viernes, 1 de agosto de 2014

María Gaetana Agnesi

Por Jesús Amado

El 16 de mayo del 2014 el buscador Google presentó en su cabecera la imagen de una matemática italiana, María Gaetana Agnesi. Se cumplía en ese día los 296 años del nacimiento de esa admirable mujer.

Tal y como era de esperar, desde el mismo momento en que se ha conocido que se le rendía homenaje, en las redes sociales han sido muchos los comentarios preguntando sobre todo su pasado y qué hizo a lo largo de toda su vida. Televisión y prensa de ese día dedicaron espacio más o menos amplio a la faceta científica de esta mujer (ha pasado a la historia como la primera autora de un texto sobre matemáticas), pero pocos nos hablaron de su vivencia religiosa. Justo es, pues, que consideremos también esta faceta como parte sustancial de su biografía.

Como indicábamos, su obra más importante, Instituciones Analíticas, fue publicada en Milán en 1748. De inmediato fue traducida a varios idiomas y utilizada para aprender Matemáticas durante más de cincuenta años en muchos países de Europa. Al final de su vida era famosa en toda Europa como una de las mujeres de ciencia más capaces del siglo XVIII. Un cráter de Venus lleva su nombre en su honor. En la Biblioteca Ambrosiana de Milán se guardan sus obras inéditas que ocupan veinticinco volúmenes.

María Gaetana Agnesi nació en Milán el 16 de mayo de 1718, hija primogénita de don Pietro Agnesi Mariami y de Anna Brivio. Fue una niña precoz y dotada, que con cinco años hablaba francés, y con nueve, conocía siete lenguas: italiano, latín, francés, griego, hebreo, alemán y español, por lo que recibió el apelativo de “Oráculo de siete idiomas”. A esa edad estuvo durante una hora, ante una asamblea culta hablando en latín sobre el derecho de la mujer a estudiar ciencias y sobre cómo las artes liberales no eran contrarias al sexo femenino.

D. Pietro se propuso dar a sus hijos la mejor educación, incluyendo una formación científica. Pudo proporcionarles tutores de la más alta cualificación. No es de extrañar, pues, que le gustase mostrar el talento de su hija María en las reuniones que periódicamente organizaba en los salones de su Palacio Agnesi. Eran auténticas tertulias científicas a las cuales asistían eruditos e intelectuales italianos y aun extranjeros, para oír las disertaciones de María sobre temas filosóficos, científicos y matemáticos.

En 1738, con 20 años de edad, María publicó el libro Proposiciones Filosóficas. colección completa de 190 trabajos sobre lógica, mecánica, hidráulica, elasticidad, química, botánica, zoología, mineralogía, astronomía, filosofía, la mecánica celeste y la teoría newtoniana de la gravitación universal.

María nunca se casó. En 1739, a los 21 años, quiso entrar en un convento. No lo hizo ante la oposición de su padre, pero finalmente llegaron a un acuerdo. Ella continuaría con sus estudios y publicaciones, pero D. Pietro le eximiría de asistencia a bailes, espectáculos teatrales y otras diversiones mundanas. Más aún, respetaría el género de vida que deseaba realizar en favor de los más necesitados.

Comienza así un período de su vida en el que supo compaginar admirablemente la actividad intelectual con la vida activa en obras de caridad. Solicitó ser admitida a trabajar como voluntaria en el Hospicio Mayor de Milán, para atender al cuidado de mujeres pobres y enfermas.

Cada día asistía a Misa en la iglesia de San Antonio. Dos veces por semana confesaba y recibía la Comunión. Gran parte del día lo pasaba en el citado Hospicio ayudando material y espiritualmente a las mujeres enfermas más necesitadas. Y en ocasiones habilitaba salas de su propia vivienda-palacio como enfermería. Como esto iba siendo cada vez más frecuente, su padre tuvo que limitarle en el número de enfermos que podían ser atendidos en su Palacio Agnesi.

