martes, 1 de mayo de 2012

Se hizo todo a todos para ganarlos para Dios

Era un día de 1843: don Bosco había entrado en una barbería. Se acercó el pequeño aprendiz para enjabonarlo.

-¿Cómo te llamas y cuántos años tienes?

-Carletto, y tengo 11 años.

-Estupendo, a ver si me enjabonas bien. ¿Cómo está tu padre?

-Murió. Sólo tengo a mi madre.

-Lo siento mucho… Y ahora, ánimo, como un valiente, toma la navaja y a afeitarme.

-No, reverendo. -Apremió el barbero– El chiquillo aún no sabe. Sólo enjabona.

-Pero algún día tiene que empezar, ¿no? Que empiece conmigo. ¡Ánimo, Carletto!

El niño, temblando como una hoja, afeitó aquella barba… Alguna rascadura, algún corte, pero llegó hasta el fin.

-¡Bravo, Carletto!, sonrió don Bosco. Y ahora que somos amigos, quiero que vengas a verme alguna vez.

El niño empezó a frecuentar el oratorio festivo y se hizo amiguísimo de don Bosco.

Pero un día el sacerdote se lo encontró llorando sin consuelo.

-Ha muerto mi madre, y el barbero me ha despedido. No sé a donde ir.

-Ven conmigo. Ya ves que no soy más que un pobre sacerdote. Pero cuando no tenga nada más que un pedazo de pan, lo partiré a medias contigo.

Carletto estuvo más de cinco años en el oratorio. Era muy alegre y muy vivaz, llegó a ser el presentador obligado de todas las fiestas. Sus ocurrencias causaban risa a todos. Pero cuando hablaba de don Bosco, ya adulto, lloraba diciendo: “-¡Me quería tanto!”.

Cantaba siempre un estribillo que decía: “A los 70 de vida he de llegar, / me lo tiene dicho mi papá Juan”.

Era una de tantas “profecías” que, medio en broma, medio en serio, hacía don Bosco a sus muchachos.

Carlo Gastini murió el 28 de enero de 1902. Tenía 70 años y 1 día.

Adaptado de TERESIO BOSCO:
Don Bosco, una biografía nueva. CCS