jueves, 1 de noviembre de 2012

Frente a la santidad, el vicio

Santiago Arellano Hernández

En 1714 Robert Mandeville (16701733) reditó, bajo el título Fábula de las abejas, el texto que ya había sido publicado anónimamente en 1705, un folleto de 26 páginas, que iba a dinamitar el orden moral. Es uno de los precedentes más claros del nuevo hombre que se predica desde la Ilustración.

El poema busca desacreditar la primacía de la virtud sobre el vicio. Anuncia a Hume o al todavía más demoledor Nietzsche.

El argumento es simple: una sociedad feliz deja de serlo cuando algún puritano quiere recuperar las buenas costumbres y la buena imagen de la sociedad persiguiendo el vicio y propiciando la virtud. Sólo el vicio impulsa el progreso.

El poema comienza describiendo, bajo la metáfora de una colmena, una sociedad feliz:


“Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
 
En esta sociedad son los vicios los que hacen prosperar a la ciudad, y más cuanto el vicio tenga más poder. No se trata ni de la sátira ni de la caricatura mordaz. No. Es exaltar sin pudor ni paliativos que apartar de los vicios a las personas es conducirlas a la desgraciada pobreza y a la tristeza. Es el egoísmo individualista el origen de toda prosperidad.


... Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
... Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
... Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan
por hacer de un gran panal un panal honrado.
...Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
... El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.


Júpiter decidió cambiar el deplorable estado de la sociedad. La consecuencia fue el colapso de la prosperidad:


Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
... Quienes no tenían razón enmudecieron,
... con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
... La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
.……..


La moraleja es demoledora:


“Querer gozar de los beneficios del mundo,
y ser famosos en la guerra, y vivir con holgura,
sin grandes vicios, es vana
utopía en el cerebro asentada.
Fraude, lujo y orgullo deben vivir
mientras disfrutemos de sus beneficios.
 
No se trata de denunciar, sino de exaltar sin hipocresía, no el ideal del hombre moderno. No existen límites morales. El fraude como estímulo del crecimiento económico y social se ha convertido en un axioma indiscutible. Con cinismo sobrecogedor el autor proclama “Fraude, lujo y orgullo deben vivir mientras disfrutemos de sus beneficios.” ¿Es otro el fundamento moral de nuestro tiempo?

Os propongo que en clave de luz y sentido contrapongamos a la “Fábula de las abejas” la contemplación de las tentaciones que el diablo le hizo a Cristo en el desierto, tal como la encontramos en el tímpano izquierdo de la puerta de Platerías en Santiago de Compostela. Su candorosa imaginería nos permitirá entender lo que le está ocurriendo a nuestro mundo. Piedras que se convertirán en pan; milagros espectáculos y el dominio de la tierra. Recordad la respuesta de Nuestro Señor y comprenderemos la fábula.