domingo, 1 de abril de 2012

El diálogo ciencia y fe, tarea de los laicos

Fernando Martín Herráez

El pasado mes de octubre se publicaba la Carta Apostólica en forma de Motu proprio Porta Fidei, con la que Benedicto XVI instituye el “Año de la Fe”.

Lo presenta con una motivación que nos debería hacer reflexionar:

“Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud ». Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas”. (nº 2).
Me gustaría subrayar lo que dice el Papa al final de la cita: Ya no existe un tejido cultural unitario. No existe un contexto de fe compartido, ni tampoco podemos dar por supuesto que compartimos unos valores y unos conceptos que tienen una base cristiana. Estamos en un mundo que de nuevo tiene que ser evangelizado.

El documento subraya este cambio, del cual nos cuesta ser conscientes, quizás por eso la insistencia del Papa. Y toca un punto que es uno de los campos que corresponde especialmente al trabajo de los laicos cristianos en el mundo: el de las relaciones entre ciencia y fe.

“En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad”. (nº 12)
Esta tarea de mostrar la complementariedad entre ciencia y fe debemos hacerla propia como laicos cristianos. No podemos pensar que tiene que ser la Iglesia en general o sus pastores los que tienen que iluminar este tema u otros parecidos. La tarea evangelizadora en este campo nos corresponde especialmente a los laicos. No podemos eludir determinadas zonas de este mundo que resultan más extrañas a la fe y a la vida cristiana: la economía, el trabajo, la política, la cultura, la ciencia, entre otras.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren unas cuantas cosas como sugerencias. Promover el diálogo ciencia-fe por medio de congresos, encuentros, publicaciones. Como científicos y profesionales no cansarnos de testimoniar con sencillez nuestra fe, para mostrar que es posible esa conciliación. Y dedicar tiempo a leer y formarnos en estos aspectos, para poder dar siempre razón de nuestra fe.