domingo, 1 de diciembre de 2013

Cuestión de integridad

Por Antonio Rojas

Te querré... ¿mientras me apetezca?
El verdadero amor sabe esperar
Alfonso Aguiló Pastrana

Angela Ellis-Jones, abogada británica, es una mujer que no ha necesitado recurrir a los tópicos “liberal-feminista” para realizarse. Ha dirigido una asociación universitaria, ha sido candidata al Parlamento, ha intervenido muchas veces en programas de televisión, debates en la BBC2, y ha escrito numerosas colaboraciones en el “Daily Telegraph” y otros periódicos. No es creyente. Pero cuando habla de la castidad, lo tiene claro:

Hoy día, la mayoría de las mujeres sostienen su derecho a la libertad sexual. Pero la única libertad sexual que yo he deseado es la de estar felizmente casada. Desde mi adolescencia sabía que debía guardarme para el matrimonio, y nunca he tenido la más mínima duda sobre mi decisión.

Angela Ellis-Jones tiene muy claras las razones para permanecer virgen hasta el matrimonio.

La castidad antes del matrimonio es una cuestión de integridad. Para mí, el verdadero sentido del acto sexual consiste en ser el supremo don de amor que pueden darse mutuamente un hombre y una mujer. Cuanto más a la ligera entregue uno su propio cuerpo, tanto menos valor tendrá el sexo.
Quien de verdad ama a una persona, quiere casarse con ella. Cuando dos personas tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio no se tratan una a otra con total respeto.
Pienso así desde que tenía 14 años. Por aquel entonces ya había observado el destrozo que producía el sexo frívolo en las vidas de algunos compañeros de escuela. Ya entonces me resultaba evidente que cuando se separa matrimonio y sexo, se difumina la diferencia entre estar casado y no estarlo, y se devalúa el matrimonio mismo. Quiero casarme con un hombre que tenga un concepto de la mujer lo bastante elevado como para guardarse íntegro para su esposa.

Dejarse fascinar por el afán de saciar nuestros instintos es algo que impide alcanzar lo realmente valioso. El hombre de deseos insaciables es como un tonel agujereado: se pasa la vida intentando llenarse, acarreando agua en un cubo igualmente agujereado.

Si la Iglesia católica no aprueba las relaciones prematrimoniales es precisamente porque tiene una enorme estima por el amor conyugal. Quiere ayudar a proteger y custodiar algo de lo que tanto depende, para la propia pareja y para toda la sociedad. Puros hasta el altar y fieles hasta el sepulcro.

No es cuestión de modas, libertades o precocidad, es cuestión de integridad.

Ilustración de José Miguel de la Peña