martes, 1 de enero de 2013

Momento presente

Sin serenidad no hay orden, pero sin vivir el momento presente no hay serenidad, no puedes permanecer en las alturas sedantes y fecundas de la paz. La paz es la tranquilidad en el orden (S. Agustín), pero esa tranquilidad sólo ancla en la bahía del momento presente vivido con amor. Tienes que diferenciarte de la gente, ser persona. La mayoría se pasa la vida añorando o lamentándose del pasado, quejándose del presente o temblando ante el porvenir.
El AHORA es la clave de la autoeducación. Si no lo vives, no madurarás como persona. No es un regalo que nos cae del cielo. Hay que conquistarlo a punta de lanza (Foerster). No sueñes con el después. No sabes si llegará. «Mañana» es con frecuencia el vestíbulo del «nunca».
El momento «es la conexión real, directa, actual de la eternidad con el tiempo» (U. von Balthasar). Soñar con el futuro es despilfarrar la vida, que no es otra cosa que la fracción de segundo que ahora atravesamos. «Mañana» es un estafador. Te quita el dinero contante y sonante del momento presente, y sólo te paga con promesas bonitas que nunca se cumplen.
El momento presente es el mineral en bruto del que podemos sacar todo lo que queramos para el tiempo y la eternidad. Para vivirlo, tomemos como intercesora y modelo a la santa más grande de los tiempos modernos, y también la más actual: «Los que corremos por el camino del amor, no debemos inquietarnos por nada. Si yo no sufriera minuto a minuto, me sería imposible tener paciencia, pero yo no veo más que el momento presente, olvido el pasado y me guardo muy bien de preocuparme por el porvenir. Si nos desalentamos y llegamos a veces a desesperarnos, es porque pensamos en el pasado y en lo porvenir».
Santa Teresa de Lisieux se siente inclinada como por instinto a no planear, a no evocar recuerdos. Los panoramas pretéritos o futuros desvían del ahora. Proyectar hacia el porvenir en alas de la imaginación, es teorizar, salir de la realidad, enredarse en las tupidas mallas de esa problemática existencial que angustia a nuestro mundo. «Los que corremos por el camino del amor, no hemos de pensar en lo que de doloroso pueda sucedernos en lo porvenir. Eso es falta de confianza, y como mezclarse en la obra creadora de Dios».
La santa nos enseña a sufrir, a tener paz, viviendo el ahora. «De momento a momento, se puede aguantar mucho». No quiere construir nada en el aire, actitud muy femenina. Sólo quiere amar, confiar, entregarse, irradiar amor. Sabe que para esto tiene que vivir sólo el momento presente. Cada minuto para ella es misteriosamente nuevo. Lo vive tan dentro del corazón, tan cerca de Dios, tan en clima de eternidad que no le queda tiempo para escarbar en el pasado o indagar en el porvenir. Sabe que salirse del momento presente es renunciar al amor.
Cuando le aseguran que tendrá miedo a la muerte, se limita a responder: «Puede ser. ¡Estoy tan poco segura de mí! ¡Soy tan débil! Pero quiero gozar del sentimiento que Nuestro Señor me da ahora... He notado muy a menudo que Jesús no quiere darme provisiones, sino que en cada instante me alimenta de un manjar enteramente nuevo. Lo encuentro en mí, sin saber cómo está allí. Creo sencillamente que es Jesús mismo, oculto en el fondo de mi pobrecillo corazón, quien obra de manera misteriosa y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente».
Ovillo de Ariadna