicitud de la Iglesia, mi madre y maestra.

Una segunda selección la tomamos del libro SEMBLANZAS, la dedicada a Santa María del Rosario, 7 octubre.

Santa María del Rosario (7 de octubre)
Un santo español, Domingo de Guzmán, en tierras de Francia. Desde Fangeaux domina la inmensidad del horizonte. Allí se le aparece la Virgen. Alborea el siglo XIII. Otra vez María a punto. Quiere salvar al mundo.

Ahora viene empuñando un arma, el rosario. Los albigenses niegan y escarnecen su Maternidad Divina y su Virginidad. Domingo implora el auxilio de la Virgen, se dispone a luchar contra los herejes. Asolaban el mediodía de Francia. Amenazaban al mundo. María baja desde el cielo, y nace en la tierra la devoción al rosario. El Santo y sus compañeros de la Orden de Predicadores, encontrarán en Santa María aliento para sus luchas de conquista.

Una epopeya de amor mirando a María
Desde entonces, la Virgen del Rosario acudirá puntual a la cita. La cristiandad peligra. Aguas de Lepanto. Amanecer del 7 de octubre de 1571. Los soldados de Juan de Austria desgranan las cuentas de sus rosarios. Se va a iniciar la memorable batalla. Triunfo cristiano. San Pío V instituye la fiesta de Santa María del Rosario en acción de gracias por la victoria. Años adelante, Carlos VI derrota a los turcos en Hungría y levanta el asedio de Corfú. Mientras, los cofrades del Rosario, en Roma y otras ciudades, invocaban a María. Clemente XI extiende la fiesta a la Iglesia universal en 1716.

En nuestros días, el hombre ensoberbecido por adelantos técnicos y progresos científicos, pretende hacerse dios. La Virgen, enarbolando el rosario, aparece en Lourdes y Fátima. Quiere salvar de nuevo al mundo, no de turco o albigenses, sí, de la esclavitud de orgullo, gula, dinero o impureza. Una juventud descreída que niega, no la Virginidad o Maternidad Divina de María, sino su dulce presencia en la tierra irradiando amor y generosidad. La Iglesia, cada bautizado, debe iniciar mirando a María una epopeya de amor en la tierra, que arrastre a los hombres a evangelizar de nuevo con energía y paciencia un mundo a espaldas de Dios.

Eternidad en la cabeza, mundo a los pies...
Luchará al servicio de Jesucristo, Rey eterno y Señor universal, por un mundo mejor. Se servirá del Rosario como arma predilecta. «Yo soy Nuestra Señora del Rosario», dice Ella en la última aparición de Fátima. «Rezadle todos los días para obtener la paz del mundo», aconsejará a los pastorcitos. Por eso, sus hijos cantan con júbilo y esperanza. «La Virgen nos manda las cuentas pasar, dice que el Rosario nos ha de salvar...» Y cuando en las noches serenas contemplan extasiados las estrellas luminosas, les parecen infinitas Avemarías de un rosario celestial pregonando las grandezas de Dios.

Se agarran... a los rosarios
Confianza en el poder incomparable de nuestra Reina. Miguel Ángel en el maravilloso Juicio Final de la Capilla Sixtina en Roma, nos ofrece un detalle muy significativo. Sólo lo captas cuando con ánimo atento, lleno de amor a María, contemplas esa maravilla del arte. Los que se salvan aparecen subiendo al cielo, a la derecha de la figura imponente de Jesucristo Juez, que ocupa el centro del cuadro. Agarrándose unos a los rosarios de otros, van trepando hacia arriba. El rosario de Santa María salvando las almas. Vida, dulzura, esperanza nuestra, ruega por nosotros.

Me vienen ideas y melodías...
10 de marzo de 1615. Reina en Inglaterra Jacobo II. Sube en Glasgow al cadalso un misionero jesuita, el P. Juan Ogilvie. Quiere dejar a los miles de espectadores un recuerdo de la fe por la que muere. Arroja su rosario a la multitud. Cae en el pecho de un joven aristócrata alemán, Juan Heckensdorf. En viaje de recreo se encontraba allí. A los pocos días, abjura de su herejía ante el Romano Pontífice. Se hace católico. Toda su vida repetiría que su conversión fue debida al rosario que hirió aquel día su corazón.

Confianza en María aun en las pequeñas necesidades. Son intrascendentes si se las compara con la eternidad hacia donde marchamos. A veces nos agobian estudios, trabajos, dolores... Haydn, el músico alemán, decía un día a sus amigos: «Cuando al componer una obra siento fugarse de repente la inspiración, no tengo sino coger mi rosario y rezar unas cuantas Avemarías. Entonces me vienen las ideas y las melodías a raudales. A veces en tal abundancia, que no me queda tiempo para apuntarlas.»

En tus dudas y apuros imita al gran compositor. Recurre a las cuentas de tu rosario. Y también cosecharás por su poderoso valimiento, éxitos inesperados y no merecidos. Mozart, después de sus obras en que interpreta como nadie la alegría de la música clásica, tomaba el rosario para agradecer a María la inspiración recibida.

Nada es imposible
Santa María del Rosario es también Santa María de las Victorias. No sólo en Lepanto. Una nave con este nombre de la Virgen tripulada por Sebastián Elcano, es la primera que da la vuelta al mundo paseando por océanos el nombre de la Reina y Estrella de los mares.

«Con María de la Victoria —decía el navegante después de su proeza—, nada es imposible.» Sin ella, todo se malogra. Por eso, la Santa Madre de Dios es Reina también de todas las odiseas que Ella ha desencadenado en la tierra para salvar almas y batallas a Dios.

Arma sencilla y eficaz
Confianza. Santa María del Rosario es Santa María de la Victoria. Para los Papas, la devoción del rosario es refugio providencial en circunstancias difíciles que se presentan a la Iglesia. Hacia ella vuelven siempre sus ojos san Pío V y Clemente XI ante el peligro turco. León XIII frente al desbordamiento racionalista y la apostasía de las masas del siglo XIX. Pío XII secundando los deseos de Santa María del Rosario en Fátima, desencadena la cruzada «por un mundo nuevo, distinto y mejor» del que conocemos. Se hace «su heraldo».

¿Cuál es el secreto de la eficacia de esta arma prodigiosa? Los mismos Papas nos responden. Es una devoción sencilla y llena de contenido. Sencilla, porque la más ignorante aldeana sabe rezar un rosario. Llena de contenido, porque con orden y suavidad exquisita al alcance de todos, nos hace recorrer los principales misterios de la Vida de Jesús de la más atractiva y eficaz manera, como los vivió su Santísima Madre.

El amor al rosario es, sin duda, una de las mejores herencias que nos dejó el P. Morales. A los veinte años de su muerte, justo es que actualicemos esta herencia y la entronicemos en nuestra vida en toda su pureza sabiendo qué es y qué no es el rosario: 50 perlas, una joya.