sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Educar, para qué?

Crónica del XV Foruniver de Verano
Lardero-La Rioja, 20-27 de julio de 2012

Lardero, a un paso de la capital riojana, ha sido de nuevo el escenario del XV Foro Universitario de Verano, FORUNIVER, un ámbito de encuentro y de amistad en el que conviven profesores, alumnos y profesionales de diferentes campos para reflexionar juntos sobre una cuestión esencial. En esta ocasión, sobre uno de los temas centrales del crítico momento que nos toca afrontar: “Educar en un tiempo de crisis. ¿Educar, para qué?”

Tres veces al año y con dos formatos, una en verano, durante una semana, y otras dos de fin de semana en primavera y otoño, se han realizado ya 43 ediciones hasta la fecha. Promovido por el Equipo Pedagógico Ágora, FORUNIVER es una escuela de valores humanos basada en el humanismo cristiano, que se toma la cultura en serio porque intenta sembrar valores de sentido en un mundo de oscuridad intelectual y relativismo. Por ella han ido desfilando en todos estos años los temas más candentes, y se han tratado las más decisivas claves para la formación de un hombre o una mujer que quiera estar a la altura del tiempo presente.

De la mano de magníficos maestros, a través de una profunda y gozosa relación de amistad, y guiados por el deseo de saber, se pretende suscitar el amor a la verdad, al bien y a la belleza.

EDUCAR EN UN TIEMPO DE CRISIS…
Más de cincuenta asistentes de toda España, principalmente de Madrid y Pamplona, aunque no han faltado otros procedentes de diferentes puntos de España, hemos vivido este verano una experiencia privilegiada, reflexionando juntos sobre el horizonte de la educación en estos momentos de crisis.

No se trata sólo de la educación escolar. Hablamos de “toda la educación”, la que se funda en la familia, la que llevan a cabo los medios de difusión, configuradores de las modas y mentalidades, y de los valores y gustos compartidos por las masas; la que se trasluce en el cine, la que ahora nos exigen los responsables y gurús de la economía -esa que tiene que ver, dicen, con el fomento del “emprendimiento” y la empleabilidad-…

Pero también se trata de esa educación del corazón que se forja entre la maraña de solicitaciones que nos bombardean a diario y a través de la convivencia. Son las experiencias vitales de las que sacamos lecciones para nuestra vida. Y por medio de las cuales nos vamos educando nosotros mismos, muchas veces de forma dispersa y a menudo no muy bien estructurada.

Si nos lamentamos de que nuestra época de crisis económica ha estallado, cuando las finanzas y los excesos del consumismo nos han agujereado los bolsillos, es preciso reconocer que antes fuimos educados en la cultura del éxito a ultranza, del pragmatismo del “todo vale para estar a gusto conmigo mismo” y ver satisfechos mis deseos. Esto sólo es el resultado.

MÁS VULNERABLES
Al mismo tiempo nos hemos hecho más frágiles a la hora de encajar y superar las frustraciones que florecen por doquier. Nos hemos hecho hedonistas, idólatras del cuerpo y la salud, individualistas de tomo y lomo. Superficiales, incapaces de asumir compromisos a largo plazo, amigos del enriquecimiento material fácil. Han aparecido nuevos síndromes, como el de Peter Pan -eternos adolescentes incapaces de asumir responsabilidades y madurar-, el vacío existencial, el síndrome del pequeño emperador, -esos hijos que maltratan a sus padres por no haber obedecido nunca y por carecer de límites en su comportamiento. Esclavos del “me gusta/ me apetece/tengo ganas” y del “no me gusta/no me apetece/ no tengo ganas”… Más manipulables por los magos de los estímulos de agrado y desagrado, de los conductores de masas y los demagogos…

Y además, ya no tenemos tiempo. Para lo esencial, para nuestros hijos, para nuestros padres, para contemplar, para pensar, para leer sosegadamente, para hacer balance de nuestra vida…

Tenemos, a pesar incluso de la recesión económica, más medios educativos que nunca. Y el fracaso escolar y educativo, y la insatisfacción, son mayores que en otros momentos. Tenemos más libertad, pero no sabemos muy bien qué hacer con ella. Ya no nos hacemos grandes preguntas. Lo peor de todo es que se trata en el fondo de una crisis de educadores y de verdadera autoridad. Necesitamos auténticos maestros de vida.

Si nos falla la educación, es porque antes nos fallaron los valores de sentido; y si falla la educación acabará fallando todo. Porque el futuro se nubla de desencanto y desesperanza.

Algunos, con Benedicto XVI a la cabeza hablan sin ambages de que vivimos una “emergencia educativa”. Sí. Necesitábamos volver a pensar juntos en la educación y preguntarnos: ¿PARA QUÉ?

