martes, 1 de abril de 2014

IV encuentro 'Laicos en Marcha'

Por Fernando Martín

Bajo el lema ‘La alegría del evangelio’ nos encontramos de nuevo este año toda la gran familia que formamos ‘Laicos en Marcha’. Hemos unido dos grandes corrientes de gracia: la llamada del Papa a la Nueva Evangelización, y la llamada de nuestro carisma, representada en el P. Morales y Abelardo, a la movilización del laicado.

Dos corrientes de gracia representadas en dos lemas, dos leitmotiv de nuestro encuentro: La alegría del Evangelio y No cansarse nunca de estar empezando siempre.

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.

¿Qué hemos venido a hacer en este espacio de encuentro que es Laicos en Marcha? Simplemente a recoger la invitación del Papa Francisco: 

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso.

Hemos venido a enfrentar los desafíos de la nueva evangelización:

Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante.

Y como dice el mismo Papa Francisco, no tenemos miedo a estos retos. Los desafíos están para superarlos.

Muchas cosas habrá que seguir diciendo, compartiendo, expresando, pero no nos olvidemos nunca de lo que da sentido a todo, mejor dicho, de quién da sentido a todo, que es una persona: Jesucristo. No nos olvidemos, nos ha dicho el Papa Francisco, del corazón del Evangelio, la verdad que habrá que repetir hasta que se nos imprima dentro, porque es la única que tenemos que anunciar. Y esa verdad es el Amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado. Todo lo demás es secundario.

El Papa Francisco nos ha llamado a la conversión y a la renovación. Y aquí tengo que mencionar el segundo leitmotiv, la frase que dicha por el Padre Morales y repetida por Abelardo es el compendio de lo que en el Movimiento de Santa María hemos tomado como la definición de la santidad cotidiana a la que estamos llamados todos nosotros: No cansarse nunca de estar empezando siempre.

Y me permito unir el corazón del Evangelio con nuestra sencilla definición de la santidad, es decir del camino del cristiano: Contando con el Amor salvífico de Dios manifestado en Cristo, no cansarse nunca de estar empezando siempre.

Hemos experimentado en estos dos días el encuentro, con el Señor y con cada uno de nuestros hermanos, que son diferentes manifestaciones de la gracia del Señor. Han sido momentos para compartir, para contar, escuchar, aprender, entusiasmar y salir con proyectos concretos de evangelización que nos ayuden a vivir la Alegría del Evangelio.

Que la Virgen Inmaculada, nuestra madre, siga sustentando nuestro encuentro y lleve a buen puerto todo lo que allí vivimos.