martes, 1 de abril de 2014

Tembló fuertemente la tierra

Portada Estar 285
 1. ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste un temblor de tierra? En medio del temblor todo comienza a vibrar, los objetos mal asentados se caen, los muros poco consolidados ceden y se derrumban… ¿También tú lo recuerdas así? No sabemos precisar si temblamos con la tierra o si, más bien, temblamos de miedo. Y nos vemos impulsados a abandonar el cómodo rincón de nuestra casa —que ya no nos ofrece su refugio—, y a correr buscando una seguridad más duradera.

El Evangelio nos narra un temblor de tierra muy especial. Cuando Cristo murió, la tierra tembló y las rocas se resquebrajaron. Y después, cuando resucitó, de pronto tembló fuertemente la tierra. Fue una sacudida muy particular, porque a continuación se transmitieron en cadena temblores de todo tipo: los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. Las mujeres salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí… Y es que el impacto de la muerte y resurrección de Cristo sigue desde entonces propagando su estremecimiento por todo el mundo…

2. ¿Cuándo ha sido la última vez que has experimentado un temblor de alma, al descubrir la presencia de Jesucristo vivo? A veces estamos “a nuestras cosas”, y de repente, le descubrimos en un acontecimiento, o en una persona, o en una inspiración… Y también aquí percibimos esa sensación extraña: nuestro mundo interior comienza a vibrar, lo que tenemos mal asentado por dentro se nos cae, nuestros muros interiores se derrumban… No sabemos precisar si temblamos de miedo... o más bien de amor. Y buscando una seguridad que perdure nos arrojamos en los brazos de Cristo abiertos en Cruz…

El Papa Francisco ha experimentado la sacudida que procede de Jesús muerto y resucitado: todo él vibra con Cristo y nos transmite ese temblor interior. De ahí el título en nuestro tema de portada: Terremoto Francisco, la fuerza del amor.

3. El pasaje evangélico termina relatando que las mujeres al descubrir la resurrección del Señor, llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. Nosotros somos continuadores de este estremecimiento interior, que no deja de conmover a los que se abren al temblor del Señor. ¿Lo experimentas así cada día? Los artículos de este número de Estar son una buena muestra de ello: vemos cómo el impacto de Cristo —en unos Ejercicios espirituales, en una conversación, o en un Encuentro de Laicos en Marcha— se convierte en una necesidad de correr a anunciarlo —en un homenaje a la Inmaculada, en una conversación alma a alma, en una invitación a Ejercicios espirituales, en…—

Temblor de tierra. Temblor de alma. Temblor apostólico. Tres temblores que tienen su origen en la muerte y resurrección de Jesús, y que nos contagian su estremecimiento... si nos abrimos a Él ¡Feliz Pascua del Señor!