Junto con la progresión en sus conocimientos matemáticos, María dedicó también estos años a profundizar en los estudios teológicos (tradicionalmente abordados solo por clérigos) así como en lecturas bíblicas, de espiritualidad y de apologética. Y en una visión adelantada para su tiempo se dedicó simultáneamente, como laica, a tareas de catequesis, enseñanza y atención a pobres y enfermos.

Entró a formar parte también de una asociación laica: la Congregación de las Escuelas de la Doctrina Cristiana, dedicada a la instrucción de niños y niñas de escasos recursos. Fue fundada en Milán en 1536, y muy favorecida por el santo obispo Carlos Borromeo, entonces arzobispo de Milán. Hacia 1600, y solo en la ciudad de Milán, esta Congregación atendía a 7.000 niños y 5.750 niñas en sus 120 escuelas vinculadas a las diferentes parroquias de la ciudad.

Y a lo largo de diez años, junto a esas actividades en favor de los más necesitados, María siguió estudiando y profundizando en sus estudios matemáticos a fin de publicar un texto que pusiera al alcance de la juventud italiana los conocimientos de la época sobre algebra y geometría analítica, así como las nuevas técnicas de cálculo diferencial e integral.

María, con el dinero de su padre, dirigió la impresión del libro en su propia casa, para poder supervisar íntegramente la operación. El primer volumen del Instituzioni Analitiche fue publicado en 1748. El segundo volumen fue publicado al año siguiente. La acogida fue espectacular. La obra constituía un total de mil páginas.

En otoño de 1750, tras conocer su libro, el Papa Benedicto XIV le dio el nombramiento para ocupar la cátedra de Matemáticas Superiores y Filosofía Natural de la Universidad de Bolonia (Bolonia pertenecía en esa época a los Estados Pontificios). El Papa escribió a María Agnesi el 2 de septiembre de 1750: “En tiempos pasados Bolonia ha tenido en puestos públicos a personas de vuestro sexo. Nos parece adecuado continuar con esa honorable tradición”. “Hemos decidido que se le adjudique la bien conocida cátedra de Matemáticas...” María, no obstante, declinó ese honor, pues sus intereses los quería centrar definitivamente en la atención a los más necesitados de entre sus conciudadanos. No obstante aceptó ser nombrada miembro de la Academia de Ciencias de Bolonia.

El informe de una comisión de la Academia de Ciencias de París comentaba lo siguiente acerca de su libro: “Esta obra se caracteriza por una cuidadosa organización, su claridad y su precisión. No existe ningún libro, en ninguna otra lengua, que permita al lector penetrar tan profundamente, o tan rápidamente en los conceptos fundamentales del Análisis. Consideramos este Tratado como la obra más completa y la mejor escrita en su género”. De dicha comisión, que decidió la traducción y la publicación de esa obra al francés, formaba parte el insigne matemático Jean le Rond D’Alembert. Fue traducida a varios idiomas, y utilizada como manual en las universidades de distintos países, siendo, incluso cincuenta años más tarde, el texto matemático más completo.

A la muerte de su padre, en abril de 1752, María puso en venta su biblioteca particular (400 libros), renunció a todos sus derechos patrimoniales (era la primogénita) en favor de sus hermanos y redactó su testamento haciendo donación de todos sus bienes a obras de caridad. Tan solo les pidió una pequeña pensión mensual para su mantenimiento.

Y desde aquel momento solo vivió para la asistencia y educación de huérfanos, prostitutas, enfermos y ancianos. Hasta 1760 les atendió en un ala de su palacio, y a partir de ese año pasó a vivir a una modesta vivienda en la parroquia de San Calimero, continuando allí su labor caritativa. Y desde 1771 asumió la dirección del Hospicio Trivulzio, en el que vivió acompañando a los allí acogidos hasta su muerte, acaecida el 9 de enero de 1799, a sus 81 años de edad.