viernes, 2 de marzo de 2012

El lenguaje de la vida

Portada Estar 266
Nuestra portada reproduce el monumento al niño no nacido, del joven escultor eslovaco Martin Hudáčeka, inaugurado el 28 de octubre pasado en su país, y que sorprende por su realismo y poética expresividad. El monumento expresa el pesar y arrepentimiento de las madres que han abortado, y también el perdón y el amor del niño por nacer hacia la madre, cuya cabeza acaricia dulcemente. Éste ha sido esculpido en cristal, mientras se arrodilla a su lado la mujer, que se representa en piedra. Es una honda metáfora.

Si un lenguaje, se dice, es un conjunto de signos dotado de sentido a través del cual se expresa algo, el lenguaje plástico de esta escultura es elocuente, y se muestra en sintonía con el “lenguaje propio de la vida humana” –nos referimos aquí no tanto a la vida biológica como a la vida biográfica-, en el que con dramatismo se refleja lo mejor y lo peor del corazón humano.

El lenguaje humano es vehículo del espíritu: del pensamiento, de la voluntad y del corazón; reclama y es portador de un significado. Como la vida humana misma que en él se evidencia. A veces nuestra vida es dura, pero si es vida, es afirmación y crecimiento. Muy distinto es el lenguaje de la muerte, que es de negación, desolación, esterilidad y destrucción.

El lenguaje de la vida es, decimos, afirmación; y también comunicación, gozo, impulso, fecundidad, autodonación, unidad, energía, vigor, esperanza… Es por ello mismo, también, capacidad de perdón y de acogida. En la escultura de Martin Hudáčeka, la mujer que ha dado muerte a su hijo aparece tallada en piedra y postrada: padece una muerte interior, de dolor, de culpa tal vez. Su hijo, en generoso y erguido gesto plasmado a través de la transparencia del cristal, sugiere el potencial sobreabundante del espíritu, que afirma, bendice y es capaz de perdonar a pesar de todo. Él, que había muerto, es sin embargo el que devuelve a la vida.

Nuestro tema de portada se centra en la cultura de la vida porque en este mes se celebra la Jornada a favor de la vida, en torno a la festividad de la Encarnación, el día 25. Lo que está en juego es de la mayor trascendencia y gravedad. Invitamos a todos a celebrar la vida de forma visible, gozosa, valiente y firme. La cultura de la muerte sigue avanzando. No nos crucemos de brazos. Trabajemos día a día por hacer de esta vida un camino hacia Dios. Contagiemos amor a la vida a nuestro alrededor. Apoyemos a quienes la defienden –también en los Parlamentos…-, ayudemos a las madres.

De modo especial, nuestro artículo de portada se centra en la hoy tan extendida manipulación del lenguaje, que inocula muerte en la vida. Parémonos a pensar, juzguemos la importancia del momento que vivimos, y actuemos. Somos embajadores del Dios de la vida, y la vida es -decíamos- “afirmación, comunicación, gozo, impulso, fecundidad, autodonación, unidad, vigor, esperanza… Es por ello mismo, también, capacidad de perdón y de acogida”. Dejemos hablar a la vida.