domingo, 1 de junio de 2014

Consérvame la sed

Por Antonio Rojas

Si no estás dispuesto a equivocarte,
nunca llegarás a nada original.


—Ken Robinson—

Es difícil, para el hombre, trabajar con originalidad. Sobre todo, cuando su tarea es un trabajo siempre igual, que sólo varía en la carga o en la propia disposición personal con que se acoge.

Es muy fácil caer en la rutina cuando se repiten los mismos sitios, todos los días; y los mismos instru­mentos, todos los días; y las mismas horas en los mismos talleres, todos los días. Las mismas oficinas, los mismos consultorios o las mismas aulas. Y con los mis­mos compañeros, para producir, poco más o menos, las mismas cosas y en igual cantidad.

Es difícil trabajar con originalidad cuando la rutina tiene adormilada el alma y entumecido el espíritu.

Pero si el hombre es a semejanza de Dios, el hombre debe aprender a trabajar con originalidad. Aconsejan en un departamento de publicidad:

Si quiere Vd. prosperar, gozando al mismo tiempo de la vida, entusiásmese con su profesión.

Porque el entusiasmo es el ingrediente que hace agra­dables las tareas tediosas, ahuyenta el cansancio y permi­te hacer más camino en menos tiempo.

No comience usted su jornada exclamando resignadamente:

—¡Otra vez el fastidioso yugo!

Diga por el contrario:

—¿Qué haré hoy mejor que ayer?

Porque el hombre es lo que es su pensamiento, su ideal.

Por eso, cuando el poeta Marquina quiso, en un corto verso, definir la vida y dar al hombre una idea clara de su peregrinar por el mundo, lo resumió así: 
Una fuente escondiday caminar con sed;y al final del caminoencontrarla y beber¡No pediría a Diosen la vida otro bien!
Y si Dios quisierami deseo atender,le diría: «A la fuente renuncio
y al camino también;
pero... hasta que me muera,
¡consérvame la sed!»

Una fuente escondida, qué bella metáfora de todo ideal. Coger el camino en marcha hacia el encuentro con la propia ilusión, independientemente de que el camino sea largo o breve, cuesta arriba o cuesta abajo. No importa. Caminar hacia la fuente en superación constante hasta encontrarla.

Sólo de esta manera el hombre acertará a dar originalidad a cada una de sus cosas. Y así, aunque haya llegado a la fuente, consérvame la sed para seguir avanzando, porque la meta de todo espíritu gigante está más allá.