sábado, 1 de junio de 2013

Jesús, oración, testimonio

Fernando Martín Herráez

Touché! Creo que es la expresión francesa que se usa en el arte de la esgrima cuando alguien es tocado con el estoque. Pues eso es lo que he sentido después de ver, leer y releer las palabras del Santo Padre Francisco con las que respondía a algunas preguntas en la Vigilia de Pentecostés.

Y cedo con gusto este espacio (sé que puedo permitírmelo y que no enfadaré a nuestro querido director), sin comentar el tema de portada, para hacerme eco de sus palabras. Porque las palabras del Papa Francisco están siendo un vendaval de Espíritu Santo y Dios quiere que toda la Iglesia acoja este don.

Sus palabras llegan directas y nos tocan muy dentro, porque los que le escuchamos intuimos, sabemos con la sabiduría del corazón, que habla no como maestro sino como testigo, porque nos da testimonio con su vida, con la coherencia de vida, como nos dijo en la Vigilia.

Me centro en la respuesta a la segunda pregunta. Trataba sobre el desafío de la nueva evangelización. Y el Papa ha condensado en tres palabras de sabiduría todo lo que necesitamos para ponernos en marcha. Tres palabras maravillosas y preñadas de significado: Jesús, oración y testimonio. Son una clave impresionante para interpretar toda la existencia cristiana en plenitud.

Sinceramente, ya me bastan. No necesito nada más, aunque sé que el Papa va a seguir regalándome palabras y testimonios, pero entiendo que lo que me ha dicho es de tal densidad que no puedo convertirme en un mero consumidor de palabras y expresiones bonitas. Tengo que parar aquí. Tengo que entrar en la escuela de María y meditar estar palabras ponderándolas en el corazón. Tengo que seguir a San Ignacio que decía en sus Ejercicios Espirituales que “no el mucho saber harta y satisface el ánima, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”.

Porque esas tres palabras dirigidas a los movimientos eclesiales, y yo me siento parte de uno de ellos, sé que están destinadas a cambiar mi vida, con la revolución del Evangelio, si las escucho de verdad y las acojo en el corazón.

Quizás incluso me sobran dos, y me quedo con la primera: Jesús. Dice el Papa: ¿Qué es lo más importante? Jesús.

La anécdota es que a partir de ahora cuando acompañemos al Papa en sus visitas o viajes, al verle cerca gritaremos Jesús, y no Francisco o Papa Francisco. Pero eso es la anécdota aunque es genial. Lo importante es lo que ese nombre significa para mi vida. La primera, la última y la única palabra en mi vida tiene que ser Jesús. Porque las otras dos son solamente una extensión y una consecuencia de la primera palabra. Oración es dialogar y dejarse guiar por Él. Y el testimonio, la coherencia de vida, es sencillamente la consecuencia, el reflejo del amor de Jesús en mi vida y de mi camino en pos de Él.

Jesús, oración, testimonio: y que todo lo demás quede en silencio.