martes, 1 de octubre de 2013

JMJ Río 2013. Vayan sin miedo para servir. Las claves del Papa Francisco.

Por P. Juan Ignacio Rodríguez y Bienvenido Gazapo 
En este momento comienzo a sentir un inicio de Saudade. Saudade de Brasil, este pueblo tan grande y de gran corazón, este pueblo tan amigable
Con estas palabras se despedía el papa Francisco, un poco melancólico, del país que le acogió durante los días de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Una semana que sin duda marcará un hito importante en la historia de la Iglesia latinoamericana contemporánea, porque Brasil es un país joven, de futuro, pero que plantea importantes interrogantes a la Iglesia Católica.

Los receptores de las enseñanzas y reflexiones del papa Francisco en este viaje no han sido solamente los jóvenes, principales receptores de su visita, sino también (y no en segundo término) los pastores (obispos, sacerdotes y consagrados), que han sido interpelados profundamente por sus afirmaciones clarividentes y sus propuestas valientes.

Brasil es un coloso físico. Tiene una superficie de más de 8,5 millones de km2, en la que cabe dos veces la Unión Europea o si se prefiere 17 Españas. Es el quinto país más grande del mundo, ocupando el 47% del territorio sudamericano. Sus dimensiones colosales, a las que en algún momento se ha referido el papa Francisco en su viaje, dan fe de ello: desde la frontera con Venezuela a Río de Janeiro se interponen 5.000 km. en línea recta (cinco veces la distancia Bilbao-Sevilla); los mismos que entre Río Grande del Norte, en el extremo más oriental del país y la frontera con Perú. Sus recursos de materias primas y fuentes de energía hacen de la economía brasileña la mayor de América Latina, dotada de un rápido crecimiento.

Brasil es también un gigante humano. Con una población de 200 millones de habitantes, se constituye en el sexto país más poblado del mundo. Y esa población es muy joven (un 25 por ciento es menor de 15 años), lo que supone un valor añadido. Su diversidad de espacios, climas y paisajes ha generado un mosaico variadísimo de etnias, culturas, lenguas (indígenas, europeos y africanos), pero esta diversidad se mantiene en una gran unidad política interior.

Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, Brasil se ha convertido en líder regional de referencia al que hay que prestar atención, pues forma parte, entre otras Organizaciones Internacionales, de la ONU, del G.20, de la OEA, y es motor de MERCOSUR, “mercado común” Latinoamericano. Por todas estas características sociales y económicas se le reconoce como Potencia emergente y uno de los BRIC, con Rusia, India y China.

Brasil y los problemas endémicos de Latinoamérica
Pese a todos estos avances sociales y económicos, Brasil sigue afectado por algunos problemas endémicos de Latinoamérica:

1º. Las diferencias sociales son todavía notables. Brasil es uno de los 12 países con mayores desigualdades del mundo. Las protestas sociales que hemos conocido por los medios de comunicación en los meses previos al verano —las más fuertes en los últimos veinte años, según los expertos— reivindicaban más servicios sociales y se quejaban de la corrupción política y la violencia policial, y han hecho disminuir la popularidad de Dilma Roussef, Presidenta de la República, perteneciente al Partido de los Trabajadores, de origen sindicalista, al que también perteneció Lula da Silva, icono del Brasil actual.

2º. La corrupción y el narcotráfico también ofrecen perfiles preocupantes. Este negocio genera beneficios económicos fabulosos de forma tal que en algunos países, como Colombia y México, los cárteles de la droga amenazan la misma existencia del Estado de Derecho. En Brasil, el esfuerzo de la policía en su lucha contra los narcotraficantes ha adquirido en ocasiones caracteres épicos. Todos recordamos escenas de asalto a las favelas con tanquetas del ejército.

