martes, 1 de enero de 2013

El momento presente vivido con amor

Fernando Martín Herráez
Si hay una expresión famosa y que repitió miles de veces el P. Morales, es la de vivir el momento presente. Hizo de esa expresión un leitmotiv de su pedagogía para forjar hombres. Hace poco ha aparecido una nueva edición de una de sus obras más importante sobre el tema de la formación, El Ovillo de Ariadna. Es un ensayo sobre los valores humanos que sustentan una personalidad rica y bien formada. Pues bien, si no he contado mal, el “momento presente” aparece hasta 28 veces.
Lo encuadra especialmente dentro del valor del orden, que define como el valor de los valores porque en él se sustentan todos, como el capitel que remata la columna y del que parten los distintos arcos para formar la bóveda.
Al tratar de explicar el orden va desarrollando algunos integrantes esenciales para alcanzar este valor, como por ejemplo la serenidad, y entre ellos destaca el saber vivir el momento presente. Citando a San Agustín dice que la paz es la tranquilidad en el orden, “pero esa tranquilidad sólo ancla en la bahía del momento presente vivido con amor”.
El momento presente vivido con amor. ¿Puede haber una expresión más lograda de un ideal para la educación de la persona? No conozco muchos idearios educativos de colegios, pero me encantaría encontrar esta expresión en alguno de ellos.
El Padre Morales era un auténtico educador en la pedagogía del orden y de cómo vivir el tiempo que nos ha correspondido por gracia. Diagnostica con certeza la enfermedad de la huida del presente; en el momento presente vivido con amor no cabe ni la añoranza, ni la queja ni el temor: “La mayoría se pasa la vida añorando o lamentándose del pasado, quejándose del presente o temblando ante el porvenir”.
Y pone de ejemplo y de intercesora para vivir el momento presente a una de las santas más actuales, a la jovencísima doctora de la Iglesia Santa Teresa de Lisieux: «Los que corremos por el camino del amor, no debemos inquietarnos por nada. Si yo no sufriera minuto a minuto, me sería imposible tener paciencia, pero yo no veo más que el momento presente, olvido el pasado y me guardo muy bien de preocuparme por el porvenir. Si nos desalentamos y llegamos a veces a desesperarnos, es porque pensamos en el pasado y en lo porvenir» (Historia de un alma).
Impresionan sus palabras cuando ya se acerca a la muerte: «Nuestro Señor no me da presentimiento alguno de mi próxima muerte, sino sólo dolores cada vez mayores. Pero no me apuro; yo sólo quiero pensar en el momento presente». (Novissima verba)
La santa cree con fe viva en Jesús oculto en el momento presente. «He notado muy a menudo que Jesús no quiere darme provisiones, sino que en cada instante me alimenta de un manjar enteramente nuevo. Lo encuentro en mí, sin saber cómo está allí. Creo sencillamente que es Jesús mismo, oculto en el fondo de mi pobrecillo corazón, quien obra de manera misteriosa y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente» (Ib.)
Ese es el gran regalo que nos hace el momento presente, la presencia del Señor y como consecuencia la paz. Así lo repite el Padre Morales siguiendo la guía segura de la santa de Lisieux: “El secreto del momento presente es intimidad amorosa con Dios como regalo y como presente. Si ese secreto se hace familiar, el alma nunca pierde la paz. Ni aun por sus miserias”.
¿No creéis que merece la pena vivir así? Yo creo que sí.