lunes, 1 de octubre de 2012

Una mirada cristiana desde la fe

Santiago Arellano Hernández
Deidad
Como duerme la chispa en el guijarro
 y la estatua en el barro,
 en ti duerme la divinidad.
 Tan sólo en un dolor constante y fuerte
 al choque, brota de la piedra inerte
 el relámpago de la deidad.
 No te quejes, por tanto, del destino,
 pues lo que en tu interior hay de divino
 sólo surge merced a él.
 Soporta, si es posible, sonriendo,
 la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para ti las horas malas,
 si cada hora en tus nacientes alas
 pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás...

En este año que Benedicto XVI ha querido dedicar a exaltar y profundizar el misterio de la Fe, se me ocurre traeros un poemilla del gran poeta mejicano Amado Nervo. El nació en 1870 y murió en Montevideo, Uruguay en 1919. 48 años de una vida cargada de éxitos literarios, profesionales y hasta políticos, pero a su vez cargada de amargas experiencias personales. Su padre muere cuando él tenía 13 años, su hermano, también escritor, se suicida; y muere su esposa a los once años de casados. Sufrió tal convulsión interior que estuvo a punto de ordenarse de sacerdote. Su conocida poesía “Si tu me dices ven, lo dejo todo” divulgada por Antonio Gil y Los Panchos, aunque en versión de amores humanos, es un soneto en clave mística, escrito en medio de su crisis religiosa y cuyo centro temático es el encuentro vivencial con Cristo, por el que se sentiría capaz de abandonarlo todo. Otro día hablaremos de este poema.

El que os he elegido lleva por título “Deidad”. No se trata tanto de ponderarnos la divinidad y grandeza de Dios. Lo que quiere proclamar es la divinidad del hombre.

Todo el poema se organiza desde la firmeza de la Fe como presupuesto para entender todo lo que nos va aconteciendo en el vivir de cada día, lo favorable y lo adverso. Como canta el poeta: “¿Qué importan para ti las horas malas, si cada hora en tus nacientes alas pone una pluma bella más?” Dios aparece como el artista que va modelando en el barro o esculpiendo en la piedra nuestra escultura.

¿Cómo conseguir que la materia primera de nuestra condición, barro o piedra, deje entrever la realidad divina que por don cada ser humano ha recibido de las manos de su artífice divino? La respuesta reforzada por las imágenes que la ilustran nos sugiere que es el sufrimiento, la amargura o el dolor los medios que hacen saltar como en el choque del pedernal la realidad sagrada de nuestro espíritu. “Tan sólo en un dolor constante y fuerte al choque, brota de la piedra inerte el relámpago de la deidad” y añade: “No te quejes, por tanto, del destino, pues lo que en tu interior hay de divino sólo surge merced a él.”

Nos encontramos ante la visión cristiana de la existencia, que pide resignación y rostro sonriente y sereno, no por estoicismo, sino porque nuestra esperanza está puesta en un Dios que no nos puede engañar. Los tres últimos versos ratifican la andadura vital desde la fe, con la rotundidad de la anáfora y la musicalidad que vertebran el poema con esas originales sextinas que riman en agudo los versos terceros y sextos. Amado Nervo pertenece al movimiento modernista en las formas. En el contenido, es un poeta cristiano.

La Anunciación de Murillo
Como contrapunto de este poema presento la Anunciación de Murillo. El cielo es testigo de lo que ocurre en la tierra. El espíritu Santo centra en medio del cuadro la escena rodeado de angelitos regocijados. De rodillas en el suelo el ángel Gabriel, a su altura, bueno un poquito más elevada, María, humilde y sumisa, como nos indican sus brazos cruzados. Hágase en mí según tu palabra. Y todo ello en medio de la más ordinaria cotidianidad, la mesita de oración y de estudio con su libro y a los pies el cestillo con las ropas que cose, borda y prepara, esta doncellita de Israel. Y el Verbo de Dios se vino a ser uno como nosotros, menos en el pecado y abrió el camino de nuestra divinización. Esta es nuestra Fe.