El país del mundo con mayor número de católicos
Desde el punto de vista religioso, Brasil es también una potencia, pues es el país del mundo con mayor número de católicos (165 millones), aunque con un importante problema de pérdida de fieles. Como espacio latinoamericano, participa de sus características religiosas:

1ª. Gran peso específico numéricamente hablando: el 40 por ciento de los católicos del mundo (480 millones) vive en Latinoamérica.

2ª. La falsificación de la fe católica, amenazada por un sincretismo religioso cada vez mayor que adopta la forma de un nuevo espiritualismo en el que caben todas las manifestaciones posibles de religiosidad (santería, magia, politeísmo, etc.) Son muchas las sectas (incluso satánicas) que se dibujan en el panorama religioso latinoamericano; algunas nacidas en Brasil.

3ª. La Teología de la Liberación nació en Latinoamérica tras la Conferencia de Medellín (1968), intentado aplicar las orientaciones del Concilio Vaticano II a la realidad de aquellas gentes. Ha tenido sus principales representantes en Perú (Gustavo Gutiérrez), Brasil (Leonardo Boff), Uruguay (Juan Luis Segundo), junto con algunos autores españoles, y una gran repercusión en el mundo espiritual latinoamericano. Algunos de sus promotores asumieron el análisis y la praxis marxista, cosa que la Iglesia consideró incompatible con las enseñanzas de Jesucristo. El reto de vivir el Evangelio en un ambiente social cristiano tan distinto del de Europa sigue presente.

4ª. Latinoamérica es el mundo de los populismos y caudillismos políticos que merecen atención desde el punto de vista religioso. Aunque éste no es el caso de Brasil, sí lo es de Venezuela y Bolivia, países limítrofes, en los que los líderes políticos no renuncian a “refundar” religiones nacionales, reinterpretando a su manera el catolicismo.

5ª. En Brasil es especialmente preocupante el retroceso del número de católicos: en el año 1970 se declaraba católico el 92 por ciento de los brasileños. Hoy, la Iglesia ha perdido un 27 por ciento de los fieles, situándose en un 65%, a favor de las confesiones protestantes, principalmente las iglesias pentecostales y evangélicas.

Un Papa sorprendente en una nación sorprendente
A esta nación sorprendente llega Francisco, el Papa sencillo y humilde dispuesto a anunciar a Jesucristo desde el corazón. Fueron sus primeras palabras: he entendido que para tener acceso al pueblo brasileño hay que entrar por el corazón. Pido permiso para entrar y pasar una semana con ustedes. No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado, Jesucristo. Vengo en su nombre.

Y así, en esa semana de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa nos ha sorprendido llenando cada momento de gestos sencillos y sorprendentes: portar su propio maletín, esperar en la fila del avión, convivir con los periodistas, renunciar al coche blindado y cerrado, tomar en sus brazos la imagen de la Virgen, abrazar, abrazar y abrazar a todos.

Y junto a todo ello, un mensaje vivo, que es el mensaje que el Papa está lanzando, marcando el camino para una profunda renovación de la Iglesia. Lo ha hecho mediante dos tipos de mensajes: a los jóvenes y a los pastores.

1) A los jóvenes, ventanal por el que entra el futuro en el mundo, les dedicó varias alocuciones, directas, de gran fuerza misionera: espero lío… quiero que la Iglesia salga a la calle… que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad… si no salen, se convierten en una ONG… Que me perdonen los obispos y los curas (a los jóvenes argentinos, 25 de julio). Bota fe: Poned fe…  ¿Qué deja la cruz en cada uno de nosotros?... la certeza del amor fiel de Dios por nosotros (Vía Crucis). Vayan…  sin miedo… para servir (28 de julio).

2) A los pastores les he dedicado tres intervenciones monumentales: la primera, a los obispos, sacerdotes y consagrados que acompañaban a los jóvenes, donde los envía a la evangelización, promoviendo la cultura del encuentro. La segunda, al episcopado brasileño, en la que aborda los grandes desafíos religiosos de Brasil e indica cómo caminar con la gente, desde la sencillez, no desde el poder, cercanos a ellos (utiliza el bellísimo icono de los de Emaús). La tercera, al Comité de Coordinación del CELAM, en la que ofrece una lección magistral de eclesiología, levantando la mirada sobre todo el panorama eclesial de Latinoamérica.

