sábado, 1 de diciembre de 2012

Ante el portal

Fernando Martín Herráez
Navidad 2012. Se acerca un año más la celebración de la Navidad y nos gustaría prepararnos para entrar en el misterio. Desde hace tiempo todos los años me quedo con la sensación de que me detengo en la superficie, que merodeo por los alrededores pero que no entro en el portal, que soy un espectador, un transeúnte, pero no un sencillo pastorcillo que se acerca al pesebre, se arrodilla ante el misterio del Dios encarnado y adora a su Señor.
Por eso este año he decidido dedicar el Adviento a prepararme para ese momento. Y uno de los propósitos ha sido leer el tercer tomo de la trilogía sobre Jesús de Nazaret, dedicado a la infancia de Jesús, con el que nos ha querido regalar el Papa. Como sabía que estaba a punto de publicarse el libro, y recordando el bien que me hizo la lectura del primer tomo, he vuelto a releer algunos pasajes que tenía subrayados, y me ha ayudado a prepararme para entrar en el misterio de la Encarnación.
En el capítulo dedicado al Evangelio del Reino de Dios, el Papa comenta que “el contenido central del Evangelio es que el Reino de Dios está cerca. Se pone un hito en el tiempo, sucede algo nuevo. Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe”.
Son reflexiones que me llevo en el zurrón para entrar en el portal. Porque esas palabras se iluminan al meditarlas delante de Jesús Niño: El Reino de Dios está cerca. Se ha hecho presencia humana y se ha acercado hasta nosotros. El que es eterno ha entrado en el tiempo y permanece…
Un poco más adelante del texto citado, Benedicto XVI habla de tres dimensiones que los Padres de la Iglesia han destacado al interpreta la expresión Reino de Dios. Una primera dimensión es cristológica: el Reino no es una cosa, no es un espacio de dominio; es una persona, Jesucristo. La segunda dimensión es mística, considera que el Reino de Dios se encuentra en el interior del hombre; allí crece y desde allí actúa. Y la tercera dimensión es eclesial: los Santos Padres identifican y ven similitudes entre el Reino de Dios y la Iglesia.
Ya tengo el zurrón bien cargado con las reflexiones del Papa y vuelvo a saborear en el corazón, como lo hace la Virgen, las palabras de antes: sí, el Reino de Dios está cerca. Y de rodillas adoro a mi Dios encarnado, siento cómo su presencia crece en mi interior y continúo amando a mi Iglesia.
Ya sólo me queda una cosa más. Lo que dice el Papa al final de la cita: “Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe”. Nada más y nada menos: Creer en Jesucristo y cambiar de vida.
Ya puedo volver al portal. Ya no soy un mero espectador, o un transeúnte o un turista, soy un peregrino que sabe lo que busca. Para todos vosotros, para vuestras familias y amigos,
FELIZ NAVIDAD.