UN MAGNÍFICO PLANTEL DE MAESTROS
En los FORUNIVER hablamos directamente de maestros. Maestros en el sentido más profundo de la palabra y de la idea: personas a las que la vida y la experiencia les han otorgado una autoridad moral que otros tomamos como referencia para vivir. Maestros en el saber y maestros de vida. Personas que viven lo que enseñan y que enseñan lo que viven. Y que transmiten luz, energía, pasión por la verdad, la belleza y el bien.

En todos los Encuentros, y también en éste, ha estado presente -¡que gran privilegio!- el genio y la bondad, amable y bienhumorada, de Santiago Arellano. En su trayectoria como educador se dan cita, en una síntesis que impresiona, la literatura, la docencia, la fructífera dedicación a la política educativa, la filosofía, una mirada que es capaz de ver en el arte el espejo de la condición humana, y la capacidad de enseñar a contemplar, a “leer la vida”. Un humanista que halla su luz en la fe. Y el buenísimo humor, la cercanía, el trato generoso y paternal del mentor que da seguridad y suscita en los demás el deseo de aprender y de bendecir la vida.

Santiago está convencido de que el fin de toda educación auténtica es enseñar a amar -para eso hemos venido a este mundo-, sus claves se basan en una luminosa convicción: el ser humano, la persona, es a un tiempo ‘don y tarea’. Somos “alguien”, y estamos aquí para aprender a amar y para llevar a su perfeccionamiento este mundo nuestro. Somos responsables del contenido y de la orientación de nuestra vida, porque la historia humana es una opción de libertad. Y la libertad es la libre y amorosa elección del bien, la mirada esperanzada y creativa basada en que la verdad del hombre y de todas las cosas es que hemos sido creados para el amor. Y esto vale para las acciones ordinarias de la vida cotidiana como para las más arriesgadas y complejas de la vida social y pública.

“La sucesión de movimientos estéticos, cada uno con causas propias que explican su nacimiento, en una perspectiva diacrónica no son saltos cambiantes en el proceso creativo del tiempo, sino un continuo en el que determinados anclajes temáticos nos permiten comprender y relacionar aspectos básicos de lo humano permanente. La cristiandad medieval es un modelo de civilización cuya clave se encuentra en la concepción cristiana del hombre como persona. Ello explica la ciudad medieval, las catedrales, las universidades, las ‘sumas’, los códigos, los cantares de gesta, los poemas de la clerecía, los cantos líricos o las representaciones teatrales.

La literatura y el arte en general moderno y contemporáneo surge para proclamar la autonomía del hombre, su individualismo radical. Si en el principio contemplamos el gozo de la liberación de los lazos que lleva consigo el concepto de persona, trescientos años más tarde, sobre todo en los siglos XIX y XX, escucharemos el horror del hombre desolado, del hombre desorientado y roto.”

Junto a Santiago Arellano, otros grandes protagonistas. Para empezar, Abilio de Gregorio desarrolló las claves de los “grandes paradigmas de la educación”, recalcando que es preciso humanizar la enseñanza, la escuela, la educación familiar. En las últimas décadas se ha mirado en direcciones equivocadas poniéndose en peligro el “principio de humanidad”, y haciendo que la persona se viera difuminada en su dignidad. Contrapuso cuatro grandes paradigmas: los modelos de una educación “instruccional”, “socializadora”, “crítica” y “personalizadora”. Llamó especialmente la atención sobre la actual falta de verdaderos maestros, de personas maduras que ofrecen significados a los alumnos, más allá de la mera transmisión de datos. Los valores surgirán, apuntilló, cuando se haya interiorizado en el hecho educativo el valor de la persona como centro.

Fernando Carbajo, con su personal forma socrática de hacer pensar y de iluminar las grandes cuestiones, propuso una sugerente definición del educador. Educa el que es maestro de la belleza. La belleza está presente en la realidad, es el esplendor mismo de la verdad que atraviesa las cosas y las trasciende. El educador enseña a mirar, muestra el misterio, ese resplandor de lo real que atrae y conmociona. Y añadió Fernando: “Pero sin esperanza no se puede apreciar la belleza. Educar es un servicio, que se realiza a través del ejemplo, del diálogo y del hacer- hacer.”