Claves de las enseñanzas del papa Francisco
Algunas de las claves profundas de sus enseñanzas:

  • Abiertos el misterio de Dios. Su predicación constante es la de dejar espacio al misterio de Dios y acogerlo en la parte más cálida de nosotros mismos, el corazón. Dios es sorpresa y, cuando quiere, Él mismo aparece en su misterio, con aspecto de pequeñez y siempre con un mensaje de recomposición. Dios quiere manifestarse en nuestros medios pobres, y por ello el trabajo de la Iglesia se basará siempre en la creatividad del amor, no en la riqueza de los recursos. Por ello no podemos alejarnos de la sencillez ni de la gramática de la simplicidad. Su primera aparición en el balcón de San Pedro nos abrió a este misterio de Dios.
  • Centrados en Jesucristo. Lo hemos visto en sus primeras palabras. Y su mensaje a los jóvenes en estos días se centró en Cristo: Tengan el valor de ir contracorriente, con la certeza de que quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la verdad que es Cristo, no puede dejar de proclamarla. Se lo decía a los jóvenes argentinos, acostumbrados a sus palabras de pastor, y en ellos a toda la Iglesia: La fe en Jesucristo es algo muy serio, es un escándalo. Por favor, no licuen la fe en Jesucristo. La fe es entera...
  • Una Iglesia joven y alegre, cercana y acogedora. Pone su insistencia en la pastoral de la acogida, alejada de toda exclusión, promoviendo la cultura del encuentro. Él es un ejemplo vivo de ello. Y al hablar de ello el Papa piensa en cada joven: Hoy en día hay chicos que no tienen qué comer en el mundo; hay jóvenes enfermos que no tienen acceso a la salud, hay mendigos en la calle… este es el drama de este humanismo deshumanizado que vivimos y en él hay que recuperar a los jóvenes.  Su propuesta es educar a los jóvenes en la misión, educarlos a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe, a no enclaustrarse, pasando con decisión a la pastoral de la periferia, a los que están más lejos.
  • Una Iglesia sencilla, pobre, tierna y abierta. Lo manifestó desde el primer momento de su elección: cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres. Y para ello no duda en poner acentos y señalar las preferencias, alentando los esfuerzos para integrar todas las partes del cuerpo, especialmente las que más sufren. Repite que ningún esfuerzo será verdadero en una sociedad que ignora en las periferias una parte de sí misma: abrazar, abrazar, todos tenemos la necesidad de mirar al otro con los ojos de amor de Cristo, repite continuamente. El Papa piensa que la falta de sencillez aleja de la Iglesia: a veces perdemos a quien no nos entiende porque hemos olvidado la sencillez, importando de fuera una racionalidad ajena a nuestra gente. Y por ello pide hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida.
  • Una Iglesia misionera. Es el centro de su mensaje, expresado de miles de maneras, gestos y palabras: No balconeen; al cruce de caminos. Andad a buscarlos; quiero lío, espero lio, que la Iglesia salga a la calle, que nos defendamos de toda instalación, de estar encerrados en nosotros mismos; salid, no enclaustrarse, empujadles a que salgan; prefiero una Iglesia que se arriesgue y se equivoque que una Iglesia enferma por no salir.

Vayan sin miedo para servir
Y por ello no pudo ser otro su mensaje final en Río de Janeiro y el que nosotros recogemos con ánimo ilusionado: Vayan, sin miedo, para servir.

  • Vayan: es un mandato que nace de la fuerza del amor. No hay fronteras, no hay límites, nos envía a todos, a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales.
  • Sin miedo: nunca estamos solos, estamos juntos y así somos fuertes.
  • Para servir, explicado así: Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jesús