lunes, 1 de abril de 2013

Gozo y confianza


Fernando Martín Herráez

Gozo y confianza: estos son los dos sentimientos que después de las numerosas impresiones de los primeros días del Pontificado del Papa Francisco se van reposando en el corazón. Gozo interior, alegría, por ver la acción de Dios en todos estos acontecimientos que van marcando la historia del mundo y de la Iglesia. Gozo por saber que Dios sigue amando a su Iglesia y la lleva de la mano de una manera prodigiosa. Y, en consecuencia, confianza en Él, que no se olvida de nosotros y que ha enviado de nuevo un Pastor bueno y solícito para ponerlo al frente de la Iglesia.

Gozo y confianza son también los sentimientos que ha despertado en mí el Papa Francisco en sus primeros discursos y gestos.

Imagino que con el paso del tiempo, como lo hicimos con Juan Pablo II o con Benedicto XVI, nos iremos haciendo conscientes del regalo que Dios nos ha hecho, pero ahora sólo puedo hablar de mis primeras impresiones, que he traducido en ese gozo y esa confianza que me provoca.

Con suavidad, con profundo respeto y con amor entrañable, ha entrado en diálogo con todos y cada uno de nosotros. Y en esto que digo veo un camino de nueva evangelización que el Papa está recorriendo de manera ejemplar. Trataré de explicarme.

Es un Papa que ha empezado dialogando, con todo el valor que le podemos dar a esa actitud de diálogo permanente que tienen el Papa y la Iglesia con el mundo. Sus primeras palabras desde el balcón de la plaza de San Pedro fueron para abrir un diálogo permanente. En primer lugar entre el obispo de Roma y el pueblo romano allí congregado. Un diálogo cargado de expresiones de gratitud, de reconocimiento mutuo, de oración recíproca, de confianza:
“Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro”. (Bendición Urbi et Orbi, 13-3- 2013)
Ha sabido dialogar con sus hermanos los cardenales del cónclave, entrando en el corazón, poniéndose en su lugar, y animándoles a seguir llevando el peso de la Iglesia a pesar de la edad avanzada de muchos de ellos:
Queridos Hermanos: ¡Ánimo! La mitad de nosotros tenemos una edad avanzada: la vejez es –me gusta decirlo así– la sede de la sabiduría de la vida”. (Audiencia a los cardenales, 15-3-2013)
Y ha entrado en diálogo con los periodistas. Yo no me canso de ver el vídeo que reproduce ese encuentro. Es impresionante. Cuánta humanidad, cuánta sabiduría, cuánto amor el del Papa, que supo ganarse el corazón de los que le escuchaban y que no tuvo ningún reparo en declararles: “Os quiero mucho. Os doy las gracias por todo lo que habéis hecho. Y pienso en vuestro trabajo: os deseo que trabajéis con serenidad y con fruto, y que conozcáis cada vez mejor el Evangelio de Jesucristo y la realidad de la Iglesia”.

Es un discurso de antología, pero hay que verlo en vídeo, para captar los gestos del Papa, sus sonrisas, sus bromas… Sí, al Papa le gusta bromear. Después de agradecerles su labor de información y de bromear por todo el trabajo que les ha dado el Cónclave, les explica la naturaleza de la Iglesia y del Papado de una manera genial, que es una confesión de fe:
“Cristo es el Pastor de la Iglesia, pero su presencia en la historia pasa a través de la libertad de los hombres: uno de ellos es elegido para servir como su Vicario, Sucesor del apóstol Pedro; pero Cristo es el centro, no el Sucesor de Pedro: Cristo. Cristo es el centro. Cristo es la referencia fundamental, el corazón de la Iglesia”.
Y sobre todo me quedo con el final. Cuando dejando los papeles, les ofreció una primicia informativa: la historia de cómo eligió el nombre de Francisco, en homenaje y devoción a Francisco de Asís, el santo de la pobreza y de la paz. Esa sí que es una historia que merece la pena escuchar una y mil veces:
“Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís. Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación”.
Sobran comentarios. Lo que dije al principio: gozo y confianza. Gracias, Señor, por el Papa Francisco.