LA EDUCACIÓN DEL CORAZÓN
Si las mañanas fueron momento para las ponencias de fondo, las tardes, a través de talleres que buscaban el enganche con lo concreto, lo emocional y lo práctico, fueron tiempo de educar especialmente el corazón. Un taller de música -“¡Siyahambaaaa…!”- convirtió a la concurrencia en un inesperado y magnífico coro de góspel, de la mano del profesor Javier Ibarz. José Alfredo Elía introdujo a los presentes en la entraña y elocuencia del cine. Y el psicólogo del ‘Teléfono de la Esperanza’ Alfonso Echávarri puso el dedo directamente en el corazón en el taller sobre educación emocional. Inolvidables apuntes que hicieron del saber una experiencia tangible.

En esa dirección estuvieron planteadas las sesiones de cineforum de la tarde-noche. Películas que dieron pie a la reflexión compartida, a la mirada compartida, a la expresión y expansión de sentimientos, anhelos y experiencias personales.

¿Y LA POLÍTICA…?
Una sustanciosa mesa redonda acerca de ‘Educación y política’ tuvo lugar en la tarde del jueves 26. Presentados por Miguel Ángel Echávarri, joven periodista en ciernes, aportaron sus reflexiones tres personas que se han dedicado y se dedican a servir a la educación y al bien común desde una actividad hoy tan denostada -pero tan esencial- como es la política. José Iribas, Consejero de Educación del Gobierno de Navarra, Juan Antonio Gómez Trinidad, catedrático, exdirector general de Educación del Gobierno de la Rioja y exdiputado, actualmente alto inspector de educación en la Rioja, y el propio Santiago Arellano, exdirector general de educación del Gobierno de Navarra, ofrecieron una visión realista de las implicaciones visibles y menos visibles entre política y educación, y su mirada -nada complaciente pero siempre positiva- acerca del panorama actual y de la necesidad de proyectos educativos de envergadura, que estén por encima de las turbulencias políticas, económicas y sociales del momento.

LA COMPLEJA Y LUMINOSA MIRADA DEL ARTE
Especialmente elocuente fue el día de convivencia, dedicado a visitar el museo de arte contemporáneo que las empresas Würth tienen abierto en La Rioja. El arte contemporáneo ofrece una mirada fiel del desesperanzado horizonte vital del hombre moderno, como un ser sombríamente “arrojado a la existencia”; muestra la desaparición de la dignidad en el rostro de la persona, la desfiguración -en más de un sentido- que delata la verdadera crisis de fondo, que es una crisis de sentido.

Para elevar los ánimos - pues más allá de la asombrosa pirotecnia formal del arte, el sentimiento de angustia era difícil de evitar- el contrapunto fue la visita al prodigioso pórtico gótico de la Iglesia de Santa María en Laguardia (Álava). Otra visión de la vida y de su sentido. Un contraste que se hace lección incuestionable y concluyente.

Una elocuente prueba de cuál es el drama del humanismo ateo, puede también advertirse en el poema “Altazor” (imagen del ser humano), de Vicente Huidobro:

“Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad? / ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa / Con la espada en la mano? / ¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios? / ¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser? / Y esa voz que te gritó ‘vives’ y no te ves vivir / ¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor? / Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor / Estás perdido Altazor / Solo en medio del universo / Solo como una nota que florece en las alturas del vacío / No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza. / ¿En dónde estás Altazor?...”
 
El día dedicado especialmente a la convivencia terminó en una bodega familiar, donde las viandas de la tierra, el humor y el buen ambiente ofrecieron también un contrapunto cordial y necesario, que todos disfrutamos y agradecimos: “Dios, que en su infinita bondad aquí reunidos nos tiene: -Será por que nos conviene…, -Pues hágase su voluntad” (¡gracias, José Eduardo, “oh capellán, nuestro capellán”! y amigo entrañable).

GAUDEAMUS
El himno universitario –Gaudeamus igitur- inspira el sentir general con el que todos los asistentes regresábamos a casa -“a casa, siempre a casa”, como gustaba decir Hölderlin-, deseosos de llevar a la vida diaria los lentes de una nueva mirada con la que contemplar el mundo y a las personas. Con la mochila del corazón llena de nombres y de rostros irrepetibles y queridos.

Transformados por esta experiencia profunda de reflexión y de amistad, alternando el tiempo del trabajo y del descanso, la convivencia y la reflexión compartida, escuchando a los maestros…, tocados una vez más en lo profundo del corazón, somos conscientes de que el FORUNIVER empieza precisamente ahora, cuando la luz recibida empieza a hacerse tarea: en las aulas y en el trabajo, en la familia y en el ocio, en la presencia cívica y en el consejo al amigo. En la vida.

En un tiempo de crisis, llevamos esperanza para humanizar nuestros ambientes, aspirando a ser maestros de vida. Es nuestra forma de ofrecer, hoy, a la educación un para qué.

Andrés Jiménez