sábado, 1 de febrero de 2014

Lo importante es levantarse

Contado por Ángel Gómez

Cuentan que un día estaban en el bosque un caballo y su pequeño hijo. A los dos les gustaba correr sin rumbo fijo, sólo por el placer de sentir el cálido sol sobre sus cabezas. Padre e hijo disfrutaban mucho de estas carreras y de conversar juntos. Existía una comunicación constante entre los dos.

Esa mañana habían salido a correr, como era su costumbre. Estaban muy contentos porque el día era espléndido, cuando de repente el potrillo tropezó y cayó rodando. Su padre se detuvo de inmediato y volvió sobre sus pasos para ver qué le había sucedido a su hijo. Se acercó a él para ver cómo se encontraba, y el pequeño no lograba levantarse. Muy asustado le dijo a su padre: 

—Siento que no podré volverme a levantar, me duele mucho una pata.

—Hijo, debes levantarte. Acaso ¿te has roto algo? Déjame ver.

—Padre —le dijo el caballito—, creo que me he roto una pata. Sé que un caballo nunca se cae, y por eso si lo hace ya no puede volver a levantarse.

—Hijo, estás equivocado, los animales como nosotros se caen, pero vuelven a levantarse. Y tú te levantarás, porque te has hecho daño, pero no tienes nada roto. Tú puedes: te levantarás y volverás caminar y a correr como siempre lo has hecho. Yo te ayudaré a hacerlo: mira que yo necesitaré tu ayuda cuando caiga y necesite levantarme de nuevo.

—Pero, padre ¿cómo podría yo ayudarte a levantar si soy tan pequeño?

—Hijo, no se necesita fuerza física para dar la clase de ayuda que necesitamos, sólo se requiere un gran amor. La clase de ayuda que necesitamos es sentirnos ayudados por nuestros seres más queridos. Y como yo te amo mucho te digo que te levantes, porque todavía tenemos muchos caminos que recorrer juntos.

Y nuestro pequeño caballito se levantó, se sacudió el polvo, empezó poco a poco a caminar junto a su padre, y pronto empezaron a galopar como era su costumbre.

Y es que caer está permitido… pero levantarse es una obligación.