viernes, 1 de febrero de 2013

Un sencillo recuerdo


Fernando Martín Herráez

Hace 25 años que fue aprobado el Instituto Secular Cruzados de Santa María. Celebrar un aniversario es una ocasión para volver la mirada agradecida al Señor por tanto amor y misericordia derramados en estos años sobre la institución, sus miembros y todos los que de alguna manera se relacionan con ella.

Celebrar es volver la vista atrás y recordar aquel año 1988. Me voy a permitir unos recuerdos personales, aunque sea un tanto difusos y muy limitados. Si alguien quiere recordar con nitidez los acontecimientos de ese año desde la perspectiva de la Cruzada, basta acercarse a la lectura de Profeta de nuestro tiempo”, de Javier del Hoyo.

En aquel año yo llevaba ocho años en la Cruzada... Prácticamente empezando. Estaba en el segundo periodo de formación que nos introduce en nuestra vocación. Para mí los Cruzados de Santa María lo eran todo. Había entrado en ellos desde la Milicia de Santa María, y en realidad entendía la consagración como una prolongación de la Milicia, aunque algunos formadores se empeñaran en decirnos que eran diferentes.

Sí, mi concepción de la vocación secular era la de un apóstol militante. Y entonces, en aquel año, de los pocos recuerdos que he podido rescatar, escuché unas palabras del Padre que he tardado muchos años en entender. En medio de las celebraciones de aquel año, el Padre Morales nos dijo que la Iglesia había dicho sí a la Cruzada como Instituto Secular, y que ahora era nuestra responsabilidad vivir como se decía en nuestras Constituciones.

El P. Morales no dijo aquello por decir algo. Lo dijo con todo el sentido y el conocimiento de cada uno de los cruzados. Para nosotros lo más fácil era continuar con la vida de militante, de apostolado alma-alma, de actuaciones de conquista para ejercicios espirituales o para los círculos de formación, de organización de actos masivos como vigilias y rosarios…

Todo esto es una bendición, pero no es lo esencial de un cruzado. Yo no lo entendí en ese momento y tardé muchos años en entenderlo, y aún a veces se me nubla el entendimiento anhelando eso otro que he vivido en mi vida de militante.

He tardado muchos años en entender que la esencia dela vocación cruzada es la teología de la Encarnación, la vida de Nazaret, el fermento que actúa en la masa, pero que es realmente eficaz porque desaparece en ella y vive escondido. La esencia de la vida de un cruzado es vivir su consagración en medio del mundo, escondido, sepultado, pero tremendamente fecundo y transformador de las estructuras del mundo, donde tiene su puesto, si vive unido al Señor.

Como Cruzada y Milicia han ido siempre unidas, muchos de los que nos conocen y nos quieren, pero no entienden bien la vocación consagrada en el mundo, nos llaman, como las sirenas a Ulises, para que volvamos a la acción apostólica directa; y en algunos casos habrá que hacerlo. Pero la vocación que el P. Morales soñó desde el principio y que vio plasmada en las Constituciones, no es la del militante, sino la del Cruzado de Santa María, consagrado a Dios en medio del mundo.

Son muy necesarios los laicos militantes conscientes de su fe, pero en medio de ellos, animándoles, orientando, y sobre todo ofreciéndose a Dios en la vida escondida de la profesión, son igual de necesarios los Cruzados de Santa María. Así nos ha querido el Señor y es motivo de acción de gracias.

Que María nos siga amparando otros 25 años más y todos los que el Señor quiera. Y que nosotros demos frutos de santidad para la Iglesia y el mundo.