viernes, 1 de febrero de 2013

“La Iglesia ha dicho sí. Ahora depende de vosotros...”

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El 11 de este mes, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se cumplen 25 años de la aprobación de los Cruzados de Santa María como Instituto Secular y de sus Constituciones. Es un motivo de gran gozo y de agradecimiento ya que, “entre los consuelos de Dios y las persecuciones del mundo” (Vat. II) que sabemos no han faltado, sigue adelante la pequeña y providencial historia de esta “partecita de la Iglesia”, como la llamaban el P. Morales SJ y Abelardo de Armas.
Que los Cruzados fueran constituidos en Instituto Secular no es secundario; antes bien acentúa y garantiza su índole seglar, mediante la profesión de los consejos evangélicos vividos en medio del mundo. El camino a seguir es claro: “Cuanto habéis dejado escrito en vuestras Constituciones ha sido detenidamente estudiado por mí. Más de treinta años de viva historia quedan codificados en cada uno de los artículos que con tanto cariño y desvelo habéis observado para permanecer fieles en el seguimiento de Cristo”, escribía el padre Morales (Circular, 6 junio 1985).
La fidelidad a esta pauta de vida respaldada por nuestra Madre la Iglesia significa insistir en la “paradoja cristiana”: trabajar como seglares entre las realidades cotidianas y mostrar hasta qué punto pueden ser transformadas para Dios por el espíritu de las Bienaventuranzas.
Abelardo, al comunicar la aprobación canónica del Instituto a todos los miembros, daba lectura a una carta del padre Morales del mismo 11 de febrero del año 1988, en la que éste relataba aspectos que consideraba providenciales y en los que veía la mano intercesora de Santa María.
Uno de ellos, junto a fechas que jalonan la corta pero intensa historia del instituto desde el 8 de diciembre de 1955, es la aprobación en las Constituciones -fruto de la paciencia y la oración constante- de cuatro puntos neurálgicos que, “habiéndolos vivido durante más de 30 años, dan fisonomía a vuestra Cruzada: Conservar el nombre de Cruzados de Santa María, hermanaros a todos, laicos y presbíteros, en un único instituto, el gobierno laical y la posibilidad de elegir al Mayor general a perpetuidad.”
Insistía el fundador en “realizar en vuestras vidas esa santidad que es lo específico de la Iglesia y por lo tanto el carisma de vuestra vocación. Nacisteis para ser santos, y la Virgen os trajo a la Cruzada para vivir, con Ella y San José, esa santidad que os hace contemplativos en la acción. La gratitud os debe espolear siempre a vivir ocultos en Cristo Jesús adentrándoos en Nazaret. Las palabras de D. José María García Lahiguera, en mayo 55 han de serviros como consigna: ‘La iglesia ha dicho sí, pero de vosotros depende que este sí se convierta en realidad’. Pedid que la Virgen de Lourdes os consiga el milagro de entrar en el camino de la santidad, una santidad sencilla y alegre como la suya, sin acciones brillantes, que se sepa ocultar siempre sin llamar la atención nunca.”
Tal vez no sea anecdótico que en una postdata de ese mismo escrito, el P. Morales comunique a todos que un matrimonio de la Milicia de Santa María recién constituido, se halla a punto de volar a Perú. Y muestra el horizonte de una alegre multiplicación de “matrimonios misioneros”, que harán “que el militante que no se sienta llamado por Dios a la consagración, abandone la idea falsa de que pasa a segunda división al orientarse a la vida matrimonial. Os ayudará a formar a los militantes en desprendimiento del dinero y sus comodidades para que constituyan hogares de nuevo cuño que salven el mundo, y sin los cuales vosotros no podríais hacer casi nada.”