lunes, 1 de octubre de 2012

Empezamos el Año de la Fe

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"Quiero anunciar en esta Celebración Eucarística que he decidido convocar un “Año de la Fe”. Este Año comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo”. (Benedicto XVI, 16 octubre 2011).

Con estas palabras, el Santo Padre convocó hace un año a toda la Iglesia a movilizarse a favor de la gran aventura de la fe en nuestro tiempo.

La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dan- do al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida.

Es paradójico que algo tan fundamental como los grandes valores tenga que celebrarse con un o Internacional. Cierto. La fe no necesita ruido, ni marketing. Pero una llamada de atención para que reflexionemos y actuemos, unidos por lo que compartimos, puede ayudar al redescubrimiento de la fe por parte de muchas personas –nosotros mismos en primer lugar- y a su expansión.

Los bautizados necesitamos un revulsivo que despierte nuestra conciencia para redescubrir y revivir la belleza y la potencialidad de lo que nos constituye. Tal vez por eso en estos cincuenta años después de la inauguración del Vaticano II, en 1967 y ahora, se han celebrado ya en la Iglesia Católica dos años de la fe.

¿Qué pretende este Año de la fe convocado por Benedicto XVI?:

  • Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada.
  • Invitar a una auténtica y renovada conversión a Cristo. 
  • Promover el conocimiento y la aplicación de todo el potencial que encierra el Concilio, verdadera brújula para nuestro tiempo. 
  • Intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, en un momento de profundo cambio. 
  • Comprometerse a favor de una nueva evangelización y redescubrir la alegría de creer, y así volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe... ¡y comunicarla! 
  • Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y re- novada convicción, con confianza y esperanza.
  •  Comprender de manera más profunda los contenidos de la fe y también el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios. El acto de fe sin contenidos reduce la fe a un sentimiento subjetivo. Los contenidos sin el asentimiento vivo, instruyen pero no nos unen a Dios ni con- vierten nuestra vida al Dios vivo.

Para hacer crecer en nosotros una fe madura, bien formada, capaz de producir frutos en los demás, Benedicto XVI ha pensado en el apoyo que implica el Catecismo de la Iglesia Católica, que re- sume y expresa la fe de la Iglesia. En él hallamos la fe que profesamos, celebramos, vivimos y rezamos.

Como María, como los apóstoles, los discípulos y los mártires, hombres y mujeres a lo largo de la historia han dado su vida para acercar a todos a Cristo. ¿También nosotros?

Para reconocer a Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia, hemos de fomentar en nosotros el afán de que la fe sea nuestra "compañera de vida", un compromiso para convertirnos en testigos de Cristo, único Salvador. Y queremos hacerlo juntos, como una gran familia de hombres y mujeres llamados a ser luces en la noche.