domingo, 1 de diciembre de 2013

Contemplar la Navidad desde san José

Por Fernando Martín

Este número de Estar llegará a casa cerca de las fechas entrañables de la Navidad. Diciembre es un mes marcado por dos fiestas difíciles de olvidar: la Inmaculada y la Navidad.

Me gustaría animaros desde estas líneas a volver a descubrir el misterio de la Navidad. Es verdad que cada año lo celebramos, pero tanta publicidad, tanto consumismo, tanto juguete y, en el fondo, tanto secularismo nos han hecho perder el sentido originario de una fiesta cristiana por excelencia.

Al estilo de una meditación ignaciana, en la que se nos aconseja “meternos en la escena, como si presente me hallase”, os propongo entrar en la Navidad desde un lugar privilegiado: desde el corazón de san José.

Y para no errar en el camino quiero sencillamente proponeros un texto del P. Morales que nos habla de la Navidad. Uno de esos textos que muchos tenemos grabados en el corazón más que en la memoria, porque se lo oímos tantas veces y ya sólo con escucharlo nos ponía en clima de oración. Es una de esas joyas de la mística de la oración con las que iniciaba sus meditaciones ignacianas del Nacimiento durante los días de Ejercicios Espirituales.

San José se fue convirtiendo para el P. Morales, sin duda que influido por la mística teresiana, en algo así como un lugar teológico: un lugar donde tienes la certeza de que siempre se va a encontrar a Dios. Una perspectiva privilegiada, junto con el corazón de la Virgen, desde los que gustaba de contemplar el nacimiento de Jesús. La sencillez del santo, su fidelidad, su fortaleza, le cautivaron siempre.

Es un texto sin pulir, aún sin publicar porque está tomado directamente de las grabaciones que tenemos de sus meditaciones, pero he preferido respetar las repeticiones propias del lenguaje oral.

Así empezaba su oración de preparación a la contemplación del Nacimiento:

San José: en mi pobreza para hacer oración, en mi pobreza para amar a este Jesús que nace para mí, rodeado como estoy de pecado por todas partes, san José: en mi pobreza, compadécete. En mi pobreza compadécete. Ayúdame. Llévame de la mano para estar contigo a tu lado, haciéndome pequeñito adorando a Jesús que nace, acompañándote en estos momentos. Tus sentimientos deben ser también los míos. Tu fe iluminada, que no ve nada pero cree en todo -vas muriendo a ti mismo-, es la fe iluminada que yo necesito. San José ¡llévame de la mano, condúceme a María y por María a Jesús!

Me cuesta tanto hacerme como niño y, sin embargo, san José, si no me hago niño, no puedo entrar en este Evangelio del amor.

Esta es mi propuesta para esta Navidad. Contemplarla desde la mirada y el corazón de san José. Repetir esta oración para que se nos contagie la “fe iluminada” del santo para contemplar el Misterio de la Navidad.

¡Feliz Navidad a todos!