lunes, 1 de julio de 2013

Ser o no ser

Santiago Arellano Hernández

El beligerante asunto de la ideología de género nos exige descubrir la razón profunda del más radical y antihumano de los modos de confrontación propios de la dialéctica marxista. La oposición entre hombre y mujer como opresores y oprimidos, amos y esclavos, capitalistas y obreros, pone en el punto de mira la vocación suprema del ser humano al amor y la continuidad de la especie, en el cobijo natural de la familia. Sólo desde un odio misterioso al ser humano puede explicarse la locura colectiva que propicia la destrucción de la vida humana prefigurada en el grito de Don Álvaro (Duque de Rivas) “Perezca la raza humana” o el de Vicente Aleixandre “Humano no nazcas”.

Buscando esas claves misteriosas recuerdo la obra teatral Calígula de Albert Camus, escritor prototipo de un existencialismo ateo y desesperado, amargo hasta negar el sentido de la existencia, aun de la más evidente realidad y proclive a dejar al hombre abocado a la desesperación sin otra salida, en su lucidez, que la de la muerte o la de la crueldad.

Escrita en 1937, y estrenada en 1945 en el Teatro Hébertot en París, su versión definitiva apareció en 1957. Sorprende que aún humeante el mundo por la tragedia de la Guerra Mundial, ofrezca el autor como clave de las locuras recientes la presentación de un tirano que acaba de descubrir el sinsentido de una existencia en que ni amor, ni belleza, ni trascendencia sirven de consuelo. Aspirar a lo imposible es la clave de la vida, simbolizada en el “traedme la luna” que reclama el Emperador. ¿Qué le falta al hombre moderno para que se haya atrevido a todo? Probablemente, una vez proclamada la muerte de Dios, destruir cualquier cosa que recuerde su imagen, por ejemplo el amor entre un hombre y una mujer en el cobijo sagrado de la familia. Recomiendo que leáis la escena XII del Acto primero. Cesonia es la vieja amante, contrapunto de un mínimo de cordura y sensatez. Oigamos:

“CALÍGULA …¿De qué me sirve este asombroso poder si no puedo cambiar el orden de las cosas, si no puedo hacer que el sol se ponga por el este, que el sufrimiento decrezca y que los que nacen no mueran…. si no tengo influencia sobre el orden de este mundo?
CESONIA Pero eso es querer igualarse a los dioses.
CALÍGULA. ¿Qué es un dios para que yo desee igualarme a él? Lo que deseo hoy con todas mis fuerzas está por encima de los dioses. Tomo a mi cargo un reino donde lo imposible es rey.
CESONIA No podrás hacer que el cielo no sea cielo, que un rostro hermoso se vuelva feo, un corazón humano, insensible.
CALÍGULA (con exaltación creciente. Quiero mezclar el cielo con el mar, confundir fealdad y belleza, hacer brotar la risa del sufrimiento.
CESONIA (erguida delante de él y suplicante) Hay lo bueno y lo malo, lo grande y lo bajo, lo justo y lo injusto. Te aseguro que todo esto no cambiará.
CALÍGULA (en el mismo tono) Mi voluntad es cambiarlo. Haré a este siglo el don de la igualdad. Y cuando todo esté nivelado, lo imposible al fin en la tierra, la luna en mis manos, entonces quizá yo mismo esté transformado y el mundo conmigo; entonces, al fin, los hombres no morirán y serán dichosos.”

Alguna vez os he traído al acuarelista Steve Hanks. Hoy no comento sus obras. Ofrezco dos imágenes contrapuestas. Huir hacia delante o entregar la vida como razón de vivir. Esta es la cuestión.