viernes, 1 de marzo de 2013

Mi experiencia como catequista


Esther

Empecé a dar catequesis a niños hace 11 años, cuando estaba todavía en la Universidad. Una amiga mía tenía que dejar su grupo de catequesis y me ofreció llevar su grupo. La verdad es que era algo que siempre había querido hacer desde pequeña. Cuando veía a los catequistas que nos enseñaban cosas sobre la vida de Jesús o sobre la iglesia, sentía que yo de mayor tenía que ser catequista. Por suerte, no tuve que buscar mucho, me vino casi al encuentro la oportunidad. Y no la dejé escapar.

Al principio me costó un poco, porque eran niños de postcomunión, y esos años son muy difíciles, porque no se sienten motivados para ir a catequesis ya que ya han hecho la primera comunión. Al cabo de un tiempo, casi no asistían niños a la catequesis, y yo me lo tomé como algo personal, ¡a lo mejor es que no valía para dar catequesis! Sin embargo, continué. Los años posteriores fueron mucho más fáciles porque me tocó dar grupos de comunión, y no tenía problemas con la asistencia de los niños. También la experiencia va haciendo que aprendas truquillos para motivar a los niños, y hacer que les guste más la catequesis.

A lo largo de estos años, he aprendido muchas cosas. Una de ellas es que todos tenemos que estar al servicio de la iglesia allí donde se nos necesite, cada uno con sus cualidades. Lo importante, es que pongas tus habilidades al servicio de los demás, en el país más lejano o en la parroquia de tu casa, cada uno con su vocación.

Los niños siempre te enseñan muchas cosas. Te das cuenta de lo que realmente significa el “ser como niños” que nos enseña Jesús en el evangelio: Ser como niños no es ser infantiles, sino tener una mirada inocente y confiada. Y mirar con optimismo la vida.

Muchas veces te lo pasas genial en clase. Les enseñas pero también juegas con ellos y te ríes. Pero no siempre es fácil. Algunos años he tenido grupos muy complicados, con grupillos de niños que hablaban mucho, o que intentaban boicotear la clase para hacerse los graciosos ante los demás, y no dejaban aprender al resto.

A veces salía de la catequesis diciendo: “No sé si vale de algo la clase de hoy, porque me he tirado todo el tiempo mandándoles callar”. Sin embargo, luego pienso que muchas cosas se les quedan, ya que lo que aprenden de niños lo recuerdan de mayores y puede servirles para la vida.

Me parece fundamental enseñarles valores humanos, que son en realidad valores cristianos. Intento enseñarles que no pueden insultarse entre ellos, que deben compartir las cosas, que todos somos un equipo...

Lo que más importante me parece es enseñarles a ver a Jesús en el otro y a intentar parecerse a Jesús, que en definitiva es amar a Dios y al prójimo. Por supuesto tienen que aprender cosas de memoria, como los mandamientos o el Credo, pero sin perder de vista el objetivo de vivir el mandamiento del amor.

Como conclusión, decir que es de las cosas mejores que hago a lo largo de la semana. Creo que tengo una verdadera vocación de catequista y estoy muy contenta de tener la suerte de serlo.

Por último, quiero animar a todo el que sienta esta llamada, a que no la deje escapar, porque sencillamente, es estupendo.