sábado, 1 de septiembre de 2012

Oración del entrenador frustrado

Por Antonio Vera

Buenas noches, Señor, aquí un entrenador al borde de la depresión y la dimisión. Tú que todo lo sondeas y lo conoces (Salmo 138), sabes que hemos vuelto a perder. No sé si será por culpa del sistema (ya hemos probado el 1-4-4-2, el 1-5-3-2, el 1-9-1, y últimamente el 1-4-4-4 con el masajista y el tesorero saliendo al campo disimuladamente…); por culpa de los jugadores (es verdad lo que dice la oposición: la mayoría proceden de la natación sincronizada) o porque los árbitros se aburren con nuestro juego y suben a rematar los corners pa’ entretenerse. Lo cierto es que un sábado sí y otro también casi ganamos pero siempre perdemos.

No estoy descontento de mis jugadores. No se cansan nunca de estar empezando siempre. No fallan nunca a los entrenamientos a pesar de todo. Afrontan cada partido como si no tuvieran memoria, como si un pasado de derrota tras derrota no existiese para ellos. Como si cada partido fuera el inicio de una liga, una oportunidad de volver a empezar. No pierden el buen humor ni la esperanza de que, algún día, en las noticias deportivas que se pinchan cada semana en el tablón de anuncios aparezca una victoria merecida.

Llevamos media liga y sólo hemos ganado un partido por incomparecencia del contrario. Los goles en contra son los mismos que la edad del padre prefecto; los puntos que llevamos son el 10 % de los que lleva el primer clasificado; y la media de tiros a portería que hacemos se parece mucho a la natalidad media en España y a los años que se quitan las actrices a partir de los 50. Ya ves, por lo menos nos consolamos buscando relaciones matemáticas en nuestros pobres resultados.

No, no voy a pedirte que ganemos el sábado por intercesión del patrono de los entrenadores (que me pregunto quién podrá ser: quizá S. Martín de Corners o S. Ginés el Mediapunta) porque este mundo tiene problemas más importantes de los que ocuparte y porque supongo que, si el entrenador del otro equipo le pide lo mismo a otro santo, se puede provocar en el Cielo una tensión innecesaria por un triste partido de la última liga infantil del último pueblo perdido en el último país del mundo. Y, además, aunque seas Todopoderoso es difícil que consigas que ganemos los dos (más que nada por imposibilidad metafísica)

Dios responde

Es difícil ser entrenador. Lo mismo que es difícil ser padre, o profesor, o responsable de un grupo de personas. Un equipo no es sólo un bloque humano como una sociedad no es solamente un mosaico de estratos sociales: un equipo es un conjunto de personas. Cada una de ellas es única, irrepetible y libre: así las creé. Cada una tiene una historia detrás, aunque sea de unos pocos años. Cada persona ha vivido, desde que nace, unas experiencias que le van condicionar a la hora de ser confiada o temerosa, cariñosa o borde, amargada o positiva, pacificadora o violenta, entusiasta o depresiva. Desde ahí hay que partir. No se adecuan los jugadores a los sistemas sino al revés: hay que partir de las mujeres y los hombres concretos que tienes delante. Todos los que somos responsables de otros, hasta Yo mismo como Padre de todos, sufrimos de alguna manera una “crisis de realidad”: las personas no son como las soñamos o como creemos que deberían ser, sino como son en realidad. Y así hay que aceptarlas y amarlas. Y no significa que transijamos con el mal que pueda haber el ellas, pero sí que debemos hacer el esfuerzo por entenderlas. Y desde ahí intentar sacar lo mejor que puedas de ellas. Quizá no ganes un solo partido en toda la liga, pero sí que puedes conseguir que cada uno de tus jugadores obtengan victorias personales en un montón de aspectos que les servirán para la vida: perseverancia, capacidad de lucha, buen humor ante las derrotas, fidelidad a los compromisos, deseo de mejorar cada día, compañerismo...

Los de la FTA probablemente no ganarán la liga del hambre, ni erradicarán el sufrimiento, ni golearán a las injusticias, pero no por ello hay que dejar de jugar contra ellos. El partido de cada finde y el entrenarse para jugar contra todos estos rivales ya nos hace mejores. Esa es la principal victoria que hay que buscar.