lunes, 1 de julio de 2013

No tener miedo a “salir” de sí

Fernando Martín Herráez

Cuando esta revista ya esté en vuestras manos se habrá publicado la primera encíclica del Papa Francisco. “Lumen Fidei”, la luz de la fe, será un encíclica peculiar porque aun siendo publicada por el nuevo pontífice, él mismo ha declarado que en realidad es en gran parte obra de Benedicto XVI.

De algún modo, con este gesto de continuar una encíclica que había comenzado a escribir su predecesor, el Papa Francisco ha querido expresar la continuidad y la íntima coincidencia con el magisterio de Benedicto XVI.

No podía ser de otro modo. El Espíritu de Dios es continua novedad. Pero una novedad que nos hace descubrir día a día el tesoro que es la tradición y el depósito de la fe, que el Magisterio de la Iglesia, especialmente en la figura del Romano Pontífice, se esfuerza por conservar, interpretar y transmitir desde la primera predicación del evangelio.

Cuando hablamos de nueva evangelización tenemos que recordar que no estamos expresando con esto que existe una evangelización antigua que ya no sirve. En un discurso reciente del Papa Francisco a los miembros del XIII consejo ordinario de la secretaría general del Sínodo de los Obispos, les ha recordado que “la expresión «nueva evangelización», además, resalta la conciencia cada vez más clara de que incluso en los países de antigua tradición cristiana se hace necesario un renovado anuncio del Evangelio, para reconducir a un encuentro con Cristo que transforme verdaderamente la vida y no sea superficial, marcado por la rutina”.

Y de nuevo el Papa nos ha exhortado, con esa expresión suya tan característica de “salir a las periferias”, aunque usando esta vez una expresión similar, a la tarea permanente de todo cristiano, al anuncio de Cristo. Estas son sus palabras, sencillas y directas, y que hacen inútil cualquier comentario: “Desearía alentar a toda la comunidad eclesial a ser evangelizadora, a no tener miedo de «salir» de sí misma para anunciar, confiando sobre todo en la presencia misericordiosa de Dios que nos guía. Las técnicas son ciertamente importantes, pero ni siquiera las más perfectas podrían sustituir la acción discreta pero eficaz de Aquél que es el agente principal de la evangelización: el Espíritu Santo. Es necesario dejarse conducir por Él, incluso si nos lleva por caminos nuevos; es necesario dejarse transformar por Él para que nuestro anuncio se realice con la palabra acompañada siempre por sencillez de vida, espíritu de oración, caridad hacia todos, especialmente con los pequeños y los pobres, humildad y desapego de sí mismos, santidad de vida”.


Que Santa María, estrella de la Nueva Evangelización, nos ayude a acoger estas palabras en nuestro corazón y a ponerlas en acción.