domingo, 1 de julio de 2012

"El amor es la única fuerza que puede transformar el mundo"

Portada Estar 270 julio agosto 2012
No nos cansaremos nunca, desde las páginas de Estar, de recordar y mostrar a todos que la familia es el punto de apoyo con el que Dios cuenta para mover este mundo hacia Él.

Hace sólo unas semanas tuvo lugar en Milán el VII Encuentro Mundial de las Familias. Un regalo inmenso de la Iglesia para el mundo, con un protagonista: Un papa sabio, entregado a Dios y al servicio de la Iglesia y del ser humano, hablando a todos en el nombre de Cristo.

Milán se convirtió en “una ciudad de las familias”; padres, hijos, abuelos… provenientes de todo el mundo, unidos por la alegría de creer en Jesucristo. Una multitud de familias en fiesta participaron profundamente y con gran entusiasmo, unidas especialmente a las familias más afectadas por la crisis económica y –en ese momento de manera muy concreta- a las personas golpeadas por el terremoto que acababa de asolar la región de Emilia Romagna, no lejos de Milán.

Benedicto XVI proclamó con singular atractivo y pasión el «Evangelio de la familia», y recordó a todos que “no hay futuro para la humanidad sin la familia”. Fue muy sensible a la presencia de miles de jóvenes, y les mostró su corazón de padre abierto para hablarles de los valores que dan sentido a la existencia, y de que esos valores sólo se harán realidad vivida si nacen y crecen en la familia verdadera, en esa comunidad de vida y de amor que Dios mismo quiso para el hombre y para la mujer.

El Papa señaló que es preciso vivir la fe en la experiencia personal y comunitaria, privada y pública, para que se produzca un auténtico «bien estar», y esto, insistió, sólo será posible a partir de la familia, que se ha de redescubrir como “patrimonio principal de la humanidad”. Porque “es en la familia donde se experimenta por primera vez que la persona humana no ha sido creada para vivir cerrada en sí misma, sino en relación con los demás; y es en la familia donde se comienza a encender en el corazón la luz de la paz para que ilumine nuestro mundo.”

Recordando aquellos días, confesaba más tarde Benedicto XVI: “Desde lo alto de la catedral, la estatua de la Virgen con los brazos abiertos de par en par parecía acoger con ternura maternal a todas las familias de Milán y del mundo entero.”

Fue especialmente emotiva la “Fiesta de los testimonios”, el sábado, ante un arco iris de familias italianas y de todo el mundo. Respondiendo sin guión elaborado de antemano a las preguntas de algunas familias, que brotaban de su vida y de sus experiencias en algunos casos muy dolorosas, el Santo Padre ofreció un signo del diálogo abierto que existe entre las familias, el mundo y la Iglesia.

Confesaba a este propósito unos días después: “Me impresionó mucho el testimonio conmovedor de esposos e hijos de diversos continentes, sobre temas candentes de nuestro tiempo: la crisis económica, la dificultad de conciliar los tiempos de trabajo con los de la familia, el aumento de separaciones y divorcios, así como interrogantes existenciales que atañen a adultos, jóvenes y niños.”

Traemos a estas páginas algo de lo vivido en el Encuentro, haciéndonos eco así del llamamiento de Benedicto XVI a “edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más una familia, capaces de reflejar la belleza de la Santísima Trinidad y de evangelizar no sólo con la palabra, sino también por irradiación, con la fuerza del amor vivido, porque el amor es la única fuerza que puede transformar el mundo.”