lunes, 1 de abril de 2013

Suscitando interrogantes

P. Tomás Morales SJ

Estos son los «amigos fuertes de Dios», los evangelizadores con que soñaba Pablo VI. «Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiesta su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunidad de vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni se osaría soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros?» (Evangelii nuntiandi).

Este interrogante se abre en cuanto veo un auténtico cristiano a mi lado. Un Director General, Consejero Delegado de un Banco, me decía refiriéndose a otro Consejero: «Cuando le veo y habla en nuestras reuniones, despierta en mí una fe adormecida. Me impresiona más lo que dice o hace que todos los sermones de los sacerdotes».

El jefe de una empresa me confesaba a sus cuarenta años: «La fe de mi niñez desapareció muy pronto, pero hace dos años vino a trabajar conmigo un joven de veintiuno. Es el mejor empleado que tengo, el más entregado, el más servicial de todos. Me pregunté: ¿por qué será así? Cuando me enteré que encontraba fuerza y alegría en la oración y en los sacramentos, recuperé la fe perdida que hacía muchos años añoraba».

Un bautizado así despierta siempre inquietudes. Su vida abre interrogantes, interpela a todos, plantea preguntas. Sigue la consigna de San Pablo. Sin casi hablar «predica la palabra, insta a tiempo y a destiempo, reprende, exhorta, increpa con toda longanimidad no cesando en la enseñanza» (cf. 2 Tim 4,2). Es una «proclamación silenciosa, pero muy clara y eficaz, de la Buena Nueva» que plantea «las primeras preguntas a muchos no cristianos, bien se trate de personas a las que Cristo no había sido nunca anunciado, de bautizados no practicantes (…) bien se trate de gentes que buscan, no sin sufrimiento, algo o Alguien que ellos adivinan, pero sin poder darle un nombre. Surgirán otros interrogantes más profundos y más comprometedores, provocados por este testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es un elemento esencial, en general, el primero absolutamente en la evangelización. Todos los cristianos están llamados a este testimonio y, en este sentido, pueden ser verdaderos evangelizadores» (idem).

Un testimonio evangelizador que el bautizado consecuente sabe dar sin que su mano izquierda sepa lo que da la derecha.

(Hora de los Laicos)