miércoles, 1 de octubre de 2014

La cadena de la vida

El misterio de la herencia está contenido en una molécula: el ADN. Tiene forma de doble cadena y la secuencia de sus cuatro unidades repetitivas permite explicar cómo se transmiten los caracteres generación tras generación. Por ello se llama al ADN la cadena de la vida.

Fijémonos ahora en el rosario. ¿No podríamos considerarlo también la cadena de la vida? Materialmente, es una cadena de eslabones distribuidos en cinco bloques: las decenas de avemarías intercaladas con las cuentas del padrenuestro. Y espiritualmente, lo es con mayor razón. Veamos por qué.

1) El rosario es cadena que une la tierra con el cielo. En la célebre representación del Juicio final que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, unos tiran de otros para subir al cielo, asiéndose a una especie de rosario. ¡Cuántos cristianos han mantenido su fe a lo largo de la historia siendo fieles al rezo del rosario en momentos de dificultad! Así les ha ocurrido a cristianos de Vietnam y Corea a lo largo de décadas de persecución: en ausencia de sacerdotes y sacramentos han encontrado en la recitación del rosario el aliento para persistir en la fe recibida.

2) El rosario es cadena que une a los miembros de una familia. Como escribe san Juan Pablo II en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (16 oct. 2002), fomentar el rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrarrestar los efectos desoladores de esta crisis actual que afecta a la institución familiar.

La persecución de cristianos en Irak y Siria nos está dejando testimonios impresionantes sobre el valor del rosario. Cabe citar el del periodista estadounidense James Foley, cuya decapitación por el “Estado Islámico” el 18 de agosto, estremeció al mundo. Pues bien, James era profundamente católico y se sentía unido así a su familia: era lo que mi madre y mi abuela hubieran rezado, escribió.

3) El rosario es además cadena que une a los seres humanos en la lucha contra el mal sembrando el bien, la libertad y la paz. Sigue comentando san Juan Pablo II que promover el rosario significa sumirse en la contemplación del misterio de Aquél que «es nuestra paz». No se puede recitar el rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz. El rosario nos encadena por la libertad ¡Cuántos cristianos perseguidos lo llevan colgado al cuello o se lo tatúan en la piel como medio para recordar y recordarse su identidad en ese medio hostil!

El rosario es, por tanto una cadena, pero lejos de esclavizarnos nos libera. Es una cadena ligera, que nos une con Dios, con María y entre nosotros. Y es una cadena de oro: cincuenta perlas ¡una joya!, como recuerda el titular de la revista.

Es verdad que la rutina amenaza con hacer mecánico su rezo. Pero consideremos que el peor rosario es el que no se reza, como decía san Juan XXIII. Por eso terminamos recordando al P. Tomás Morales: necesitáis un arma defensiva, un arma protectora. Es el rosario, que lo lleváis en vuestras manos, y sobre todo en vuestros corazones. Es el rosario que nos mantendrá unidos a todos en un solo corazón.